jueves, 31 de marzo de 2016

La guerra (in)visible



Solía decirles a mis alumnos que no es de buen compañero guardar silencio y proteger al que hace las cosas mal. Máxime si el que hace tales cosas, pone en riesgo a todo el colectivo, lo daña con sus acciones y aún permite que cuando llega la hora de las responsabilidades y las consiguientes consecuencias, paguen todos a fuerza de diluir su responsabilidad y apelar al compañerismo que en principio él nunca tuvo.
Siempre me pregunté acerca de esta extraña reacción del ser humano que protege a los culpables.  Y también me he interrogado sobre esa actitud de algunos humanos que expone al resto, impunemente, sin importarle el dolor que inflige. De verdad, han pasado los años y no lo entiendo, aunque he confirmado que esto ocurre no solo en la adolescencia.

Con el tiempo empecé a comprobar que hay muchos motivos que se desencadenan en esta situaciones.  Por lo menos pueden reconocerse dos grandes grupos: hay  un conjunto de personas que calla por comodidad y otro que calla por miedo. Más vale quedar como protector silencioso de los responsables del mal como modo de asegurarse de que no nos molestarán porque en ese pacto hay algo de compromiso de futuro, una cierta seguridad, la certeza de confort, de estar más allá de los daños que puedan imprimirse, en fin, de comprar la exoneración de la probable condición de ser víctima en el futuro. Hay algo de mercantil en la propuesta, como un trueque, yo callo, tú me respetas…

Otro grupo en cambio, teme y el temor lo hace callar. Teme vigorosamente ser dañado, teme al horror de pasar todos los días, cada día soportando al que tiene el poder y puede ponernos en la picota de su deseo y someternos hasta el escarnio. Teme y calla. Prefiere el infierno del silencio cómplice a cambio de la certeza cotidiana de que no será sometido, de que no será la próxima víctima. Aún cuando lo que calle sea terrible y vaya contra sus intereses y convicciones. Otra forma mercantil de vivir. Yo callo, tú no me sometes, quedo exonerado de ser tu víctima. Te salvé, me debes una…
En el fondo, son dos perlas del mismo collar. Lo malo es cómo vamos acompañando a algunos humanos al control de las situaciones, entregándole con nuestro silencio, -por temor o por comodidad-  los hilos de la vida. Así se va forjando la guerra (in)visible. Cada día, a cada hora, vamos viviendo a expensas de algunos seres que son los que determinan lo que ocurrirá… aún cuando lo que ellos determinen no responda a nuestras convicciones y deseos, e incluso, cuando lo que ellos hagan niegue lo que nosotros creemos. Asistimos en silencio a la guerra silenciosa…


Los pactos de silencio que habilitan las malas acciones y los padecimientos de unos sobre otros, son acciones individualistas en las que se espera el beneficio de no salir personalmente perjudicado y alegrarse de que el perjudicado sea otro.

martes, 29 de marzo de 2016

Arqueología pedagógica.

Arqueología pedagógica.

Era un tarde limpia, de las que anuncian el verano, agradable y templada. Era una tarde de aquella en las que el ambiente es propicio para la exploración de sentimientos encontrados: alegría y melancolía, por ejemplo. Aprovechamos con Mariela aquel retazo de día,  para conocer el nuevo edificio del liceo 7 de Montevideo y también, para despedirnos del antiguo. Cada una tenía el caudal de recuerdos de adolescencia como para justificar la melancolía y también la suficiente racionalidad como para aceptar que aquel viejo edificio, alguna vez convento, devenido luego en liceo, ya no daba para más y terminaba su vida útil.

Es increíble confirmar cuántos recuerdos pueden atesorar las paredes…  una adolescencia suspendida  en los muros… el liceo como espacio de crecimiento, como lugar para “ser”.

El nuevo edificio, de acceso por la calle Berro, nos impactó… Un diseño de vanguardia, luminoso, amplio, invitando a transitarlo placenteramente. Nos impresionaron las escalinatas del patio principal, de una amplitud tan señorial como para favorecer la posible permanencia de los adolescentes, entre otras cosas para ver videos o reproducciones visuales en el panel blanco que las preside. Una maravilla de diseño, una invitación a estar, a ser, un edificio que se ofrece como escenario seguro para  estos nuevos jóvenes que harán de éste,  su lugar de pertenencia.  

Nos dejamos ganar por el entusiasmo, por el impacto de la luz y recorrimos este nuevo edificio como dos exploradoras entusiasmadas que han encontrado el preciado tesoro. . Pero claro, cada caverna tiene su final… y allí al final de este espacio maravilloso, esperaba para ser demolido la expresión material de nuestro amor adolescente.  Pasamos la puerta y estaba nuestro viejo local del  Suárez, de nuestro Suárez, el liceo donde Mariela hizo el liceo y desde cuyas ventanas vio aparecer alguna vez, con mucho temor a las Fuerzas Conjuntas. El Suárez, el liceo donde yo hice mis primeras armas como practicante, donde di mis primeras clases de literatura, -seguramente muy malas- pero preparadas con el entusiasmo de quien quiere sacar lo mejor de sí porque cree en la educación como proceso de cambio social.

