sábado, 23 de diciembre de 2017

Tiempo de (re) humanizarnos.



Hoy hace tres días que se terminó el largo, tedioso y doloroso viaje a la semilla que emprendió durante este año 2017 mi padre. Fue un año de tiempos apesadumbrados y de afectos sinceros que permitieron sobrellevar  las etapas más duras de este recorrido final pero también fue un año de toma de conciencia del fuerte canibalismo que se ha desencadenado entre todos nosotros, -los mentados humanos-, de un modo tremendamente natural, tan natural que casi nadie registra los hechos dolorosos que le suceden a otros y no omite la exigencia, el comentario mordaz ni disminuye las pretensiones caprichosas aunque el otro esté en estado de congoja constante.

Yo creo que hay dos momentos en la vida a los que uno no puede faltar ni permitir que nadie del entorno falte. Cuando nace un nuevo integrante, cuando la vida inicia y el milagro se expresa en esos gramos de carne alentado por el alma nueva que es como dice Hannah Arendt, portadora de la radical novedad, y cuando un integrante está por abandonar la manada. En este último caso y cuando el que se va es el que vino ejerciendo la jefatura del equipo, es justo, necesario, imprescindible, estar. No solo para asistirlo y favorecer los últimos instantes en este mundo, con dignidad, en el mayor bienestar que se pueda ofrecer de acuerdo a las circunstancias, es porque cuando esto ocurre, hay una inevitable instancia de encuentro con el sentido de la vida, de esa vida, con sus enseñanzas, con el cruce de su historia con la nuestra y que cobra una inusitada fuerza en esos momentos del trayecto vital, en ese regreso a la semilla, que es un viaje personal pero que no deja de lado el camino colectivo que emprende la familia y que llevan con nosotros, los amigos. Así es que se amontonan recuerdos, sueños cumplidos y de los otros, verdades atesoradas a fuerza de palabras compartidas, alegrías y tristezas, reedición de pérdidas anteriores, proyección de historias familiares porvenir.

Con mucho dolor he comprobado que hay quienes se dicen humanos y se empecinan en sacarnos de ese recorrido en que como acompañantes vamos con nuestros afectos aceptando que en tiempos venideros, ese ser que amamos ya no estará. Y ya sé que hay otras formas de la presencia y que la física es solo una manifestación pero somos animales de vínculo y el abrazo, el cuerpo que se besa, el corazón que late, se hace necesario. Mi compañera Gabriela Garibaldi, el día de la despedida final me regaló una imagen ineludiblemente veraz: la vida es como un lápiz, -me dijo- uno escribe, escribe, dibuja, hace trazos y con ellos deja trazas, pero debe ir sacando punta. La punta se gasta y para seguir dibujando, es necesario fortalecer ese extremo agudo que permitirá seguir escribiendo y delineando. Pero claro, hay un punto en que el lápiz se gasta definitivamente  y la punta final no tiene reposición. Sin embargo, a pesar de quedarnos sin el lápiz, nos queda lo escrito, lo anotado, lo dibujado, lo delineado como muestra pura de cómo lo hemos usado… El instante final siempre tiene ese tono de cierre, ya no habrá más escrituras ni imágenes delineadas, el instante final en que la punta del lápiz se acaba siempre tiene la solemnidad gave del fin, la fuerza del pasado que anuncia que ya no habrá futuro  ¿Por qué hay entonces OTROS que se empecinan en robarnos esos instantes finales, exigiéndonos que abandonemos esos momentos para responder a cuestiones banales de este mundo, a situaciones laborales, a reyertas provocadas por el poder, el orgullo o el simple lucimiento personal?

Me abruma constatar que estemos perdiendo los rasgos más humanos que supimos cosechar como especie. Me abruma y entristece el canibalismo que está supliendo al amor. 

Aún así, sigo creyendo que es posible vivir de otra manera y quizás el modo es haciendo el sincero esfuerzo de dejar surgir el amor entrañable a los miembros de la especie y combatir de forma explícita cuando los caníbales emergen, se expresan y desean cumplir su cometido: solo quieren comernos el corazón pero no los dejaremos.
En estos últimos días he pensado que quizás la fecha conspira para acrecentar el dolor. Diciembre es un mes de alegría obligatoria y uno va desentonando con esta pena que está impresa en el alma y se expresa en el gesto indisimulable. Sin embargo, en las últimas horas me he dado cuenta que es una buena fecha. Si, porque más allá de las creencias religiosas, en general todos nos reunimos al menos una vez, con nuestras familias y afectos cercanos en la nochebuena, en la Navidad  y en el fin de año. Quizás es tiempo este para rehumanizarnos, para reencontrarnos con lo que llevamos de humanos en nuestro ser y amerita ser revalorizado, con el abrazo que busca la sintonía de los latidos cardíacos, con la canción que puede ser cantada colectivamente y las risas que deben quedar desprendidas de las banalidades materiales del mundo, de las vanidades y las luchas, de las afinidades o discordias.


A todos, una buena Navidad y un mejor inicio de año. Más humanos, más conectados con los otros, más dignos. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Las Giocondas.



Si eres una mujer fuerte (…)
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuídate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

Gioconda Belli


Es día de entrevistas previas a la realización del Consejo de Ministros en Pirarajá.

La tarde parecía no guardar ninguna posibilidad de aventuras. Un domingo más de entrevistas con la gente, donde se amontonan desordenadamente como hojas transportadas por el viento, preocupaciones, deseos, ideas, quejas y esperanzas. Todos llegan con sus propuestas tan atendibles como habituales. Los uruguayos hemos desarrollado una suerte de “quejismo” como expresión de la invalidada vocación de ser transformadores y protagonistas de nuestra historia. Ahora queremos que todo lo hagan los otros, así que venimos renunciando hace tiempo a nuestra capacidad de acción y hemos tomado el lugar de reclamantes permanentes.

Todo parecía idéntico a tantas otras veces. Pero inesperadamente llegaron ellas. Llegaron las tres con su andar seguro y sus cabelleras largas y sueltas a quebrar la monotonía de la tarde.

Llegaron y parecía que de sus hebras del pelo les brotaban los versos de Giocanda Belli, inmensamente femeninas, absolutamente decididas, pacíficamente enamoradas de su condición de mujeres y de su posibilidad de ser. Y así, con esa sencillez tan resuelta, nos contagiaron a todos.

Carla es la gestora de cultura científica de Lavalleja. Me conmovió desde el día que la conocí por la increíble convicción que porta: sabe que puede mover el mundo, generar antidestinos y procurar encuentros con oportunidades sobre todo para algunos jóvenes que de otro modo no las tendrían. Lo sabe y lo actúa. Lo sabe y lo hace. Lo sabe y lo logra. Horada el muro de lo que aparenta inamovible con su palabra segura y certera, haciendo a los estudiantes descubrir lo que puede ser transformado.

Así llegó con estas dos adolescentes a nuestro encuentro. Apenas usó la palabra al comienzo, porque ella sabe que la palabra valiosa no es la de ella sino la de ellas. Y todo se colmó de un encantador hechizo intercalado por algunos mechones de cabello azul verdoso como muestra de rebeldía juvenil y de deseo de penetrar el mundo, interpelándolo.

Y así surgió…Que el feminismo no es igual que el machismo porque las feministas no queremos hacerle a los hombres lo que ellos nos hicieron a lo largo de toda la historia de la humanidad. Que la ciencia no es cosa de hombres, sino de humanos y que hubo mujeres maravillosas, importantes científicas que no pudieron ser reconocidas por su condición de mujeres. Que la historia permite sospechar con razonable posibilidad real que muchos hombres se aprovecharon de hallazgos que habían hecho sus asistentes o sus esposas, mujeres a las que la sociedad casi había prohibido aparecer como generadoras de conocimiento. Que investigar, aprender, cuestionar, interrogar y encontrar respuestas es un derecho y un deber que tenemos por el mero de hecho de estar en este mundo. Que ser científico no supone estar entre cuatro paredes.

Sus voces suaves de adolescencia recién estrenada van reinando en el ambiente y nosotros, los veteranos de siempre, solo sabemos callar para escucharlas. Algunos regocijados con esta nueva generación de mujeres lideradas por otras, como Carla que van marcando con fuerza la historia del mundo. Otros, seguramente anonadados por el temor certero de confirmar lo que ya comenzó y no caducará.








sábado, 4 de noviembre de 2017

Mojón inmaterial de Memoria.


Hace casi cuatro años que dirijo y presido el Consejo de Educación Secundaria con  todo lo que esto significa en relación al desempeño y organización de los trescientos dos liceos que existen a la fecha  y de todos los otros dispositivos educativos que funcionan en espacios adicionales a los liceos. Así que me creerán si les digo que es bastante frecuente asistir a ceremonias de nominación de los centros educativos. En Uruguay, cada vez que se abre un liceo, -y últimamente esto es muy frecuente, desde 2005 a la fecha ya inauguramos 37 liceos nuevos-  se le adjudica el número correlativo dentro del departamento[i], lo que no impide que además de su número, actualmente la propia comunidad educativa discuta y  proponga un nombre para la institución.  Es que un nombre es  un vocablo para dar identidad,  para una comunidad educativa significa quizás un modo de expresar cómo quieren ser,  qué creencias y valores  reconocen como esenciales, a quién quieren homenajear porque sienten que los representa.
El pasado primero de noviembre asistimos al acto de nominación del liceo 26 de Montevideo, pero lo interesante es que no fue un acto más. En primer lugar, porque no es un liceo nuevo, muy por el contrario, fue fundado en el año 1972, en el marco de un instante histórico por demás fuerte para todos los uruguayos. Tampoco es que no tuviera nombre, lo tenía y acorde con el momento histórico de su fundación. En parte por esto digo que esa celebración que vivimos el primero de noviembre no fue un sencillo y habitual acto de nominación, sino un sentido y esperado acto de Memoria, tampoco fue un acto circunscripto a la comunidad educativa del liceo 26, sino a todos los uruguayos.

Esa comunidad educativa, naturalmente, siempre se sintió representada por el poeta obrero, el hilvanador de palabras profundas y sencillas, el distraído pero intensamente comprometido Líber Falco. Por eso, desde hacía décadas el cambio de nombre del liceo se vivió como un clamor de lucha, como la expresión ferviente de la resistencia, como el modo de dar a conocer el deseo de que  el mundo pudiera pasar a tener otra organización, democrática y justa, un mundo a ser recorrido  a la manera del “atajo en el cielo” del que nos hablara el poeta, donde “todos iremos del brazo”, construyendo, creando, soñando juntos. La lucha supuso el riesgo, el dolor, las pérdidas y la desesperanza en muchos momentos. Sin embargo, la lucha acumulada,- nunca abandonada-, siempre redoblada por las diversas generaciones de estudiantes, docentes y vecinos, al final dio sus frutos, y allí estuvimos todos para confirmar el anhelado cambio, para colocar en el lugar donde antes estuvo el retrato del representante de los dictadores, una placa conmemorativa de ese día singular,  que fue descubierta por el grupo de jóvenes que hacía treinta años había tenido el valor de  bajar la foto del dictador e instalar en su lugar la del poeta, aunque eso les terminara costando a muchos la pérdida de la calidad de estudiantes.

Quizás en tan largo trayecto, haya habido muchos incrédulos o desesperanzados que  pensaron que este día nunca iba a llegar, sin embargo, allí estuvimos, restaurando los sueños, reencontrando el camino, reafirmando la lucha y cerciorándonos hoy más que nunca de la validez genuina de las palabras del poeta:

La vida es como un trompo, compañeros.
La vida gira como todo gira, 
y tiene colores como los del cielo.

A la comunidad educativa del liceo No 26 , Líber Falco , ¡Salud! 
Rara vez comprendemos que los acontecimientos que vivimos en la vida cotidiana son instancias que pasarán a ser historia. La mayoría de las veces son sucesos que ocurren como encuadre político, social y cultural de nuestra vida personal. A veces, son momentos que nos involucran como protagonistas. El primero de noviembre tuve la suerte de vivir con lucidez un hecho de este tipo, del que tengo plena conciencia de su valor histórico, mojón inmaterial de memoria, señal esperanzadora de que luchar vale la pena. 





[i] Demarcación territorial administrativa. Similar a provincia.

viernes, 25 de agosto de 2017

Elección de horas. Los clásicos se juegan en el estadio.



Comencé a ejercer la docencia en  los últimos años de la dictadura. Aún  puedo sentir en la piel y en el alma la sensación de que la vida cotidiana estaba atravesada por el autoritarismo y el miedo. La asignación de horas docentes se realizaba en forma central, arbitraria, definida por algunos poderosos a los que no les importaba si teníamos que atravesar la ciudad entera para llegar al liceo y si el horario era adecuado o no a nuestras necesidades. Tampoco importaba si uno era titulado o no lo era, porque los privilegios se distribuían caprichosamente en función de otros criterios que ni vale la pena recordar.  Nada se elegía en la vida, a duras penas se mantenía la vida…

El regreso de la ansiada  democracia nos abrió un nuevo horizonte: al menos podríamos elegir nuestras horas, aunque en dudosa condición de transparencia,  al menos elegíamos lo que aparecía en un pizarrón con contenidos sometidos a lo que la autoridad deseaba ofrecer y a la capacidad de la funcionaria ocasional que se equivocaba o acertaba a escribir allí lo que iba quedando disponible para ser elegido. La segunda condición era la rapidez. Había que decidir en minutos escasos, escasísimos,  lo que iba a determinar la vida laboral del año que se avecinaba, con las consiguientes consecuencias en la organización familiar y naturalmente determinantes de los ingresos que se iban a percibir, que por cierto, en aquellos tiempos eran vergonzosamente magros. Igual había siempre muy poquitas horas. Las horas aparecían o desaparecían y los motivos de esto nunca eran claros.

A veces es bueno y necesario hacer estos ejercicios de reactualizar el pasado en un país donde –ya lo he dicho muchas veces- parece que estuviéramos vacíos de memoria.

Con el fortalecimiento de la democracia en el Uruguay, hemos profundizado en derechos. Cuando les contamos a los jóvenes las historias que supimos protagonizar, les cuesta creer que sean ciertas. Sin embargo, con el cambio de los tiempos, también ha calado hondo el individualismo y los procesos colectivos se han visto deteriorados. Es un análisis hecho a la ligera, pero es necesario tomar conciencia de que los espacios de participación que no habitamos, que las voces que no volvemos disponibles por comodidad o desinterés o vaya a saber por qué otros motivos, son ocupadas por algunos que tienen otros intereses y que muchas veces cristalizan procesos  deteniéndolos sin que haya razones justificadas.  Sin embargo, no creo que esto deba hacernos desistir de la decisión de gestionar convocando a que todos logren expresarse. Convencida de que los cambios verdaderos no se decretan sino que salen de una voluntad colectiva, es necesario solicitar la salida del inmovilismo y el derribamiento de los deseos  de algunos para que se expongan  los deseos de todos.


Los sueños nunca realizados.-

Año a año, la elección de horas es una instancia de preocupación para los docentes. Se diluye a medida que uno va envejeciendo porque cuanto más “arriba” uno está ubicado en el escalafón, más probabilidades de elegir el liceo deseado, el turno, los cursos. Es paradójico y tiene un ribete casi cómico porque a medida que envejecemos, -única razón aún por la que subimos en el escalafón los profesores efectivos- el acto de elección de horas es un acto de inmenso valor social, un momento en el año en el que nos encontramos con los de nuestra generación, nos abrazamos, comentamos viajes, situaciones familiares y posibles tiempos de jubileo próximos a llegar. De paso, nos quejamos.

Pero no es así cuando uno está en los grados más bajos, es decir, en los primeros años del ejercicio de la carrera y sobre todo, cuando la asignatura que se dicta es de las denominadas “deficitarias”, aquellas disciplinas en las que hay muchos docentes para el total de horas. Supe vivir año a año el sobresalto y la inseguridad de no saber dónde trabajaría el año próximo, ni cuántas horas de clase lograría tener y por lo tanto la incertidumbre de la vida misma, de los ingresos que tendría, de los horarios en los que debería desempeñarme. La incidencia que esto tiene en la vida familiar es inmensa, sobre todo cuando uno tiene hijos pequeños y debe organizar horarios para estar presente a ciertas horas del día. En muchos años, recuerdo la preocupación reinando durante todo el verano a causa de  elecciones de horas tardías y las consiguientes angustias llevadas a grado superlativo. El sueño de la duración de la elección de horas por más de un año era recurrente y la fuerza con la que ese deseo estaba instalado era directamente proporcional a la falta de diálogo e interés por el tema que las autoridades de ese tiempo tenían. Es paradójico y amerita un análisis bien interesante  que algunos personajes de ese tiempo, aún permanecen en la palestra pública y son actualmente adalides defensores de lo que NO hicieron en su tiempo, de lo que NO concedieron e incluso de lo que ni siquiera escucharon al menos para abrir una posibilidad de diálogo. Soñar con la elección de horas por más de un año, era aspirar a  un futuro estable, con la capacidad de organizar nuestras vidas familiares, nuestras posibilidades de seguir formándonos, nuestros ratos de ocio, la construcción del equilibrio de la vida cotidiana.

Pensando desde las instituciones.-

Durante algo más de trece años de mi vida, fui Directora de un liceo de Ciclo Básico. Fue un cargo estable porque accedí a él por concurso, por lo que la efectividad obtenida a través de ese mecanismo me permitió permanecer todo el tiempo deseado. Vivía sin embargo, cada año, la incertidumbre de no saber con quién contaría dentro del plantel docente para el año siguiente. Cada verano se sucedían los abrazos de bienvenida renovada y las angustias por las pérdidas de compañeros que se veían obligados a tomar sus horas en otros centros. Era necesario también el esfuerzo de recibir con la suficiente disponibilidad a los nuevos para darles la oportunidad de mostrar sus virtudes sin que cargaran con el peso de haber “corrido” a alguno de los que hubiéramos deseado retener. Debo confesar también que a veces nos invadía la preocupación de la llegada de algún profe de los que sabemos que no hubiéramos deseado conservar, ya sea por su falta de integración a la propuesta institucional, su carácter o sus múltiples inasistencias, entre otras razones. Aun así, con toda la carga de buenos profes y no tan buenos, yo hubiera deseado como directora,   en ese tiempo,  contar con un plantel estable por unos años. Si bien es cierto que el núcleo principal de docentes efectivos se mantenía, había cierto porcentaje de rotación que hacía que cada año tuviéramos que dedicar el tiempo inicial a compartir con los colegas nuevos el rumbo del proyecto institucional, narrar actividades realizadas y tratar de seducir a los recién llegados para que entendieran nuestros objetivos, se plegaran a la propuesta institucional y pudieran aportar el enriquecimiento de la misma.

Para un equipo directivo siempre es bueno contar con un plantel estable. Uno va conociendo las fortalezas naturales de cada uno de los docentes, va generando expectativas con respecto a las potencialidades de cada integrante y a las posibles conformaciones de equipos de trabajo, va descubriendo qué es lo que les puede delegar y también va conociendo las debilidades y armando  estrategias de formación y abordaje para que los aspectos que necesitan ser superados, se atiendan en contextos de formación individual y colectiva. Tengo la convicción de que uno aprende con los años a aceptar a los colegas como son y a ayudarlos a formarse a evolucionar y a aportar a la convivencia  que se genera en el intercambio con los otros: con los jóvenes y los adultos de la institución. Por lo tanto, con el equipo confirmado por dos o tres años, con sus figuras fuertes y con las que no lo son tanto, es mucho más probable establecer una buena planificación para conseguir las metas educativas nacionales y los rumbos educativos particulares que cada liceo desea darle a su propuesta.


Hablando de educación media.

La educación media es el tramo educativo que más atención requiere en los diversos países de todo el mundo. Coincide con el advenimiento de la adolescencia, una etapa que ya sabemos que es difícil en la historia de las personas, clave en la construcción de la subjetividad pero que es particularmente compleja, lo fue siempre y lo es especialmente  en el mundo de hoy, de jóvenes atravesados por estímulos audiovisuales, de adultos escasamente presentes en sus vidas y de instituciones educativas que no han cambiado por siglos. El sistema educativo de media tiene muchos desafíos por delante en todo el mundo. En el caso concreto de Uruguay tiene que redefinir y reconstruir el modelo del liceo para que sea realmente un escenario de desarrollo de los estudiantes, debe ser un espacio hospitalario, de exploración de posibilidades, de trabajo con otros, de aprendizaje de ciudadanía, de circulación de saberes para interrogar el mundo y para lograr transformarlo a partir de esa interrogación. No puede ser un espacio de trámite por el que forzosamente hay que pasar porque muchos de los jóvenes hacen lo que ya han demostrado que la propia fuerza de la juventud y el instinto de vida los llevan a hacer: se van.

La formación y estabilidad del colectivo docente, la ruptura con las rutinas, la disponibilidad a la innovación a la hora de pensar en la propuesta didáctica, la libertad en el uso de los tiempos y los espacios institucionales, la exploración a partir de temas de interés o problemas del contexto, el trabajo en duplas y tríos docentes, la posibilidad del acompañamiento de los estudiantes a su ritmo, la oferta cultural del centro  y el espacio liceal como un espacio hospitalario en el que el joven es bienvenido son a mi juicio algunas claves fundamentales. La lista podría continuar y da cuenta del trabajo inaugurado aunque se encuentre en diversos niveles de desarrollo según el centro educativo del que hablemos pero lo cierto es que encierra algo mucho más importante a ser cambiado que cada uno de los aspectos  enunciados: el necesario cambio en relación a una cultura y una concepción de la educación media. El problema es tan complejo que es incluso difícil de poner en palabras, por lo que lo que quiero señalar con mayor fuerza es que una única acción por necesaria que parezca y por bien implementada que se tenga no será la solución definitiva. Acá no hay fórmulas mágicas, ni pócimas milagrosas. La posibilidad de que los docentes permanezcan por más de un año con sus horas asignadas a un centro educativo es para nosotros una medida beneficiosa por los motivos ya expresados pero NO es la solución a la compleja situación de la educación media de este país. Y esto lo aclaro para erradicar simplismos que algunos oportunistas están expresando en el ámbito público.  

El clásico de todos los años.

Cuando me convocaron en enero del año 2014 a dirigir el Consejo de Educación Secundaria, todo el procedimiento de elección de horas era un gran caos casi inexplicable. Con el tiempo hemos generado un proceso limpio, transparente, a tiempo y muy participativo para erradicar las desconfianzas que todos tenemos y que arrancan de algunas décadas atrás en que algunas ventajas exclusivas solo para cierto sector estaban a la orden del día. Es destacable haber comenzado con los cursos con una cobertura casi completa de las horas de clase en todo el país y de haber desarrollado procedimientos alternativos como las Aulas en línea, con tutores remotos,  cuando ya estamos seguros que no hay ningún profesor real ni en la localidad ni en su entorno para dictar la clase.  Repito que es interesante el proceso de amnesia que viven algunos actores públicos que tuvieron puestos de relevancia en aquellos tiempos.

El tema de la elección de horas es moneda corriente para la prensa, casi como una renta renovable que se da año a año sin que muchos sepan bien de qué se trata pero se presenta a la opinión pública por parte de algunas figuras como síntesis de cambio o innovación y como expresión de impotencia de las autoridades. Es bueno recordar que hay actores que aprovechan las circunstancias para sacar de ellas el mejor beneficio posible, que gozan de un vedetismo que no pueden por sus condiciones personales lograr con otros temas de los que sí, de verdad, deberían encargarse y que logran de este modo, rédito político, saciando su narcisismo.

En el Uruguay, todos sabemos que el fútbol ocupa un lugar preponderante. Puede ocurrir la mayor catástrofe del mundo pero si hay un clásico, solo se habla de ese evento, antes, durante y después de jugado. Ha calado tan hondo en esta sociedad sensacionalista y ha llegado a completar tantos agujeros existenciales en las personas, que las peleas entre bandas, las humillaciones,  los golpes e incluso la muerte están asociadas con los resultados de los partidos. Esta actitud, se ha extendido por doquier y cualquier circunstancia parece pasible de ser vista como un clásico de fútbol. Algunos temas se viven así, como un partido clásico con el consiguiente encuentro a matar o morir que se produce entre bandas. La educación no puede admitir estos abordajes. La educación no es un partido de fútbol, en el que unos ocasionalmente triunfan y otros pierden, porque si perdemos, perdemos todos, por eso no hay que confundirse porque los clásicos se juegan en el estadio. 

domingo, 30 de julio de 2017

Haciendo sinapsis.




Conocí a Graciela cuando yo ya era hacía unos cuantos años directora del liceo 30 y ella tomó  sus horas de clase de Biología nuevamente en el turno vespertino. Graciela había trabajado durante años en el liceo, -de hecho es vecina del local liceal- , pero había elegido otros rumbos y destinos , cuando se había impuesto lo que los uruguayos llamamos en la jerga común la reforma Rama, una reforma impuesta que en los años 90 dividió a los profesores dolorosamente. El liceo 30 fue uno de los centros en los que se desarrolló este plan y Graciela eligió un nuevo escenario para su desarrollo profesional durante un tiempo.

Recuerdo que al conocerla me impactó su solvencia profesional y su inmensa sensatez. Una profe de años que prefería trabajar con los grupos de primer año de educación media básica,  cosa poco frecuente, pues en general los profesores a medida que avanzan en su carrera, prefieren elegir sus horas en el bachillerato en el entendido de que los humanos a medida que crecemos damos menos trabajo. Sin duda, ella es conocedora del lugar del docente como orientador de la vida de los estudiantes en forma integral,  más allá de  los conocimientos de la asignatura que debe procurar. Por eso la recuerdo tan nítidamente por ejemplo, cuando rezongaba a Allan, un chiquito recién ingresado al liceo, al que le costaba tanto aceptar las dinámicas nuevas y e insistía con  jugar todo el día. Ella, con su tono firme pero siempre cariñoso, le hablaba una y otra vez,  como una madremaestraprofe para hacerlo reaccionar.

Me unieron siempre muchas cosas a esta mujer maravillosa. Fuimos construyendo como adultas un vínculo que al principio fue profesional y que luego devino en un afecto personal y en una profunda admiración por mi parte, pues demostró que además de una gran capacidad como docente tiene una profunda entereza humana y sabe remar  con fuerza y decisión en todas las aguas tormentosas en que la vida va poniendo su barca. Por eso forma parte hoy de mi equipo de mujeres incondicionales, no porque me toleren todo, muy por el contrario porque el afecto se expresa en la crítica constructiva y el intercambio constante que me ofrece posibilidades de crecimiento y desarrollo, permitiendo que el enfrentamiento con errores y debilidades siempre sea desde la posibilidad de redefinir el rumbo y reconducir el barco.

Cada día Graciela me sigue sorprendiendo. Hace unos días la invité a conocer el nuevo edificio del liceo 29, un edificio precioso, con un diseño vanguardista, cómodo, luminoso, funcional que sustituye a la vieja casona que en su tiempo fue un convento  y que con algunas adaptaciones fue el modo en que las autoridades de su tiempo dieron una respuesta para la existencia del liceo 29. Aunque estábamos  en receso de clases por las vacaciones de julio,  encontramos en el liceo igualmente a algunos  estudiantes. Las mesas de exámenes estaban funcionando y como resultado de la instalación de las mismas,  algunos estudiantes se arracimaban buscando compartir la preocupación de alguna posible pregunta. Nada ha cambiado en relación a los exámenes desde que yo me acuerdo. Son en definitiva,  un ejercicio de control de un recorte de información suministrada durante el año  a juzgar por lo que el trío de profes cree que son saberes relevantes de esa nueva porción del saber que es la asignatura. Son para mi, un ejercicio de valor puntual al momento en que se producen. Se recuerdan algunos conceptos para el momento, para inevitablemente olvidarlos luego.  Es un juego donde prevalece lo efímero: se recuerda para convencer momentáneamente al equipo docente que uno sabe los contenidos solicitados y una vez cumplida esa meta, se olvida esa información para siempre.



 Como buena profe, mientras caminábamos descubriendo espacios nuevos, explorando el edificio liceal, Graciela se acercó a un grupo de estudiantes que esperaba. No pudo evitar entrar en conversación con  con ellos y descubrió que estaban por dar examen de Biología , por lo que fue imposible resistirse a  hacer recomendaciones y sacarles dudas. Lo hizo con la sencillez y la alegría con que los profes nos acercamos a los chiquilines para facilitarles en lo posible el acceso al saber. Yo no había reparado en  que hubo en ese rato de intercambio una orientación sobre posibles preguntas del examen. Fue un intercambio rápido y discreto, pero sin duda, fecundo. Por eso me sorprendió el vértigo con el que se descolgó desde los últimos escalones  ese chiquilín flaquito cuando nosotras nos estábamos por retirar y conversábamos las palabras del estribo en el pie de la escalera. Bajó  galopante, con la felicidad impetuosa del que siente que ha cumplido su función, agradeciéndole a Graciela. Ella le preguntó qué le habían preguntado y él le dijo: -Lo que vos me explicaste: Sinapsis. Esa conexión entre neuronas que ella le había explicado con sencillez, de alguna manera mostraba la conexión que ella supo establecer con él. La adscripta añade al instante un dato que completa esta anécdota vital : -No sabés la falta que le hacía esta alegría a este chiquilín. Inmediatamente  relata una situación personal de  orfandad materna que se había sucedido en tiempos muy recientes. Yo me quedé tan emocionada de ver la escena, de recoger en unos instantes tanta información, tanta fuerza acumulada en cada palabra y cada gesto que no  me salió más que decirle, -Viste; Graciela, hoy fuiste su ángel! Ella simplemente me miró con los ojos llenitos de lágrimas, -Es cierto, hoy fui su ángel. 

sábado, 24 de junio de 2017

Y el mundo se visitó de fiesta.



Colonia Miguelete es una pequeña localidad ubicada a unos sesenta y pocos kilómetros de la ciudad capital del departamento de Colonia. Es un pueblo chiquito y coqueto, con calles prolijas y  casas cuidadas rodeadas de jardines primorosos y coloridos aún en invierno. Es un pueblo de gente amable, un lugar al que uno llega y tiene la sensación de haber pasado la puerta de una dimensión diferente a la cotidiana. Allí fuimos el jueves pasado a compartir con la comunidad el festejo por los veinticinco años de creación del liceo y la inauguración oficial del nuevo edificio.

Fue una tarde mágica. Aún casi en las puertas del invierno, parecía una tarde de primavera, cálida y ventosa, pero sumamente agradable. Esta circunstancia climatológica permitió disfrutar del evento en la amplia explanada de acceso al edificio liceal, ancho, extendido en la totalidad de un terreno, dibujado desde la blancura de su construcción en medio de un verde intenso de naturaleza pura. La mesa principal estaba cubierta con un mantel blanco también que resisitía  gracias a los caireles que hacían el contrapeso para que el viento caprichoso no se lo llevara. Reinaba en ella un conjunto armonioso de flores rojas y blancas matizadas por el verde de ramajes circundantes. No faltó nada ni nadie. Estaba el Intendente y el Presidente de la Anep, el representante de la comisión Pro Nuevo Edificio y las representantes de las alumnas actuales, dos preciosas adolescentes que ocupaban el lugar en la mesa principal un poco nerviosas y bastante emocionadas. Entre el público se mezclaron legisladores, representantes de autoridades locales, vecinos de toda la vida, padres de alumnos, antiguos directores, chiquilines y hasta representantes de la Presidencia de la República. Por un instante, casi me siento en Macondo, un lugar de dimensiones humanas, de vidas que se cruzan cumpliendo objetivos, de sueños que se concretan porque fueron visualizados por muchos desde hacía mucho tiempo. Richard, que integra la mesa en nombre del equipo que en el 2008 se largó hasta Montevideo para pedirle a quien era en ese tiempo la Directora General del CES, -la querida Alex Mazzei-,  la construcción del nuevo edificio, está radiante. Se emociona  mientras me cuenta con una sonrisa deslumbrante  que él soñó que Paola fuera la directora del liceo cuando lograran hacer el acto oficial de inauguración. –Los sueños se cumplen, me dice. Y yo pienso que es cierto, que hay que soñar y trabajar y que estos recortes de vida, en lugares donde la vida pensada desde lo humano todavía es posible, son fiel expresión de que soñar vale la pena porque en un plazo razonable y con trabajo sostenido, los sueños se convierten en realidades.

Las imágenes inolvidables de momentos inesperados,  se suceden ahora en mi recuerdo. Un matrimonio joven, con tres niños me pide una foto. Paola, la directora se acerca y me cuenta frente a ellos que son ambos alumnos del Programa de adultos, que tenemos cuarenta adultos estudiando que desean terminar su ciclo básico. Ellos son encantadores y están encantados de estar allí. Cuando los felicito por el esfuerzo, por el coraje, sencillamente ella, menudita y frágil me dice:- Es que lo hacemos por ellos tres, para que se den cuenta que hay que estudiar, que estudiar en bueno para vivir. No hay mejor definición de sentido que esta sencillez hecha palabra sobre el valor de aprender y la fuerza del mensaje para las generaciones de los “nuevos”.

El edificio es sencillo y amplio. Tiene forma de U, vidriada. Es un mundo claro, radiante. No hay una reja ni un protector de vidrios. Hay simplemente ventanales acristalados, cuidadosamente limpios que dejan pasar la plenitud de la luz al interior de cada recinto.

 –Las tardes soleadas de invierno son muy placenteras aquí, - me dice Paola, mientras recorremos esta construcción sencilla pero confortable que da a un patio central con bancos de material decorados por los estudiantes engalanados de naturaleza. –Tenemos todo para que los chicos aprendan, y aprenden. No hay casi repetidores ni desvinculados. Los conocemos y los acompañamos, pedimos ayuda a la comunidad si hay que superar algún obstáculo procedente de familias o situaciones personales. Todos trabajamos mucho. Todos trabajamos para que todos aprendan. Todos pueden aprender. Es tan claro… el mundo adulto generosamente comprometido con las generaciones nuevas logra esto: un centro educativo poblado de jóvenes y adultos que quieren superarse y están dispuestos a trabajar juntos para conseguirlo, porque nada cae como gracia desde el cielo.

martes, 20 de junio de 2017

Tiempo de reconocimiento y transformaciones.-


“Y la educación también es donde decidimos si amamos a nuestros niños lo suficiente como para no expulsarlo de nuestros mundo y dejarlos librados a sus propios recursos, ni robarles de las manos la posibilidad de llevar a cabo algo nuevo, algo que nosotros no previmos; si los amamos lo suficiente como para prepararlos por adelantado para la tarea de renovar un mundo común”[i]
Hannah Arendt


La creación de las Aulas Comunitarias en el marco de la oferta del Consejo de Educación Secundaria en el año 2007, fue francamente imprescindible. Era un tiempo coincidente con la reciente creación y los primeros pasos  del Ministerio de Desarrollo Social y la necesaria visibilización de uruguayos, hasta ese momento,  invisibles. Fue el tiempo del Plan de emergencia porque la emergencia se imponía como modo de actuar para traer dentro de las fronteras sociales a los compatriotas que se encontraban más allá de los bordes, despiadadamente olvidados, privados de sus derechos fundamentales, deshumanizados. El Uruguay se dio por tanto a una serie de acciones inmediatas para dar respuesta a una situación social de profunda gravedad.

El dispositivo era necesario e impostergable: apostar por la convocatoria y posterior formación de aquel conjunto de jóvenes que no habían radicado inscripción alguna en la educación media luego de haber egresado de primaria, o que habían intentado infructuosamente cursar educación media pero se habían desvinculado por no haber encontrado en los liceos un espacio adecuado para las condiciones de la que eran portadores. Aún desde el esfuerzo que ya venían haciendo las comunidades liceales,  -particularmente algunos colectivos docentes-, por discutir con la meta fundacional de los liceos, no era posible dar respuesta a este conjunto de jóvenes tan desamparados. Es válido, sin embargo,  reconocer el arduo proceso llevado adelante por las instituciones educativas liceales, desde  aquella génesis que hablaba de atender a la población que luego iría a la Universidad y que concebía la natural circunstancia del apoyo familiar de sus estudiantes, -en tiempos donde solo se consideraba la educación primaria como imprescindible  y suficiente para el desempeño humano-, a estos tiempos en que posicionados desde el derecho a la educación, sabemos que la educación media debe ser universal, debe ser una oferta que brinde respuesta al ejercicio pleno del derecho a la educación. Con menor o mayor acierto ha habido desde los liceos un esfuerzo por abrir las puertas a todos, luchando contra la historia de origen.

Sin embargo, las Aulas Comunitarias fueron dispositivos fundamentales, porque los esfuerzos no fueron suficientes para dar respuestas a todos. Se constituyeron en espacios de trabajo flexibles, desde los que se generaron procesos múltiples: convocar a los jóvenes, ofrecerles un trayecto posible adaptado a sus condiciones de ingreso, generar un desarrollo de habilidades sociales y de aprendizajes variados como para promover su evolución. Para esto sin duda, la presencia de la sociedad civil fue clave, atendiendo a la historia de trabajo de la que estas organizaciones son portadoras, un “saber hacer” acumulado  en el abordaje de niños y jóvenes vulnerados del que es indispensable que se nutra la educación formal para  trazar una ruta y llegar a estos destinatarios.


Una década más tarde.

El Programa Aulas Comunitarias nació entonces como un programa “puente”. Un mecanismo intermedio para captar jóvenes que no iban a llegar solos a la educación media formal, acompañarlos en un trayecto de uno o dos años e incluirlos en el liceo, por tanto fue concebido como un mecanismo de conexión y continuidad.  Al pasar el tiempo cualquiera advierte que el mecanismo de captación de jóvenes es muy bueno pero no así el de continuidad. Es cierto que hay que concentrar la mirada en el liceo como institución rígida, que tiene unos “modos de hacer” cristalizados y pretende, como ya se ha dicho tantas veces, a la manera de Procusto, la adaptación de todos a un mecanismo único. No quedan dudas respecto a la necesaria revisión de la gramática institucional en tanto el liceo está  organizado a la manera de un damero en el que se van distribuyendo asignaturas en forma rigurosamente inamovible, por lo que resulta  difícil creer que el mero pasaje durante un período por el dispositivo de Aulas Comunitarias puede ser lo único que asegure la continuidad educativa de estos ciudadanos. También es hoy seguro que la mayoría de los liceos están haciendo esfuerzos organizacionales y pedagógicos, que se van generando dinámicas nuevas que se expresan en acciones concretas que presentan al liceo como institución susceptible de generar variaciones según las circunstancias o necesidades que se vislumbren.  Es además cierto que aún falta. Es necesario poner en la mesa, con honestidad cuánto falta aún   para completar el proceso que permita pensar en el liceo y sentir que es un espacio hospitalario, que responda a los ritmos variados y a las necesidades y características de todos los jóvenes, un espacio para las adolescencias.

Parte de este proceso de transformación del liceo debe estar centrado en la oferta de un recorrido adaptado a estos jóvenes que no cumplen con la norma, con lo esperado. En principio, y fundamentalmente porque los liceos deben ser espacios para todos los jóvenes y no debe la sociedad uruguaya contentarse con tener unos dispositivos paralelos al liceo que funcionen como cápsulas de contención de la porción de juventud más desfavorecida.

Es claro que debe diseñarse una ruta que ofreciendo un recorrido peculiar y adaptado a las características de estos ciudadanos, pueda también concebir espacios para que todos los estudiantes liceales compartan tiempos de aprendizaje en común. Todos son jóvenes y el liceo debe ser el escenario natural de desarrollo educativo de todos, admitiendo  en forma simultánea la existencia de recorridos peculiares y la convivencia en tiempos comunes. Los talleres son los espacios naturales para que todos los estudiantes se encuentren, por lo que además de enriquecer la propuesta curricular y permitir explorar otras actividades e intereses no tradicionales en relación a la oferta curricular de la educación media, son además potentes espacios de fortalecimiento de habilidades sociales y grupales. 


El primer intento: la Propuesta 2016.

Como primer dispositivo facilitador de la transición desde las Aulas Comunitarias hacia el liceo, durante el año 2016 se comenzó a implementar una propuesta que viene desarrollándose por segundo año  y que adolece de  ciertas debilidades, algunas de ellas, de implementación por lo que está en proceso de revisión y rediseño. Lo cierto es que ha tenido un desempeño desparejo en los siete centros en los que se está llevando adelante. Por supuesto que se está haciendo un análisis minucioso de cada situación, levantando evidencia empírica que nos permita “leer” cada caso. Yo tengo la hipótesis inquietante de que  uno de los  escollos es el imaginario que se cierne sobre estos jóvenes y el  injusto modo de verlos como “los diferentes”. En muchos centros no se ha logrado que los adultos puedan ver a estos muchachos  y muchachas como parte natural de la matrícula del liceo, por lo que tampoco se ha operado en la habilitación de los espacios de taller como lugares habitables  para todos, dejando a este colectivo de jóvenes en la misma situación capsular que vivían dentro de las AC pero ahora trasladado al liceo. Sin embargo, es importante señalar que hay experiencias exitosas, donde los equipos impulsores están trabajando con fuerza,  y han permitido el desarrollo de experiencias muy favorables tanto desde el punto de vista social como pedagógico. La diversidad de situaciones impera,  porque hemos confirmado la existencia de centros  en los que son los profesores de aula los más entusiastas y el equipo directivo del liceo el más esquivo o reticente y viceversa. No hay afirmaciones definitivas.  Por eso parece importante reflexionar que  no habrá diseño válido, por perfecto que este pueda parecer si no hay en el educador una convicción clara de reconocimiento del Otro como un ser humano, sujeto de derechos. Pèrez Aguirre dice que “Educar (…) es afectar los corazones, los estilos de vida, las convicciones. Y es evidente que esto no puede hacerse sino desde las actitudes profundas del propio educador (en el entendido de la “comunión” educador-educando en la vida cotidiana). No podemos concebir al proceso educativo, más que como una especie de empatía, de mímesis de actitudes de ambos sujetos”[ii] En esta tarea transformadora, movilizadora de concepciones, cimbroneadora de lo cultural,  estamos trabajando obstinadamente.

                                                   Inspectora Prof. CelsaPuente.
                                                                              Directora General
                                                                                        CES






[i] Arendt. H (1996) Entre pasado y presente. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Barcelona, Península, pàg. 208
[ii]  Pèrez Aguirre, Luis. “Si digo educar en DDHH” http://ipes.anep.edu.uy/documentos/2011/desafiliados/materiales/aguirre_dos.pdf

domingo, 11 de junio de 2017

Hollywood.


El jueves estuvimos otra vez de fiesta. La fiesta del encuentro de unos mil ochocientos jóvenes que llegaron desde distintos puntos del país a disfrutar, asombrarse y vivir con plenitud  un nuevo espectáculo de Ballet de nuestro increíble elenco del Ballet Nacional del SODRE.

“De todas partes vienen…” dice un poema de nuestra Idea Vilarino, devenido en canción que tanto nos identifica  a todos los uruguayos. Y así fue… Fueron llegando de los destinos más remotos y perdidos, de los lugares más distantes y más distintos de la capital, de los pueblitos perdidos en medio de la nada o de las capitales departamentales. Todos estuvieron aquí. Todos nuestros jóvenes y sus profes, deseosos de esta ocasión de fiesta artística que además ofrece algunos otros aditivos complementarios.  Cada uno fue llegando con su bandera, con sus señas de identidad locales, con su alegría. Todos distintos pero todos sin duda, con algo en común: la juventud que vibra en el alma y el cuerpo y las ganas de explorar otras vivencias diferentes a las cotidianas.

Los montevideanos a veces no nos damos cuenta de cuánto significa para un jovencito del interior del país, llegar a Montevideo. Incluso dentro de la capital, hay familias que viven situaciones de desplazamiento territorial limitado y no conocen la ciudad porque no circulan por ella. Mucho menos cuando hablamos de un espacio de arte como un teatro.

Para llegar a esta función, cada equipo transitó itinerarios colectivos previos. Todos crearon sus banderas identificatorias y algunos, como siempre ocurre, tuvieron que afrontar otras dificultades como por ejemplo, resolver su transporte, con la consiguiente complejidad que en este sentido asumen los que viven más lejos y están en entornos más complicados. Para lograrlo, no solo se activaron las redes de instituciones que estaban dispuestas a ayudar, sino que también se realizaron eventos en las localidades  para que cada pesito fuera alimentando la esperanza y cada instancia de encuentro -en una venta de tortas fritas, en una rifa o una función de cine para los más chicos-, fuera permitiendo visualizar que el trabajo compartido es saludable y genera frutos, sobre todo cuando el objetivo es claro, está definido y es deseado por todos.

La ocasión de llegar a Montevideo, ofrece otras chances de visitas a museos, la feria del libro, algunas facultades, otros liceos o incluso un sencillo pero oxigenante paseo por la rambla. Todo es ocasión de vida, descubrimiento, aprendizaje y disfrute pleno. Cada instante es un instante de apertura, donde se confirma que el mundo es ancho y variado y excede el territorio que habitualmente habitamos desde lo real y desde lo simbólico.

La función fue un disfrute pleno y a la maravilla del arte, del sonido, del movimiento, de la fuerza visual, se suma la increíble hospitalidad de la gente del Auditorio del SODRE que nos espera y nos recibe en tono total de fiesta.  Una previa con mimos es el preámbulo de la función y un cierre de oro en los espacios de tránsito comunes a la hora de irnos nos muestra a los y las jóvenes sacándose fotos, algunos incluso “con poses de ballet” Emociona lo que vamos recogiendo en los intercambios: un alumno de Artigas que nos dice que “debería ser un derecho que todos los uruguayos vinieran al menos una vez en la vida a este teatro” y un chiquito de Maldonado que circulando sobre la alfombra roja que cubre todo el hall de ingreso y la escalera interna del teatro dice con entusiasmo desenfrenado: “Profe, esto es Hollywood”

sábado, 29 de abril de 2017

De Tala a Houston: una aventura adolescente generada por el saber.




A manera de introducción.


En Uruguay estamos en un período de fuerte revisión de la oferta de educación secundaria. Las preocupantes tasas de deserción y repetición, aunque vienen mejorando lentamente en los últimos cuatro años, son indicios claros de que debemos hacer propuestas en las aulas que cautiven a los estudiantes y les generen el deseo de permanecer y el sentido de asistir cada día a clase. Las últimas revisiones curriculares datan de un buen tiempo atrás –la última ha sido del año 2006- y se han concentrado en la construcción de la malla curricular o la enumeración de los contenidos programáticos de las asignaturas. A esta altura, estamos convencidos que el cambio sustancial debe darse desde la revisión metodológica, desde el planteo de la clase y desde el lugar que se le asigna al Otro, ese alumno que viene cargado de informaciones, saberes, intereses que muchas veces no pueden aparecer en un diálogo docente-alumno que está obturado pues más que un diálogo es un monólogo en que solo tiene la palabra el adulto. Y no es por cargarle las tintas a los educadores, porque ellos son en verdad quienes han sostenido siempre el sistema más allá de los avatares coyunturales. Pero es indiscutible que el sistema educativo tiene una organización rutinaria, donde no abunda la interrogante sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos. Seguimos, -al menos en Uruguay- presos de cierta concepción que le achaca al alumno la responsabilidad por lo aprendido o no aprendido e interroga poco o casi nada la práctica educativa a la luz de los nuevos modos de ser joven que nuestra sociedad propone.

Estamos convencidos que es imprescindible gestar espacios educativos –instituciones y aulas- que operen como espacios de goce al ser habitados por los estudiantes, ambientes de aprendizaje donde circulen las preguntas y que estas no sean solo interrogantes que hace el profesor al interrogado –el alumno- para saber cuánto sabe de un tema. Creemos que “los mejores profesores tienden a sumergir los asuntos de la disciplina en intereses más generales, dando a menudo un enfoque interdisciplinario de los problemas”[1]Las preguntas disparan el pensamiento y son al decir de Ken Bain, “tremendamente provocadoras” y al igual que él creemos que “el entorno para el aprendizaje crítico natural también compromete a los estudiantes en alguna actividad intelectual de orden superior: los anima a comparar, aplicar, evaluar, analizar y sintetizar, pero nunca solo a escuchar y recordar”


Los espacios alternativos al aula y el nacimiento del Plan Ceibal


Como parte de la conmoción que queremos generarle a los automatismos que reinan en la vida cotidiana de las instituciones educativas, hemos comenzado a explorar en espacios alternativos y complementarios al aula. Estamos abordando la extensión del tiempo pedagógico como un tiempo adicional en que docentes y alumnos le dan sentido al vínculo construyendo ellos mismos la propuesta del espacio que debe ser un taller, en tanto en él se crea, se trabaja, se construye en forma cooperativa

En Uruguay tenemos además, desde hace diez años, la fuerza del Plan Ceibal, una propuesta generada por el Presidente Tabaré Vázquez en la que se vivió una primera etapa de distribución de laptops a cada uno de los niños y jóvenes –“ceibalitas” en la jerga uruguaya de entrecasa - y se pasó luego a la construcción de plataformas y propuestas que fortalecen lo educativo. Además de la distribución de ceibalitas, se distribuyeron kits de Robótica, Sensores fisicoquímicos, impresoras 3D, se generaron plataformas específicas para el aprendizaje de algunas disciplinas y se incursionó con fuerza en la enseñanza de la robótica educativa y la programación.



Docentes inspirados e inspiradores


Algunos profesores ven con ojos de oportunidad la posibilidad de abrir espacios alternativos a los curriculares y explorar con los alumnos que tienen interés especial, algunas problemáticas locales o cuestiones de orden social general. Algunos han encontrado también en la oferta del Plan Ceibal, un camino para transitar de la mano de las nuevas tecnologías la vida educativa, descubriendo posibilidades y explorando metodologías acordes a la tecnología disponible. La mayoría de los que se han animado a transitar estos surcos, han tenido muchas satisfacciones con respecto a los aprendizajes generados en los estudiantes y en ellos mismos como profesionales de la educación que van gestando nuevos modos de abordar la enseñanza.

En estos espacios alternativos, surgen muy buenas experiencias de trabajo, generan entornos de aprendizaje en los que se plantean cuestiones problemáticas locales que resultan interesantes para los estudiantes y se arriesga concienzudamente para resolverlos usando la creatividad. Genera para los estudiantes la posibilidad de desafiar su pensamiento, abordando algo de su interés que lo interpela, que lo provoca y le permite desarrollar habilidades de razonamiento, evaluación de los propios saberes ya portados y la necesidad de hacerse de nuevos conocimientos y habilidades para resolver las cuestiones. Por otra parte, son actividades de carácter colectivo, con lo que naturalmente la cooperación y el intercambio entre pares debe darse como cuestión ineludible para que se produzcan los hallazgos.


Lo local y lo internacional

Tala es una pequeña localidad del departamento de Canelones, Uruguay. El liceo es un espacio agradable con una fuerte apuesta al desarrollo integral de los estudiantes y al cuidado de los docentes. Alicia, una de las profes de Informática está decidida hace tiempo a entusiasmarse junto a sus estudiantes estableciendo desafíos locales a ser resueltos, incursionando en la robótica como parte del abordaje.

Desde el año 2014 se realiza la Olimpíada de Robótica, Programación y Videojuegos de Plan Ceibal, donde se busca fomentar el intercambio y la posibilidad de compartir los distintos Proyectos que están surgiendo en los Centros del Sistema Educativo. El primer año participaron 760, el segundo 1000 y en el 2016, 1200 alumnos y docentes. El número que año a año crece, da cuenta del entusiasmo y el interés que estas prácticas educativas han despertado.

Cada año se propone un tema en particular que funciona como eje para investigar, aplicar ABP, Pensamiento Computacional y Pensamiento Crítico. La clave es trabajar mucho y con creatividad a partir de las consignas para compartir y comunicar lo que se logra en este proceso de aprender haciendo. Este año el tema es "El Agua y/o Energías Renovables".

A partir del 2016 se incluye la Categoría First Lego League lo que significa la apertura de una puerta más: además de lo mencionado anteriormente compartir sus Proyectos en el exterior con otros países con la perspectiva de enriquecimiento que esta experiencia nos permite presumir. El tema que se propuso el año pasado es Animal Allies.

El equipo de Tala obtuvo el 1er Premio de la categoría FLL en la Olimpíada, lo cual los habilitó a ir a Huston al https://www.firstchampionship.org/houston-events.

Desde 19 de abril hasta el 22 abril estuvieron en la competencia. Su trabajo de investigación fue sobre la Leptospirosis que había en la zona, una rata contagió al perro de uno de los chicos del equipo y a partir de ello investigaron. El trabajo supuso una ruta de investigación sobre la bacteria generadora de esta enfermedad que los llevó a hablar con Veterinarios, Agrónomos y otras figuras de la localidad , así como manejar datos de la situación en su ciudad. De ese modo, llegaron a hacer un Robot, cuya función es distribuir hidrocal en las cunetas, ya que confirmaron que esta sustancia extermina la bacteria pero no es nociva ni para animales ni para plantas. Es importante señalar que el proceso de construcción del Robot, exigió el diseño y la impresión en 3D, como etapa previa a la concreción del mismo.

Video de los chicos y la profe https://www.youtube.com/watch?v=ScTwcTdAF-M

Destacamos también que el segundo premio fue adjudicado al equipo del Liceo de San Luis con el Proyecto Creative Techno. Ellos realizaron una cucha inteligente para perros y fueron a compartir su experiencia a Nuevo Hamburgo, Brasil en enero de este año.

El 3er Premio del Liceo Rivera 6 con String L6 tendrá también su reconocimiento.

En Programación y Robótica fueron reconocidos todos los participantes y especialmente los Liceos: Atlántida 1, Liceo 19 de Montevideo, Liceo 39 de Montevideo, Liceo 7 de Rivera, Liceo 5 de Salto y de nuevo en ambas categorías el Liceo 6 de Rivera.

Nos sentimos felices por los logros y la confirmación de que esta modalidad de trabajo arroja no solo logros palpables en términos de productos a partir de los proyectos llevados adelante, sino también una modalidad educativa que propone el trabajo en equipo, cooperativo, donde se define un objetivo y se lleva adelante por todos, aceptando la distribución de tareas y apostando al desarrollo de la comunicación como base para la construcción del trayecto y del producto final.




Prof. Celsa Puente.                             Magela Fuzatti


Directora General                                                        Jefa de Laboratorios Digitales.


Consejo de Educación Secundaria                                                Plan Ceibal






El presente texto será publicado en el mes de junio en la revista digital "El arcón de Clio"






[1] Bain, Ken. “Lo que hacen los mejores profesores universitarios”, 2005, PUV, Publicación de la Universidad de Valencia. España.

lunes, 17 de abril de 2017

De presas y cazadores.







Hay historias que nos dejan un dolor inmenso eternamente atravesado en el alma . Historias que nos dejan miles de signos de interrogación. Cuestiones que jamás entenderemos, que nunca cierran, que quedan como un agujero insondable, oscuro. La muerte de Natalia es solo una de ellas.

-Si tuviera que decirte una sola característica de Natalia que la definiera totalmente te diría que era muy mimosa-. Cristina me cuenta esto y los ojos se le iluminan con una mezcla de dulzura y melancolía. Con ella se había dado algo inusual, había sido su alumna los tres años, durante todo el bachillerato, en el liceo 28, un liceo distinto, peculiar, chiquito y familiar. Natalia gozaba de esa condición del liceo, disfrutaba esa cercanía con las adscriptas Lili y Marina, dos mujeres también especiales, diferentes, muy diferentes entre sí, pero con una característica indiscutible en común: querer sinceramente a los alumnos.

Natalia era mimosa. Era la más chica de la familia, y buscaba siempre la atención y el afecto. Era simplemente querible. Todos la recuerdan así y es un dolor impresionante tener que recordarla, no tenerla más, no haber podido acompañar su crecimiento porque tenía todo para ser una mujer maravillosa. Y no era solamente por la profundidad de sus ojos castaños o la belleza de su larga cabellera por la que todos la recuerdan, era simplemente por la naturaleza sencilla y sensible de su alma. Porque era mimosa y buscaba el vínculo a cada momento. -Era una habitante natural de la adscripción, -- afirma Cristina en su evocación-, porque buscaba a los adultos para sentirse feliz en el intercambio del gesto tierno constante.

¡Nos seguimos preguntando todos tantas cosas de aquella noche! A esta altura siento que siempre seguiremos llenitos de interrogantes vacías de respuestas. Lo peor es que este dolor ni siquiera nos permitió actuar como sociedad para evitar que sigan muriendo mujeres…¿Por qué seguimos aceptando que los cazadores salgan con toda la legitimidad a buscar sus presas? Por qué seguimos aceptando casi como justificadamente que si la presa se resiste y no quiere participar de la atrocidad de la subordinación, el cazador se descontrole y le arranque la vida… ?

La sociedad patriarcal ha creado y consolidado la figura del cazador. Es una figura legitimada que pone a los hombres en una condición de machos dominantes con una sexualidad desenfrenada que no tienen por qué controlar. Es más, no deben hacerlo porque esta sociedad machista celebra el instinto desencadenado y festeja los logros del que arremete contra sus presas para lograr lo que quiere. Y si la presa no quiere, aguanta o muere, porque esta sociedad hipócrita y deshumanizante, culpabiliza a las víctimas que debieron haberse cuidado más si no querían caer en las garras de los cazadores.
La noche, aunque no solo la noche,  suele ser el espacio de los cazadores autorizados por la sociedad hipócrita que permite y estimula que los exponentes del género masculino salgan a buscar sus presas. Los cazadores están legitimados, sus hazañas son celebradas como expresión de la masculinidad, del abuso patriarcal y solo podremos remover estas prácticas trabajando lo humano sobre cualquier otra condición. Porque sin duda, lo humanos escaseamos de lo humano. Unos se bestializan y cosifican a las/los otras/os

¡Me pregunto tantas cosas de aquella noche fatídica! ¿Cuántos estarían en ese auto? ¿Sería uno, dos o más cazadores? ¡Cuánto desamparo! Los cazadores, salen en equipo muchas veces. Necesitan someter y compartir para vanagloriarse del daño a la presa. Natalia era dulce y mimosa. Como todos los humanos tenía derecho a decidir cómo y cuándo y por quién estaría dado el acercamiento.  El cazador no quiso considerarla… Lo demás es sabido y demasiado doloroso para volver a narrarlo. 

sábado, 1 de abril de 2017

De la chacra a la máquina de coser.



De la chacra a la máquina de coser, es el recorrido que ha hecho infinidad de veces, una madre del liceo de Santa Rosa. Esto me lo cuenta Margarita Goday, antigua directora del liceo, después de un abrazo apretado en el que nos fundimos para consagrar la alegría del logro. Es que ayer, inauguramos el nuevo gimnasio del liceo, y fue un día de fiesta en el que nos encontramos todos: los chiquilines, los profes, los directores y secretarios de ayer y de hoy, los vecinos, los padres y las autoridades. Y fue uno de esos días en que uno se reenamora de la vida porque siente que la prevalencia de lo colectivo todavía circula como motor en algunas comunidades y puede llegar a reinaugurarse en otras donde hoy se confirma que  ha calado fuerte el individualismo y la amnesia del hacer juntos.

El gimnasio que ayer inauguramos y que es el único que tiene la localidad de Santa Rosa, existió primero en el corazón y la cabeza de un grupo de padres, soñadores pero decididos a hacer. Ellos albergaron la idea de hacer de una antigua y desgastada cancha, un gimnasio, en un sueño “un poco alocado” al decir de Magarita pero tan genuino como para permitirles construir un camino hacia el logro. Iniciaron sin éxito algunas rutas previas, pero no desistieron, como no desisten cada día en trabajar juntos para lograr las mejores condiciones de aprendizaje para sus propios hijos y para los de todos.  Así  compraron los equipos acondicionadores de aire, las cortinas y tantas otras cosas que mejoran la vida de los que habitualmente integran la comunidad educativa de esta pequeña localidad canaria. El secreto es dar, cada  uno pone lo que tiene en su bagaje personal: una idea para hacer un festival y juntar fondos, el vínculo con un conocido que le hace precio en algún comercio, una habilidad personal para resolver problemas, un oficio, un tiempo de la vida, un amor que se instala en la convicción de lo colectivo. Todos pueden poner algo, TODOS,  padres y madres, tíos y abuelos y sencillamente así lo viven y lo hacen. Aún aquellos mal llamados pobres que no pueden aportar nada material pero si son poseedores de algo de lo que acabo de mencionar y a veces no saben que lo tienen y por eso no pueden darlo. En estos grupos de trabajo se les hace saber cuán ricos son y cuánto tienen para dar.  Esa es la fuerza de lo colectivo, descubrir el caudal individual para ponerlo en juego, ver las dificultades como desafíos que merecen ser abordados y que son abordables entre todos, con la fuerza sumada y la energía disponible generosamente.


Por eso pudimos ayer festejarlo todo y con todos. Porque hay madres que pueden ir de la chacra en la que trabajan para sustentar a la familia, a la máquina de coser para hacer de un pedazo de tela unas preciosas cortinas. Son trayectos que se construyen cada día con la decisión de lo que todos podemos hacer juntos, sin quejas, con sueños, con trabajo, con alegría, sintiendo JUNTOS que se puede… 

viernes, 17 de marzo de 2017

¿Dónde está “Finlandia[i]”?



En nuestro país, se ha naturalizado pensar en Finlandia como metáfora de buenas prácticas y  de resultados educativos exitosos. Finlandia se ve como la tierra deseada, donde ocurren las “buenas cosas” que cada día buscamos, o al menos, las que decimos buscar. Sin lugar a dudas, la rápida transformación de un país, que impresiona como de características generales bastante similares a las nuestras,  en un proceso de unas pocas décadas, nos llena de sorpresa y casi de culpa. Parecería que en lugar de ver ese ejemplo como una expresión certera de que lograrlo es posible, lo vivimos como con cierto complejo de inferioridad, idealizando esas tierras nórdicas como escenario de lo correcto y como contrapartida demonizando nuestro sistema y todas nuestras acciones como meras expresiones desordenadas de ese deseo de mejorar que nunca cuaja en realidades palpables.
Más allá de consideraciones potentes como la que refiere a la selección de aspirantes a docentes y los salarios y condiciones de trabajo que Finlandia ofrece, yo tengo la hipótesis inquietante de que estamos sujetos a una situación similar a la de la maldición del Malinche. Nos sorprendemos y maravillamos por lo que nos cuentan de otras tierras y no somos capaces de mirar la nuestra al menos, con ojos de valoración y por lo tanto de aprendizaje.

La macrocefalia montevideana.
No es una novedad que una de las características que tenemos los uruguayos es el fenómeno de la macrocefalia. Una suerte de aglomeración de habitantes y por lo tanto de desarrollo de servicios, en los alrededores de la ciudad capital, con la consiguiente concentración del poder político, económico y administrativo. Al respecto, un amigo que suele tener un agudo sentido del humor, siempre me  decía “Dios está en todas partes, pero atiende en Montevideo” para ilustrar esta fuerte tendencia a hacer que el mundo circule en el entorno de la ciudad capital.  Esto además de producir características especiales en las condiciones de vida de la  población de la zona referida, genera la fantasía de que Montevideo es sinónimo de Uruguay, al punto que, cuando un fenómeno se produce en la ciudad capital o sus alrededores, se habla del hecho como perteneciente a  todo el colectivo poblacional del Uruguay.
La inconcebible ceguera provocada por una enfermiza macrocefalia montevideana se “roba” literalmente toda la atención e impide ver otros escenarios geográficos donde ocurren otras “cosas”, donde se resiste la rutina y la deshumanización y se propone un trabajo creativo y compartido por todos los miembros de la comunidad.
Es necesario destituir la metonimia: Uruguay no es Montevideo, y al respecto se me ocurre importante señalar que Montevideo tiene algunas características especiales que son claramente distintas a las del resto del país.
Si ponemos el foco en la educación podemos aseverar que es un departamento que tiene severas dificultades para prosperar principalmente porque en las instituciones educativas –esto dicho en tono muy general y con las injustas consecuencias que una aseveración general posee-  se producen dinámicas deshumanizantes. La aglomeración de habitantes, la exigencia de una vida vertiginosa marcada por ritmos incesantes de necesidades reales y otras artificiales, hace que los padres y vecinos en general no participen en la vida de los centros educativos. Las instituciones no conocen a las familias de los estudiantes y los integrantes de los núcleos familiares tampoco conocen y por lo tanto, no coordinan con los docentes que trabajan con sus hijos y que son los referentes naturales en tiempos de permanencia liceal.  Los liceos son recelosos y no abren en general sus puertas a los otros actores adultos del entorno. Si hay un error seguro que estamos cometiendo en esta época, es que los adultos hemos dejado de apoyarnos entre nosotros. Era inconcebible en otros tiempos adjetivar a maestros y profesores en forma descalificante como se hace ahora. Parece no haber conciencia que mientras los adultos de casa no están, el joven o niño está en vínculo con esos otros adultos, los docentes, los funcionarios de gestión de los centros. ¿Cómo puede sentirse un joven en ese tiempo de su día en que está a cargo de los adultos del liceo si en la casa no se hace más que devaluar a esa figura? Ni hablemos del trabajo que en este sentido hacen los medios de comunicación. Los adultos somos los referentes de nuestros muchachos. Si nuestra imagen se ve devaluada no hay referencia posible para sostener…¿Qué hace entonces un joven que se está construyendo persona si el adulto que tiene delante para él no tiene ningún valor? ¿Cómo se sienten nuestros estudiantes? Parece parte esencial e indiscutible que los adultos coordinemos mensajes y acciones para proveer al joven de certezas, para marcarle un camino que achique las incertidumbres y le permita confiar en los adultos para construir su propia historia. Para que esto ocurra, los adultos debemos conocernos, gestar ciertas condiciones de intercambio y convivencia, generar confianza, abrir espacios para compartir, en fin, estar juntos. En definitiva, es asumir juntos, en forma coordinada, desde el lugar que nos toca,  el cometido de seguir haciéndonos cargo del desarrollo de la generación de los “nuevos” .

¿Y si “Finlandia” estuviera aquí,  en algunos rincones de nuestro Uruguay?
Con el fin de develar, en el sentido más exacto del término, “sacar el velo” y por lo tanto habilitar a ver, propongo que pongamos la mirada en algunos territorios del mal llamado “interior” de nuestro país. Son muchas las localidades donde se desarrolla un amplio compromiso con la educación pública, como espacio de crecimiento de todos los integrantes de la comunidad y como escenario democratizador, espacio de intercambio al que todos concurren, encarnando a José Pedro Varela  
“Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando de un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes  de cada uno: y así, la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática”.
Recorriendo el interior, uno se da cuenta que aún se conserva esta convivencia de la que Varela nos hablaba y que por lo tanto, los lazos sociales se forjan en el día a día en las aulas como modo natural de vida. Los vínculos entre los docentes  y los alumnos son parte del trabajo  de los centros educativos.
En el año 2014, la periodista  Carolina Porley, (Revista Ajena, 30/4/!4) ya había dedicado un artículo en esta misma línea, con motivo del análisis del funcionamiento de la vida educativa en algunos centros como Colonia Valdense. No en vano le dio en llamar al artículo “La preeminencia de lo colectivo “. Creo que vale la pena rescatar algunos instantes de esa producción periodística: La evidencia se palpa apenas llegar a Valdense. Allí el liceo es la institución más importante, luego de la Iglesia Evangélica Valdense. Y un orgullo para los habitantes por haber sido el primer liceo en el interior del país.(..)  Allí perdura el sello de estos inmigrantes, signado por una forma comunitaria de concebir la vida y el trabajo, con una apuesta al esfuerzo cooperativo, al conocimiento volcado a lo productivo y a la formación de las nuevas generaciones” Sin duda, en nuestras localidades del interior, hay instituciones que invitan a estar, de ambiente hospitalario, cuidadas, con vegetación colorida y espacios para permanecer, instituciones en las que uno entra y ”huele a charla y a recreo”, porque huele a felicidad, a permanencia gozosa, a espacio de jóvenes, para jóvenes.
Hay datos muy significativos de ese liceo, como por ejemplo, tener en cuenta  que el gran salón multiuso fue financiado por la “Asociación de amigos del liceo” que “reunió a padres y vecinos de la localidad, que construyeron una casa y la rifaron”. Más tarde juntaron los  fondos para montar una sala de informática, “ la primera que tuvo un liceo público en el país” Si hay un ejemplo de acción, sin duda, es este. De alguna manera es la expresión palpable de que es necesario caminar hacia procesos de protagonismo  constructivo fundante de espacios y actividades y salir del pedido y reclamo permanente, donde parece que siempre son OTROS y no NOSOTROS los que deben solucionar los problemas.
Hace algunos días me encontré con otro ejemplo que vale la pena rescatar, pero esta vez en el norte. En una sala de Directores de Artigas, me encontré con un profesor que es un gran referente, Director del liceo de Tomás Gomensoro, ya próximo a jubilarse y en el intercambio, me dio un ejemplo de cómo un problema puede ser vivido como una oportunidad. El liceo de Tomás Gomensoro, tiene el Bachillerato concentrado en la mañana. Es bastante natural comprender entonces, que en una localidad de esas características, sea imprescindible la apertura de la biblioteca para que los alumnos de bachillerato puedan usarla en la tarde. Sin embargo, el liceo tiene una sola persona encargada de la biblioteca y solo podía abrirla de mañana. Es un problema importante que podría haber generado cualquier mecanismo de reclamo de los ya conocidos. El equipo en cambio, liderado por el Director Sarasúa,  -más allá de las solicitudes formales que deben hacerse ante el CES por la necesidad generada y de la responsabilidad que le compete a la administración para solucionar la cobertura de los cargos- ideó una propuesta que empoderó a los jóvenes además de asegurar la apertura de la biblioteca en las tardes. Los propios alumnos de Bachillerato llevaron adelante la gestión de la biblioteca liceal, formando brigadas de trabajo. Así es que un problema se termina convirtiendo en un ejercicio de participación juvenil, donde los jóvenes diseñan mecanismos de atención, se reparten tareas y cubren el servicio para sí mismos y para todos los otros estudiantes y miembros de la comunidad. Los estudiantes, cosechan aprendizajes diferentes, solidarios pero también prácticos. Cabe señalar que en una biblioteca es necesario llevar claros mecanismos de control de los préstamos, mantener al día el inventario con los materiales que se desechan y los que se adquieren, atender al público y por lo tanto, desarrollar la paciencia, aprender a hablar y dar respuesta a las necesidades de estudiantes más pequeños y también de los propios profesores, coordinar con la profesora que atiende la biblioteca de mañana y asumir responsabilidades, entre otras habilidades que se desarrollan como parte natural de la tarea. Es esencial el mensaje que también este liceo le da a sus jóvenes; confía en ellos tanto, como para asignarles una tarea de enorme responsabilidad, desde lo simbólico, la atención de la biblioteca con todo lo que los libros significan como objetos de traspaso del conocimiento. Creo que es un mensaje muy claro en relación a cómo en ese liceo son vislumbrados los estudiantes, son pasibles de ser reconocidos como portadores de características tan positivas como para poder asumir la responsabilidad del funcionamiento de una espacio institucional que se constituye simbólicamente en el corazón del saber.

El lugar de los docentes.
Por otra parte, se hace necesario repensar el rol del profesor, no solo en el marco de la asignatura que ha decidido enseñar, sino más allá de ella. Soy Profesora de Literatura y sin duda, la enseñanza de mi asignatura me hace muy feliz, pero fundamentalmente estoy convencida de todo lo que a través de  ella puedo propiciar en un joven en el marco de su proceso de construcción de humanidad. Adhiero plenamente al planteo del español José María Esteve cuando afirma “En el proceso de construcción de mi propia identidad profesional, hace tiempo que descubrí que el objetivo último de un profesor es ser maestro de humanidad. (…) Para ser maestros de humanidad, los docentes hemos de enfocar nuestro trabajo en la enseñanza partiendo del objetivo de rescatar en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento”[1] [ii]El autor plantea la necesidad de salir de la exposición repetitiva de la información, inquietar a los jóvenes con provocaciones que permitan que se hagan preguntas, para que naturalmente aparezcan las respuestas.
En los liceos que tienen dinámicas hospitalarias, los docentes son los portadores de las mismas y no son puramente complacientes. Muy por el contrario, son profesores que generan vínculos cercanos, cálidos pero claros. Aprenden junto a sus alumnos, exploran con ellos,  se sorprenden con los hallazgos pero ponen certeros límites. Los Directores de estos centros suelen ser también docentes prestigiosos, compañeros de sus colegas pero líderes francos, que estimulan, que promueven la investigación, la  innovación.

Para dónde mirar.
Es claro que Colonia, como departamento, visto en términos de resultados educativos, se despega del resto del país. Se distingue por los resultados académicos y fundamentalmente por los resultados cualitativos de sus prácticas.  Cada problema se ve como una oportunidad para operar abordajes creativos, de manera de convertirlo en una fortaleza. El foco está puesto en los estudiantes, en las condiciones dignas para gestar el hecho educativo, en salir del padecimiento para tomar un rol activo transformador y en descubrir juntos modos de enseñar que permitan aprender. El re-conocimiento de cada uno de los jóvenes, de sus intereses, de sus deseos, de sus preocupaciones, constituyen el eje. Las instituciones son así, aunque diversas en cada localidad del departamento, profundamente hospitalarias, pensadas para el bienestar y el disfrute, para el deseo de permanecer. Los adultos, se conocen, se convocan, trabajan juntos y juntos desarrollan estrategias para dar respuesta a los jóvenes que por ser tales, los necesitan, para el abrazo y para el rezongo, para la apertura de ocasiones de desarrollo y para la puesta firme de límites.
Lo que ocurre en este departamento, ocurre también en forma más perlada, pero ocurre certeramente, en alguna localidad de cada departamento del interior de nuestro país. Yo creo que el secreto puede residir en la conciencia de los adultos de su rol de tales a la hora de sentirse responsables por traspasar el legado de la sociedad y asistir a la generación de los nuevos en la construcción de su proyecto de vida.

Entonces… ¿es posible?
La idea es derrotar los discursos fatalistas y paralizantes y acudir al llamado que este desafío de hoy nos impone: reinventarnos, repensarnos, desterrar conceptos perpetuadores como la linealidad y la previsibilidad de las relaciones educativas, del resultado de los aprendizajes.  Pensar juntos para nuevos diseños educativos que nos permitan perforar la rutina y construir tiempos y espacios nuevos, dotados de asombro, de novedad. Por eso es clave, participar para transformar.
En ocasión de una visita que hice al liceo de Santa Clara del Olimar, me encontré con una Directora y unos profesores que con absoluta humildad ponían en juego estrategias muy valiosas para abrir oportunidades a sus estudiantes. Descubrí una valiosa red de trabajo con las escuelas primarias que les nutren de matrícula, con actividades de todo el año entre adultos y jóvenes de ambas instituciones pero sobre todo con la convicción de que el trabajo intergeneracional entre grupos es saludable. La necesidad de forjar vínculos entre estudiantes de distintas instituciones y variadas edades se daba desde la certeza de que cuanto más cerrado y homogéneo es el grupo de pares entre los que nos formamos, aumenta la propensión a establecer vínculos violentos con el diferente. El planteo de los profes tenía esta aparente sencillez de planteo y a la vez tanta profundidad. Las actividades eran también muy sencillas y con materiales comunes, sin vistosas inversiones pero con consignas claras para gestar el intercambio y generar un producto común.
Son muchos los centros educativos que inauguran dinámicas de fuerte participación juvenil, que proponen un vínculo sano con las familias de los estudiantes y resisten convocar a los padres solo cuando es necesario reclamar sobre un mal comportamiento o una calificación insuficiente, abriendo espacios de trabajo compartido, aprovechando las potencialidades que cada padre porta. Son además muchos los centros educativos con un proyecto fuerte, que van más allá de lo curricular y generan propuestas de voluntariado juvenil, espacios de arte, actividades lúdicas intergeneracionales donde los jóvenes operan como líderes recreadores gestando propuestas, campeonatos de ajedrez, jornadas de ciencias, clubes de matemáticas, talleres de escritura o de lectura, solo para nombrar algo de lo mucho que aparece como un crisol de acciones que convocan a que lo mejor de cada uno surja y que el liceo sea un espacio cultural de cara a toda la comunidad y no solo el espacio laboral de unos pocos que deciden ser profes o funcionarios. Son instituciones que están lideradas por docentes que saben que es necesario poner el foco en las potencialidades para hacerlas surgir.
Es indudable que cada una de estas actividades que se llevan adelante, inciden notablemente en los resultados educativos y en los abordajes curriculares obligatorios. Cada joven que encuentra un ambiente propicio de aprendizaje da lo mejor de sí. Cada profesor que puede disfrutar del placer de enseñar, también brinda todo su caudal de saber y apoya a aquellos que con ritmos más lentos, llegarán igual a la meta si son sabiamente acompañados por adultos pacientes que confían en ellos. Es necesario re inaugurar una y otra vez el mecanismo del encuentro y la alegría de enseñar y de aprender.

A modo de cierre.
De la mano de la pedagoga argentina Graciela Frigerio, tomé conciencia plena que hospedar, reconocer y distribuir, son tres verbos claves cuando hablamos de educación. Las instituciones educativas y los adultos que en ellas residen deben ser hospitalarios con los jóvenes, pues de lo contrario, estarán falseando la esencia de lo educativo que no es ni más ni menos que recibir al otro para nutrirlo del legado, que lo conozca, se lo apropie y  lo transforme y que construya su proyecto de vida, así como también forje su lugar en el mundo. Naturalmente para que esto ocurra es necesario el proceso de reconocimiento, la filiación identitaria en un tiempo de la vida como la adolescencia, de construcciones plenas. La generosidad para recibir al otro y hacerlo portador de todo lo que la humanidad ha acumulado es un hecho clave que asegura una posibilidad certera de desarrollo.
Una leyenda popular dice que un día un conjunto de demonios se reunieron para quitarle la felicidad a los hombres. Del diálogo acerca de dónde esconderla, surge un lugar insólito. Ni en los mares, ni en los montes, sino dentro de los propios hombres, con la certeza de que estarían tan preocupados por buscarla fuera que nunca se darían cuenta que la traen consigo. Yo pienso que esto es extensible a nuestra educación y que explica ese afán desesperado por encontrar modelos fuera que puedan trasplantarse sin mirar que ya existen experiencias, instituciones, colectivos que han encontrado cómo hacer para que los aprendizajes se produzcan y se rescate el asombro y la alegría por aprender. Quizás, como los hombres de la leyenda, estamos buscando fuera, lo que ya tenemos…



[1] Tenti Fanfani, Emilio (comp.) El oficio de docente. Vocación, trabajo y profesión en el siglo XXI. Siglo XXI Editores Argentina, 2006




[i] Quiero señalar mi agradecimiento al Psic. Luis Giménez y a la Prof. Mariela Tocco que me interpelaron con una pregunta similar a la que da título a este modesto trabajo. Es muy saludable y necesario contar con gente que inspira e interpela.