Mariela, enloquece…Corre, se emociona, vibra recordando momentos en cada espacio… - Mi clase, -grita-, mi clase… Desde esta ventana vi llegar a los “milicos” un día. - Qué miedo pero qué fuerza también teníamos….Sigue corriendo. Se acerca al frente del salón y cuenta acerca de un experimento de química que explotó en esa clase y …ay, qué maravilla la vida, la fórmula está casualmente escrita en el viejo pizarrón… - No lo puedo creer… no es cierto… Pero si, lo es.  La vida conspira para generarnos más emociones, para impactarnos, para sorprendernos.  Su rostro enrojece y esos preciosos ojos celestes se intensifican y desbordan, encantados. La vida se expresa en ese cuerpo que se nutre de pasado para abrirse paso en esta materia  presente al borde de desaparecer….



Y aún queda más… Queda la despedida del laboratorio de Ciencias, un espacio inolvidable para una adolescente que acariciaba caminos profesionales que rondaban por la Química. Allí también nos esperaba una sorpresa. Un laboratorio casi desmantelado, en el que quedaba solo alguna mesa y algún otro vestigio de experimentos y hallazgos. Allí, nos cuenta uno de los Arquitectos, acaban de retirar el pizarrón de cármica blanca que estaba impecable y podía ser usado en algún lugar del nuevo liceo. Y debajo de la reluciente cármica estaba el viejo pizarrón negro, con sus escrituras de tiza intactas… con sus fórmulas químicas y los restos de la última clase resistiendo el tiempo… Arqueología pedagógica, que le dicen…




lunes, 28 de marzo de 2016

Que la poesía nos salve del mundo



Construyo
Creo
Caigo

Construyo
Creo  (de crear)
Caigo

Construyo
Creo (de crear y de creer)
Caigo

Construyo…

Que los que intentan hacernos caer, se queden mascando su rabia de vernos CREAR Y CREER.

domingo, 27 de marzo de 2016

¿Te acordás ?



-¿Te acordás que cuando éramos chicas en cada barrio había un terreno baldío llenito de campanillas azules y tacos de reina?

Con esta pregunta y en un instante mágico, como tantas otras veces, Margarita me ponía las alas y yo echaba a volar. Claro, ahora a través del tiempo, recuperando la imagen colorida del azul y el naranja de las flores entrelazadas con  los tallos desordenados que había allá,  en el baldío de mi infancia, a la vuelta de mi casa de Pocitos.

-         Claro...tenés razón!.  ¡Cómo no voy a acordarme! .

Y pego un nuevo aletazo pletórico de olores y colores de otros tiempos. También de sonidos, de risas, de aventuras infantiles. ¡Hace tanto y sin embargo, cómo puede uno renovar sensaciones con un cálido estímulo!
Aquellos baldíos...donde siempre había un bichicome en el fondo,  que llegaba, estacionaba su carrito y se quedaba unos días de pasada.
Aquellos bichicomes que siempre eran amigos de los niños, a quienes vigilábamos porque nos llamaba la atención esa vida errante que se contraponía con la nuestra,  tan estable. Aquellos, los de antes, a quienes espiábamos mientras cocinaban en sus latitas... aquellos tan prudentes hasta a la hora de beber –me dice esta mujer increíble, de ojos rasgados y hablar entusiasmado, mientras gesticula haciendo movimientos en el aire ahuecando sus manos-
     - Aquellos , ¿te acordás que envolvían en diario la botella de vino y la escondían adentro de una chismosa?

Cuánto pudor..cuánta vergüenza...¿qué nos habrá pasado?






Setiembre 2009.

sábado, 26 de marzo de 2016

La eterna adolescencia de Lucía

-Yo tiré una “ bomba” en el baño del liceo cuando tenía catorce años.
- ¿ En serioooooooo?
- Siii –y sonríe-
-         ¿ Y por qué lo hiciste?
-         No sé...Yo tuve una adolescencia difícil. Estaba muy enojada...después me di cuenta de muchas cosas...En realidad estaba enojada con mi mamá. 
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Estoy sentada en el primer piso del liceo,  en un espacio vidriado frente a la ancha escalera de acceso y desde allí, veo aparecer a Lucía. No es una casualidad que ella porte ese nombre porque ella en verdad, es portadora de la luz. 
Lucía: “luz del día”, me dice,  - según mi  abuela ese es el significado de mi nombre. 
Lucía...sonrisa abierta y franca  que casi me remonta a los famosos versos de Quevedo en aquello de “érase un hombre a una nariz pegado”, aquí corresponde a “érase una profe a una sonrisa pegada, érase una sonrisa superlativa”. Es que primero llega la sonrisa y después llega Lucía.  Y llega así, simplemente feliz porque le gusta lo que hace, porque ama a los jóvenes y degusta permanentemente la alegría de recordarse adolescente y saberse aún hoy a los treinta y pico tan cercana a ellos. 
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-         Yo fui muy difícil,  por eso entiendo y defiendo tanto a mis alumnos. Yo me juntaba con los varones bravos, los que se vestían de negro y se hacían los penachos en el pelo. 
Me lo cuenta sin renunciar a  la sonrisa y a la ternura que le provocan  esos recuerdos.
-         ¿ Y vos también eras gótica...o....dark ?
-         Nooo, bue...me vestía de negro pero nunca me hice el penacho en el pelo, creo que porque nunca me atreví, no era tan valiente  - se ríe ahora intensamente.



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Para los que quieran profundizar en ADOLESCENCIA, el link lleva a una ponencia de la Dra. Carmen Rodríguez, verdaderamente muy disfrutable: