domingo, 25 de febrero de 2018

Repensando la vida liceal. Reflexionando sobre algunas ideas para la transformación esperada.



La universalización de la educación media y la generalización de la educación universitaria son dos objetivos que el Estado  se ha planteado como irrenunciables.

El filósofo griego Aristóteles[i], empleó la palabra dunamis para analizar aspectos del hombre en cuanto a sus capacidades o potencialidades para existir y actuar. El ser en acto y el ser en potencia. Justamente es esta capacidad de ser, de desarrollar la potencia sobre lo que la educación debe poner el foco. De alguna manera, la palabra dunamis nos conecta con el concepto de capacidad que puso en marcha el economista bengalí Amartya Sen (1999). “El desarrollo es el proceso de expansión de las capacidades de las que disfrutan los individuos”, entendiendo las capacidades como las posibilidades de alcanzar desempeños valiosos. Las capacidades remiten a las libertades, en cuanto a contar con oportunidades para construir el proyecto de vida, para confeccionar el destino.

Es innegable la importancia que los primeros veinte años de vida tienen en cuanto a la posibilidad de construir un proyecto de vida pleno, y será a través de la educación que  las potencialidades de las que cada uno es portador,  se evidenciarán como  condiciones habilitantes para la vida, o quedarán obturadas.  Es el derecho que abre la puerta para el goce y ejercicio pleno de todos los otros Derechos Humanos, pues es claro que para poder ejercer los derechos, primero es clave conocerlos y en segunda instancia es vital desarrollar herramientas para construir procesos de exigibilidad. “Cuando una persona es analfabeta, su habilidad para entender e invocar sus derechos es limitada y su falencia educacional puede liderar otra clase de privaciones(…) la educación básica puede ayudar a reducir la privación básica (…) los analfabetos no tienen voz en política  para hacer sus demandas”[ii]

Asegurar la educación es asegurar la capacidad interrogativa que el individuo puede tener sobre cómo vive y sobre todo qué alternativa tiene para reconstruir su historia y por ende, la historia. Como contrapartida exige naturalmente, contar con oportunidades para no quedar cristalizado en un destino único, monolítico, incambiado e incambiable. No corre por cuenta de cada individuo en solitario la posibilidad de desarrollar sus capacidades, sin lugar a dudas, y sobre todo en la adolescencia, los adultos del entorno serán facilitadores hacia el progreso o no.

Es fundamental que las instituciones educativas se constituyan en  escenarios de oportunidades,  escenarios de vida para  ayudar a todas las personas a resistir a la historia familiar, que generen un “antidestino”, que provean de herramientas para que la vida no sea una condena ligada a las condiciones familiares no elegidas por el individuo. Las instituciones condicionan o impulsan las realizaciones de las personas. Para esto, es indispensable asegurar la trayectoria de cada uno de los uruguayos por el sistema educativo, aceptando los diversos ritmos y modos de transitarlo.

Indudablemente en los últimos años se ha logrado mejorar el acceso a la educación media, especialmente entre los adolescentes de los hogares más vulnerables. Hay un marco de acceso a la educación de jóvenes de entre 12 y 14 años, cuasi universal con el desarrollo de una estrategia de carácter operativo que ha resultado excelente a la hora de detectar niños y jóvenes que habiendo culminado la educación primaria no se encuentran cursando la educación media (Sistema de Protección de Trayectorias. ANEP). En los últimos treinta años, Uruguay  experimentó un cambio notorio, escasamente reconocido en el discurso público que se relaciona con el acceso a la educación formal en todos los niveles educativos[iii]. Sin embargo,  pese a todos los esfuerzos realizados, incluso, pese a la constatación de la mejora en cuanto a la promoción de estudiantes especialmente en el Ciclo Básico que se viene dando en forma sostenida en los últimos cinco años, subsiste aproximadamente un 25 por ciento. Estos jóvenes que no culminan  la educación media, que quedan con sus trayectorias educativas formales truncas, y por lo tanto con su posibilidad personal de desarrollo inhabilitada y la consiguiente consecuencia  que esto acarrea a la sociedad.
Además del seguimiento personalizado de cada niño que egresa de la escuela, es necesario implementar cambios que aseguren los aprendizajes, atendiendo el recorrido previo que cada estudiante realizó (recuérdese las altas tasas de rezago escolar con el que llegan una cuarta parte de los niños a educación media desde educación primaria), ofreciendo actividades alternativas, metodologías actualizadas y formatos variados que aseguren el desarrollo de habilidades, procesos y saberes indispensables para continuar la trayectoria educativa formal y en muchos casos que compensen la falencia familiar en el plano cultural y educativo.

Sin ánimo de tener una mirada ingenua o de minimizar los problemas, lo cierto es que es tiempo de hacer, recordando la máxima portadora de sabiduría popular: “Si quieres que algo cambie, cambia algo. Si haces lo mismo de siempre, tendrás lo mismo de siempre”, la realización de un ejercicio reflexivo con sugerencias para revisar la práctica pedagógica puede aportar sobre todo en el inicio de un año lectivo, cuando se está gestando la planificación.

Las líneas que siguen intentarán a través de una mirada realista sugerir acciones concretas que puedan ser implementadas en los centros educativos por los equipos docentes con lo que contamos en los liceos del país y que seguramente una vez implementadas permitirán generar resultados observables. De hecho, hay evidencia empírica: en los centros en los que al menos alguna de estas acciones se desarrollan, ya se observan cambios interesantes y efectos satisfactorios.

2. Las ideas se validan con la ejecución.

En principio, es  necesario problematizar interrogando la práctica pedagógica,  las instituciones educativas y la concepción profesional docente. Pero es fundamental interrogarlos saliendo DE LA TRAMA DE CAUTIVIDADES, DEL “NO SE PUEDE”...
Los liceos tienen como propósito recibir a los jóvenes, traspasar el legado, provocar el desarrollo de la subjetividad en vínculo con pares y otros adultos diferentes a los de su familia para descubrir nuevos modos de responder a las propuestas que el mundo ya trae, para operar desde la radical novedad y ofrecer opciones en la construcción del proyecto de vida.

Para que esto se produzca es impostergable redefinir el funcionamiento liceal, apostando a que sea un espacio de acción de potencialidades, de crecimiento de la subjetividad, del que cada joven pueda sentirse parte, formando parte.  Hay una constitución institucional rigurosamente rutinaria, codificada, a la manera de un damero, que inexorablemente expulsa a los que no se adaptan, poniendo la responsabilidad en el recién llegado  porque la  institución funciona de un modo anestesiado donde no hay lugar para las interrogantes. La trayectoria escolar no solo se refiere a recorridos personales de los alumnos, sino que interpela y moviliza a los centros educativos a buscar estrategias de trabajo para garantizar la permanencia y los aprendizajes. Cabe preguntarse si la retención aún insatisfactoria de jóvenes en nuestro sistema educativo medio no ameritan la pregunta: ¿las dificultades las tienen los sujetos o las tienen las instituciones? Al respecto, los invito a pensar algunas cuestiones sobre la necesaria revisión de la práctica educativa para cumplir el cometido, es decir que además de matricularse, los jóvenes permanezcan y aprendan

2.1 El pacto de la presencialidad.
El tema de la presencia en los centros educativos resulta urticante. Lo es para los adultos y también lo es para los adolescentes que van cada vez más desarrollando una presencia intermitente en las instituciones. Esa falta de continuidad  conspira contra las posibilidades de desarrollo del proceso y por lo tanto del resultado esperado. Por lo pronto, parece  fundamental asegurar siempre que los adultos estén haciendo una oferta a ese joven que llega. Insisto en que vivimos un tiempo en que una porción de estudiantes tiene dificultades severas para sostener la asistencia regular a clase, por lo tanto, es tarea esencial de los adultos, hacer de los tiempos institucionales, tiempos valiosos, interesantes, con contenido. Si el joven tiene una asistencia de baja intensidad, es impostergable pensar en el  liceo como un lugar del acontecer con sentido para ese joven, por lo tanto es fundamental que todos los actores institucionales, puedan cumplir este rol de ofrecer en los tiempos de duración de la estadía del joven en el centro, actividades formativas[1]. Asimismo, es importante que los actores institucionales se descubran e identifiquen como agentes educativos. Lo importante es que cada uno de los actores institucionales desarrolle en el campo de su expertise y tenga disponible un conjunto de actividades de posible aplicación para que los tiempos de los estudiantes sean tiempos valiosos y que el joven no quede con la sensación del sinsentido de haber concurrido al liceo.

2.2  Los talleres como espacios adicionales a los curriculares.
Sin ingresar en consideraciones acerca de la pertinencia de los planes vigentes a nivel de currículum oficial, hay un espacio de construcción curricular que le compete al centro educativo. Requiere una escucha atenta para recoger los intereses de los estudiantes y así forjar espacios nuevos de circulación de saberes no tradicionales en el liceo. Permite a los estudiantes explorar intereses, descubrir vocaciones ocultas, trabajar con una metodología más libre que la que habitualmente tiene en la clase curricular y formar parte de otro grupo de jóvenes diferente al grupo/clase tradicional. Los talleres son espacios riquísimos de aprendizaje, no solo por lo que allí se ofrece sino porque además pone a los estudiantes en una situación diferente, le ofrece una oportunidad de vínculo distinta con el adulto a cargo y permite el intercambio entre jóvenes abriendo una oportunidad de un nuevo grupo de pertenencia. Tengo la convicción de que estos saberes y habilidades desarrolladas en los espacios de taller, son indudablemente valiosos e impactan en la capacidad de aprendizaje y disposición al saber que el joven necesita tener activados para producir un mejor resultado en las asignaturas del currículum oficial.

A los beneficios señalados, se suma que el centro educativo mejora en sus niveles de convivencia en forma general. Integrar dentro del centro aulas temáticas donde se cruzan y conviven estudiantes de distintos años e incluso turnos, promueve el conocimiento entre jóvenes y el disfrute por la confirmación de todo lo que tienen en común y elimina la desconfianza que es muchas veces, por  inseguridad, el origen de las disputas adolescentes.

Además de los espacios denominados de taller y que en nuestra propuesta forman parte de la extensión del tiempo pedagógico, el  taller es una opción indispensable cuando pensamos en la propuesta metodológica del aula. Produce efectos muy beneficiosos: habilita la reflexión,  el intercambio y la construcción comprensiva del conocimiento, además de generar dinamismo a la clase y permitir el protagonismo pleno de los estudiantes.

2.3 Disparar la creatividad: proyectos y preguntas disparadoras.
Apostando a una nueva forma de organización y vida institucional, es ineludible poner el foco en la metodología de trabajo en el aula. Cargamos con una historia adultocéntrica, en que el profesor, que en su tiempo tenía el monopolio de la información, usaba el tiempo de clase para compartir su saber en forma vertical. Hoy es necesario, situar la mirada en el alumno y repensar el lugar del saber que debe volverse disponible, como un saber en conjunción con otros campos del conocimiento. Así que la propuesta es la del trabajo interdisiciplinario, estableciendo nuevos modos de relación entre la educación y el conocimiento, también entre el profesor y los estudiantes, “…debemos ser algo más que convertirnos en expertos de la rutina, aplicando y perfeccionando algún modelo heredado –aún cuando proceda de los mejores-”, (…) “los profesores que son muy efectivos diseñan mejores experiencias de aprendizaje para sus estudiantes, en parte debido a que conciben la enseñanza como fomento del aprendizaje”(…) “Se preguntan si quieren que los estudiantes recuerden, comprendan, apliquen, analicen, sinteticen o evalúen”[iv]. Hay investigaciones que muestran que los mejores profesores “tienden a sumergir los asuntos de la disciplina en intereses más generales, dando a menudo un enfoque interdisciplinario de los problemas”. Las preguntas son fundamentales y tremendamente provocadoras y los docentes debemos aprender a construirlas, porque estamos más acostumbrados a dar respuestas a preguntas que ningún alumno nos formuló que a hacer buenas preguntas disparadoras y planteamiento de problemas que apunten a resignficar el conocimiento que permitan que el joven se ponga en situación de búsqueda de respuestas, a través de tareas auténticas de búsqueda de caminos de resolución.  Hablamos del aprendizaje basado en proyectos (ABP), un método de enseñanza y de aprendizaje basado en el estudiante, en el que éste adquiere conocimientos, habilidades y virtudes a través del abordaje de situaciones de la vida real.

La argentina Flavia Terigi insiste en lo necesario que es aprender a hacer preguntas interesantes que no se respondan con un retazo de información. Asimismo insiste en lo importante que es poner en entredicho algunas “verdades” de esas que han estructurado nuestro sistema educativo. Fundamentalmente plantea la necesidad de desarrollar un saber pedagógico, en especial, didáctico que incremente nuestra capacidad para desarrollar un repertorio de estrategias y acciones que permitan acompañar los tiempos y  ritmos diversos de los aprendizajes de nuestros estudiantes (cronologías de aprendizaje), ya que en condiciones de enseñanza simultánea, tenemos que empezar a manejar más de una cronología de aprendizaje.

2.4 Uso de los tiempos y los espacios institucionales. 
Una metodología de este tipo derriba las viejas concepciones sobre el uso del tiempo en educación. Hasta no hace mucho, se pensaba en unidades fragmentadas para mantener la atención del alumno. Sin embargo, se comprueba en el marco del desarrollo de propuestas de trabajo como las que planteamos,  que la mayor disponibilidad de tiempo en forma consecutiva, favorece el desarrollo de procesos completos, entusiasma en la medida en que el joven se incorpora a un procedimiento que él mismo define junto a  sus compañeros y que exige tiempo para su desarrollo: búsqueda de información, discusión, propuestas de organización del  trabajo, realización, conclusiones.

Los equipos directivos  y docentes de las instituciones educativas en acuerdo con los equipos inspectivos pueden hacer en el marco de su autonomía, los arreglos estructurales que consideren pertinentes para favorecer los aprendizajes en cuanto al uso de los tiempos y los espacios institucionales.

2.5 Resignificación de espacios institucionales existentes: coordinación y acompañamientos.
A la luz de lo planteado, también es necesario dotar de discusiones fértiles y de oportunidades de compartir aciertos y errores, experiencias educativas llevadas adelante en el centro, a los espacios de coordinación docente[2] La génesis del espacio de coordinación estuvo siempre centrada en abrir la oportunidad de encuentro entre colegas para el intercambio profesional  con la esperanza que incida en las prácticas pedagógicas. No puede ser un espacio burocratizado porque deja de ser fértil en términos de oportunidad y pasa a ser una carga para el propio profesor y un despilfarro de fondos inútil para el sistema.

Por otro lado es importante también resignificar el uso de los tiempos que se otorgan para realizar un acompañamiento a los estudiantes que lo requieran. Un adulto disponible que genera confianza en las propias posibilidades del joven, que lo escucha y lo ayuda a tramitar sus dificultades es clave. Los espacios de tutoría, las horas de Acompañamiento a las Trayectorias Educativas, son oportunidades para generar lazos con los estudiantes e incluso armar equipos entre estudiantes más adelantados y los de menor rendimiento, puesto que está probado que para los primeros es un beneficio pues uno aprende mucho cuando enseña pero además las tutorías entre pares suelen tener un efecto más potente que las tutorías entre adultos y jóvenes. El profesor puede funcionar como un orientador, estimulando a los estudiantes a nutrirse mutuamente del saber que cada  uno porta para tener todos, mejores resultados.

2.6 Trabajo en red: compartiendo experiencias.  El derecho a la participación.
Si hay una modalidad que asegura el enriquecimiento mutuo y no requiere de mayores dificultades para su implementación es el trabajo en red. Más aún en el tiempo que corre en que a través de la tecnología y en tiempo real, somos capaces de “reunirnos” con otros y tener un nivel de intercambio fuerte, superando las barreras espaciales, e incluso las temporales. Es fundamental, gestar redes de trabajo. Desde hace tres años estamos trabajando en la Red de Aprendizajes y ya contamos con 83 centros educativos que participan. Es de alguna manera, una modalidad de trabajo que promueve la innovación y que facilita la construcción cooperativa entre docentes y centros educativos. Está claro que las experiencias no son calcables, pero son iluminadoras. Escuchar el relato de cómo otros superaron sus dificultades, abordaron sus conflictos y pudieron producir otra realidad en el liceo y el aula, nos puede permitir vislumbrar caminos aún no recorridos que pueden ser valiosos. En el caso de los 83 centros que están en red, destaco que además del intercambio dentro de nuestro país, se vinculan con centros educativos de media de otros países.

2.7 Las duplas docentes.
Desde hace un par de años venimos ensayando el trabajo en duplas o tríos docentes.
Desde la dimensión del docente, esta tarea permite el desarrollo de cualidades personales (madurez emocional, capacidad de negociación, compromiso, afrontar los conflictos como retos de conocimientos, la construcción de confianza y vínculos, la apertura) y cualidades profesionales (desafío a la hegemonía por el liderazgo, docente autor, elaboración de un registro reflexivo, retroalimentación y reflexión permanente). Lo cierto es que es una experiencia movilizadora que pone al docente en una nueva situación, y permite la alteración de los roles en el aula.

Desde la dimensión de los alumnos, supone una forma novedosa de aprender, experimentando la interdisciplinariedad más allá de lo intelectual, situando la relación con el conocimiento desde el paradigma de la complejidad, promoviendo el deseo de explorar, buscar explicaciones y vivir el desafío de la participación activa en su aprendizaje. Sin lugar a dudas, además es una oportunidad que favorece el desarrollo de un currículum integrador y habilita más fácilmente a la planificación y creación de propuestas de adaptación curricular.

El trabajo en duplas o equipos docentes en general, en el aula a un tiempo y con una propuesta problematizadora evidencia la tensión entre la identidad disciplinar y la disponibilidad disciplinaria que resulta de la interacción de las disciplinas entre sí. [3]

2.8 La evaluación como parte del proceso de enseñanza y de aprendizaje.
La evaluación no puede ser concebida en forma periférica y separada del proceso de enseñanza y de aprendizaje. Es necesario entender que la acreditación es solo una de las facetas de la evaluación y que su valor verdadero radica en que se constituye en parte del proceso de enseñar y aprender que vive el estudiante y su profesor.

El Marco Curricular de Referencia Nacional de la ANEP destaca que la importancia de la evaluación radica en que:
- Permite dilucidar, objetivar y establecer apreciaciones acerca de los procesos de aprendizajes. Esto implica el desarrollo de una perspectiva crítico-valorativa en el aprendiente y en el docente (dimensión metacognitiva).
- Habilita la autorregulación. Pensarse en tanto aprendiente favorece la toma de control y el monitoreo de los aspectos que se presentan en las situaciones de aprendizaje.
- Plantea una perspectiva formativa y formadora. Formativa, en relación con los dispositivos de enseñanza, ajustes y adecuaciones que el docente introduce en función de los procesos que procura impulsar y las ocurrencias de la práctica; formadora, en relación con la apropiación y autorregulación que el estudiante asume en la conducción de su aprendizaje.
- Asume una orientación comprensiva y cualitativa de los aprendizajes. Supone poner en diálogo la reflexión del docente y del aprendiente en torno a los procesos y objetos de aprendizaje, lo que permite enriquecer y afinar las valoraciones que se expresen.
- Favorece la congruencia entre instrumentos y metodología de implementación. La evaluación no se concibe como control externo, sino que se la piensa en el centro del aprendizaje (Litwin, 1998). En consecuencia, las instancias de evaluación deberán habilitar en el aprendiente el despliegue de diferentes estrategias (reflexión personal, búsquedas individuales o grupales, ayuda en procesos colaborativos, coparticipación, consulta a pares o a referencias bibliográficas, etc.).”[v]

Después de todo lo expresado en los párrafos anteriores, enfatizamos, por último, la libertad del equipo directivo y de los actores educativos  para definir aspectos organizacionales que fomenten la creatividad y la construcción de la propuesta pedagógica contextualizada, centrada en los jóvenes, proveedora de aprendizajes.



[1] Existe un abanico inmenso de tareas que se pueden desempeñar y que se constituyen en sí mismas como opciones valiosas para invertir el tiempo: la lectura de un texto a viva voz, el análisis y comentario de alguna noticia de actualidad, los juegos ortográficos o de desarrollo de las capacidades lógicas o el simple disfrute de escuchar una canción y discutir el contenido de su letra, visitar el laboratorio de ciencias y recordar las normas de seguridad, realizar alguna pràctica sencilla, visitar el laboratorio digital y llevar adelante alguna propuesta.
[2] La coordinación docente es un tiempo salarialmente compensado con el que cuentan los profesores uruguayos a nivel semanal. Su asignación tiene relación con el número de horas de clase que tenga (en general tienen entre dos y cuatro horas de coordinación) Ha sido pensado como un espacio para que los docentes se encuentren, discutan, se formen, planifiquen y diseñen estrategias y actividades.
[3] El apartado sobre Duplas Docentes, se realizó a partir de instancias de intecambio con la Prof. Cristina Ferro Echegaray que se encuentra abocada al estudio y análisis de esta experiencia, desde el año 2016 en que la misma comenzó a implementarse en los liceos.




[i] Aristóteles. Tratado sobre el alma.

[ii] London, Alicia y Formicella, María Marta. EL concepto de desarrollo de Sen y su vinculación con Economía y Sociedad. Año XI No. 17 Enero-Junio 2006 http://www.redalyc.org/html/510/51001702/
[iii] De Armas, Gustavo. Trayectorias educativas en Uruguay. Principales rasgos, tendencias y desafíos para las políticas pùblicas. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. UNICEF. Uruguay. Año 2017

[iv] Bain, Ken “Lo que hacen los mejores profesores universitarios” PUV, 2004

[v] ANEP. “Marco Curricular de Referencia Nacional” Montevideo, 2017

domingo, 18 de febrero de 2018

A 150 Años de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular Construyendo desde siempre una educación innovadora, popular, forjadora de democracia



Los aniversarios “cerrados” convocan conmemoraciones especiales, son buenos momentos para profundizar reflexiones, evaluar aprendizajes  y plantear nuevos desafíos. 

Este año lectivo 2018 reviste una importancia especial. El próximo 18 de setiembre celebraremos el encuentro de un grupo de jóvenes que supieron soñar juntos, seguramente sin poder predecir en aquel momento cuán importantes resultarían  aquellos encuentros para pensar y hacer en educación. Y efectivamente, lograron cambiar la historia de todos los uruguayos generando la Sociedad de Amigos de la Educación Popular. Cuando uno recorre las páginas de la historia no puede menos que sorprenderse de que ese conjunto de veinteañeros lograra una acción tan significativa,  una verdadera revolución cultural de largo alcance que forjó la identidad de nuestro país. Entre sus principales referentes ubicamos a Elbio Fernández, el mayor del grupo con 26 años y primero en fallecer, José Pedro Varela de 23, Carlos María Ramírez de 21, Alfredo Vázquez Acevedo de 24 años. Y aquella juventud desbordante fue la que quizás aseguró la fuerza de la propuesta y marcó para siempre que los uruguayos nos damos a pensar la educación desde una mirada inclusiva, contando con todos y cada uno de los ciudadanos como potenciales participantes de un proceso que desde el inicio se asoció con el desarrollo del país.

Expresó Varela en aquellos años “la educación preparará al niño para ser hombre y ser ciudadano, para cumplir estrictamente con sus deberes y hacer uso inteligente de sus derechos”. Una increíble anticipación de conceptos muy actuales como la educación vista como un derecho que asegura el acceso a todos los otros derechos humanos.

El último cuadrante del siglo XIX fue decisorio en la configuración futura de nuestro país. La inserción de Uruguay en el mercado económico internacional, la definición de un mito constituyente que diera nacimiento al joven Estado, la unificación del país bajo un solo poder, la viabilidad para sobrevivir ante dos gigantes como Argentina y Brasil fueron temas de permanente debate. En ese contexto este grupo de jóvenes ve en la educación la herramienta idónea para avanzar y florecer como país, y ser el canal de la libertad necesaria para el pueblo.

Los problemas y desafíos del hoy son otros, el contexto internacional también,  pero subiste una continuidad y ánimo de cambio, y una prevalencia de ver y sentir a la educación como herramienta principal para la mejora de la calidad de vida de uruguayas y uruguayos. Aquellos jóvenes marcaron, matrizaron nuestro destino.

Vivimos un siglo XXI donde la globalización definitivamente se asentó, las migraciones son moneda corriente y el desarrollo científico tecnológico se acelera día tras día sin permitirnos asimilar el cambio cuando ya nuevos cambios aparecen. La educación tiene el desafío de colaborar en el proceso de apropiación de las transformaciones, pero también el Estado debe cumplir un mandado largamente requerido, el llevar la educación a todos los habitantes del territorio y hacerlo con la mejor calidad en igualdad de condiciones. Michael Fullan expresó “estamos tan acostumbrados a la presencia de cambio que rara vez nos paramos a pensar qué significa realmente el cambio tal y como lo experimentamos. El quid del cambio es cómo asumen los individuos esta realidad”[1]. Y para esto debemos educar, para forjar ciudadanos que puedan responder  a las diversas situaciones de la vida, habilidosos a la hora de forjar respuestas, interesados y curiosos para construir soluciones a los problemas esperados e inesperados que deberán afrontar en la vida cotidiana. Aquellos jóvenes integrantes de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular, supieron vislumbrar hace 150 años la importancia de la educación en la vida de las personas, como proceso habilitador de desarrollo humano, y ese sello, el de la mirada distributiva, el de la educación inclusiva, es el que nos rige para afrontar la innovación  y las exigencias del mundo de hoy, aprovechando esta herencia.

Para el Consejo de Educación Secundaria, este 2018 será un año de celebraciones. Particularmente en setiembre, emprenderemos acciones concretas que nos permitan recoger este legado, reavivarlo, agradecer a aquellos jóvenes y tener la fuerza necesaria para distribuir el saber entre todos los jóvenes de hoy.

La agenda de actividades la daremos a conocer oportunamente, para la que estarán todos invitados. La intención reside en contribuir al debate por una educación popular en libertad desde los propios sujetos involucrados evaluando lo hecho y fundamentalmente proponiendo nuevas acciones. Al decir de José Martí “la mejor forma de decir es hacer”.  En ese sentido vamos trabajando cada día.


El presente texto ha sido escrito en coautoría con el Prof. Oscar Destouet y publicado en el Diario La República de Uruguay, el 18 de febrero del año 2018


[1] Michael Fullan, Los nuevos significados del cambio en la educación, Octaedro, España 2012, pág.61.

jueves, 8 de febrero de 2018

Hay que seguir construyendo faros. [i]


La adolescencia como tiempo de construcción vital.

El  psicoanalista uruguayo Marcelo Viñar dice que hay algo indeleble, casi indecible que habita en cada persona madura o en cada anciano que tiene que ver con aquel momento tumultuoso de la vida personal en la que uno es adolescente, y yo creo que es firmemente cierto, en tanto la adolescencia nos acompaña durante toda la vida porque es un tiempo esencial de construcción del proyecto vital. Claro que esto se expresa en un movimiento tumultuoso para el que el propio Viñar usa muchas metáforas que vienen del mundo de la ciencia de la tierra y del aire: el torbellino, el ciclón, el terremoto. Todo ese movimiento intenso de un profundo trabajo síquico transformacional se relaciona fuertemente con el vigor de la adolescencia como un tiempo de grandes interrogantes que nos hacemos a nosotros mismos, que le hacemos al mundo interpelándolo y que coincide con ese momento clave y fértil para la construcción del proyecto de vida. Por eso a veces los adolescentes son muy complicados, y aún con aquellos que nos encantan, nos cuesta trabajar  porque viven todo ese terremoto interior y lo expresan en una serie de acciones que irrumpen la vida cotidiana. Si pensamos en el transitar de las instituciones educativas, que tienen una expectativa de “normalidad” concebida desde el cumplimiento rígido de horarios, desde una malla inamovible de asignaturas y desde una postura que incluso se expresa desde los físico como expectativa de habitar el liceo, es claro que hay un choque inevitable con la abundancia de sensaciones, rupturas, exclamaciones y exploraciones que desea hacer el adolescente a quien se trata de encorsetar. Sumado a la abundancia de cosas que le suceden al unísono al adolescente, se genera una ruptura entre una educación secundaria pensada para algunos –disciplinados, limpios, de familias fuertes culturalmente, alimentados y “educados”- y la educación media que aspiramos a ofrecer hoy, en la que pretendemos abrir ofertas de recorrido para todos los jóvenes. Pero la vida cotidiana educativa aún resiste. Aspira a sostener el ideal de joven prolijo, obediente y sin mayores dificultades y a sentir que esta variedad de adolescencias que vemos en los tiempos que corren destruye el plan esencial fundacional de la educación media.

Los adolescentes de hoy, son más expresivos y menos obedientes. Son más naturales y son por lo tanto, más condenados socialmente, por nosotros, los adultos de la familia, del liceo, de la sociedad que elegimos la comodidad de “borrarnos” de la lucha del adolescente, sin entender que ese vínculo ríspido, constante, batallador es la clave para la construcción de la subjetividad de ese cachorro humano que está en plena construcción de su humanidad.

La Dra Carmen Rodrìguez, nos plantea que cada sociedad produce las formas subjetivas propias de su tiempo, por eso es imprescindible preguntarse cómo son los niños y adolescentes de nuestra sociedad y naturalmente, cómo somos los adultos. Del vínculo que se instale entre adultos y jóvenes, nacerá la posibilidad fuerte de la construcción identitaria de los segundos y el desarrollo o la obturación del enigma del que somos portadores, siguiendo en este sentido a la filósofa Hanna Arendt

Me gustaría hacer algunas precisiones de los adultos, sobre todo porque en la adolescencia se produce el conflicto intergeneracional, que es muy saludable y a la vez muy difícil de sobrellevar, -cuando tenemos hijos, cuando estamos pensando en nuestros alumnos-, pero es una contienda que es imprescindible, que no espera ganadores o perdedores porque lo que importa es el proceso de esa contienda, importa cómo se va desarrollando ese intercambio, y cómo el adulto está parado frente a ese joven para ponerle algunos límites pero también para darle alguna protección, algunas seguridades para que pueda construir su proyecto de vida. Y esto se complica mucho cuando los adultos desalojan la tarea de ser tales, en un mundo juvenilista, donde los adultos quieren parecerse mucho a los jóvenes, es difícil que se dé esa relación tan necesaria e insustituible. Si el adulto abandona su lugar, no hay contra quien establecer el conflicto. Hay un vacío y dejamos a los jóvenes a la intemperie. Esto nos pasa con los adultos del hogar, con los adultos de las instituciones, nos pasa en general como adultos. Las argentinas Duschatsky y Corea dicen que la maternidad y la paternidad parecen como desinvestidos de aquel sentido heredero de la tradición cultural. Como que los adultos no quieren hacerse cargo de lo que impresiona como ineludible desde el momento en que uno trae a alguien al mundo. Ellas hablan de la caída de un patrón referencial en la estructuración que nos invita a pensar en que la familia es un significante vacío en el día de hoy, es decir un lugar sin referencia estable de significación.

Pienso que por acá hay una punta desde donde  pensar con mucha fuerza, y que de alguna manera nos interpela a los docentes, porque cuando la familia deja de cumplir el rol de poner el límite y generar los amparos imprescindibles para que esa persona pueda desarrollarse, la otra institución que aparece, los otros adultos que aparecen en la vida de una persona de una manera inexorable somos los docentes. De hecho los estudios sobre resiliencia que se han hecho, observando a las personas que logran superar historias terribles de vida,  indican la presencia de un adulto que es el que da el mensaje esperanzador, el que alienta a la construcción de una ruta para salir de esa situación difícil por la que la persona atraviesa, y en un porcentaje muy alto, ese adulto es un maestro o un profesor. De alguna manera los docentes somos lo que el  sicoanalista francés Pierre Kammerer, denomina como  postas parentales, quizás sería más correcto decir que  deberíamos serlo. Es decir, ser aquellos otros adultos que aparecen  con un mensaje claro, que tienen otras cosas para decir, que pueden responder a la deuda debida, cuando los que tenían que responder por la deuda de vida que son los padres o la familia, no lo han hecho.


Un universo llenito de datos.
La construcción de la subjetividad a la luz del mundo de hoy.

Es indispensable abordar también cambios sustanciales de este mundo y de la relación que existe entre el docente y la necesaria redefinición del rol. Esto lo digo con la propiedad de la experiencia, porque cuando me formé como profesora, quienes lo hicieron me formaron para enseñar literatura. Me formaron desde una concepción muy lineal, para llevar un saber a clase, donde yo era la distribuidora de la información, un aula en la que yo, profesora, aportaba y  volvía disponible una información a la clase, con apenas alguna pequeña participación de búsqueda previa por parte de los alumnos.

Ha habido un cambio sustancial. Vivimos en un mundo donde la información prolifera por doquier. Ya el docente perdió el monopolio de la información y es necesario hacer una redefinición del rol del docente a la luz de lo que decía recién. Por un lado, está impelido a ser aquel que de alguna manera funciona como una posta parental frente a la ausencia de los otros adultos de la familia, quiera o no quiera tomarlo, esto es así. Por otro lado, debe repensar su lugar, su identidad profesional porque ya no es más el dueño de la información y se ve acuciado, sometido a un mundo en el que la información realmente es intensa, es cuantitativamente inmensa, y lo que hay que hacer es el juego de ordenarla, de clasificarla, de aplicarla para desarrollar esas habilidades en nosotros.

 Hay un texto de un francés, Michele Serres, que se llama “Pulgarcita”, nombre que no se usa en alusión al personaje de cuento tradicional, sino que refiere al uso de los dedos pulgares que hacen hoy los niños y los jóvenes. Porque nuestros jóvenes tienen hoy esa inusitada habilidad en los pulgares que les permite acceder a toda la oferta que les hacen los dispositivos electrónicos. El autor,  hace algunas reflexiones  interesantes sobre esta forma en que la información empieza a irrumpir en nuestras vida, y  algunas interpelaciones  con respecto al tema de la tecnología. Empieza planteando una leyenda en la que el Emperador Domiciano, que impresionaba como un individuo sumamente tirano, decide la decapitación de Denis que era el obispo que había sido elegido por los cristianos de París. Le indica a los soldados que lleven a Denis hasta lo alto de una colina y allí lo decapiten. Como los soldados estaban cansados, en la mitad del ascenso lo decapitaron y lo que Denis hace, -para sorpresa de todos los presentes-, fue seguir caminando, tomar su cabeza, lavarla en la fuente y continuar su camino, lo que se ve como un milagro y genera un horror tremendo. Pulgarcita abre su computador, no conoce esta leyenda sin embargo considera que tiene ante sí y en sus manos su propia cabeza, bien llena en razón de la enorme reserva de información, pero también bien hecha, puesto que motores de búsqueda allí activan a su antojo textos e imágenes, y mejor aún, infinidad de  programas pueden en él tratar innumerables datos, más rápido de lo que ella podría hacerlo. Sostienen ahí, fuera de sí, su cognición  como San Denis tuvo su cabeza fuera de su cuello. Sin lugar a dudas, acá ilustra claramente un poco lo que nos pasa en relación a este caudal de información, y a este vínculo con todos los aparatos y dispositivos que tenemos para acceder a todo este cúmulo de cosas y sin embargo, cuando vamos al aula queremos seguir teniendo a los chiquilines callados, quietos, queremos seguir siendo los profes el centro de atención, queremos seguir trabajando con una pizarra tradicional. Queremos seguir haciendo lo que hacíamos hace tantos años, y seguir albergando y alimentando la nostalgia de esos jóvenes que ya no existen más.

Quisiera tomar por un instante, en esta misma línea, la posibilidad de interpelar una educación, que en su forma de presentación en las instituciones no viene teniendo variantes. Y esto lo digo con angustia y desde el deseo de que realmente podamos caminar hacia un movimiento transformador de nuestros liceos.

Secundaria nació albergada por la Universidad, es decir, Secundaria nace al abrigo de la Universidad de la República y mantiene en su misión fundacional la atención de una pequeña porción de la población, que eran aquellos jóvenes cuya familias tenían asignado para ellos, un  destino: llegar a ser profesionales,  cursar estudios superiores. Y con el correr del tiempo, nosotros hoy nos vemos impelidos a sacudir aquella misión fundacional porque  sabemos que la educación es un derecho que les corresponde a todas las personas, que no debería estar ligado solo a aquellos que tienen el privilegio de pertenecer a unas familias que les dan algunas condiciones para continuar estudiando. Pero esto sacude mucho a la misión fundacional de secundaria y la institución resiste La Institución estuvo pensada para unos pocos que tenían unas condiciones y hoy está tratando de ensanchar la puerta para que entren todos. Y una cosa es decirlo y otra vivirlo.

 Hoy tenemos  dificultades para pensar y vivir un liceo para todos los jóvenes. Es una dificultad que deseamos tener porque estamos convencidos de que esto debe ser así, pero la verdad es que exige un cambio cultural tan fuerte que nos está resultando muy difícil llevarlo adelante. ¿Por qué? Porque si hay una institución que no ha cambiado, es la institución educativa. Si fantaseáramos con que alguien que  desapareció del mundo hace 100 años, hoy lograra levantarse, seguramente se sentiría perdido en un mundo tan diferente al que dejó, pero también probablemente  se encontraría  seguro en alguna institución educativa, ya que son lugares que han cambiado muy poco.

Lo cierto es que las instituciones educativas y particularmente los liceos son instituciones fuertemente codificadas, que tienen una estructura de damero, donde hay una rutina que está instalada, donde todo parece inamovible. Es impresionante detectar cómo si en esa codificación organizacional está previsto que a primera hora va a haber clase de Matemáticas no se pudiera hacer otra cosa que esa clase de Matemáticas. Hay como una incapacidad para gestar los tiempos dentro del tiempo y unos espacios nuevos dentro de los espacios disponibles.

Porque ni siquiera la disposición del aula cambió. Y no porque cambiemos los muebles vamos a cambiar la esencia, pero sí al menos, es hora de empezar a hacer algunos movimientos que den cuenta de otros modos de estar en la Institución tanto para los docentes tanto como para nuestros jóvenes.

La argentina Graciela Frigerio nos dice que hay tres verbos que son claves: Hospedar, Reconocer y Distribuir. Si realmente los conjugáramos en una práctica vivencial, podrían ser los que explican por qué tenemos un número tan bajo de egresos o se nos van los jóvenes.

Si somos capaces de repensar la vida de las Instituciones y nuestro lugar como educadores, pensando en el lugar de la hospitalidad, del que recibe, del que reconoce al otro, -porque las instituciones educativas tienen una inexorable importancia en la construcción de la identidad de las personas, en el desarrollo de la subjetividad, en el proceso de humanización, en el lazo identitario-,  ahí seríamos capaces de cumplir con esa impostergable condición distributiva que tenemos asignada. Pero para eso, hay que interrogarse acerca de si realmente estamos convencidos y comprometidos en caminar hacia un desarrollo pleno de la educación como derecho, y hacia una sociedad que sea verdaderamente democratizadora. Las puertas de las instituciones se han abierto, con un ingreso cuasi-universal al Ciclo Básico, que es cierto pero de un egreso que se achica, que funciona casi como un embudo y que permite problematizar cuál es el lugar de esos jóvenes de los quintiles más bajos en nuestras aulas y en nuestras instituciones, porque hay que reconocer que algunas lógicas devaluativas del pobre que realmente están instaladas en nuestras aulas. Dejar por lo menos planteado que cuando decimos que la escuela se encuentra destituida simbólicamente, no decimos que enseña mal o que no enseña lo que debe enseñar o que no lo enseña como debería enseñarlo, sino que  hay una pérdida de credibilidad en la capacidad de fundar subjetividad. Yo estoy convencida de que es posible refundar las instituciones educativas, y la educación como institución con mayúscula, que permita un desarrollo pleno de nuestros jóvenes, y un desarrollo de lo colectivo de nuestra sociedad. Los educadores somos capaces de volver disponible una oferta identitaria distinta a la que traen nuestros jóvenes si somos capaces de descubrir el enigma que cada uno porta. Y zafar concientemente de dejar a los chiquilines ligados al prontuario de origen. Interpelar los saberes del prejuicio. Derrotar los prejuicios que a veces parecen funcionar para destruir las chances de unos y favorecer las chances de otros. Las instituciones educativas y los docentes tenemos el cometido de ofrecer otras suertes de construir un destino común que sea pleno para todos y de seguir recorriendo con una perspectiva ética las interrogantes que de alguna manera tiene que ver con interrumpir las rutinas para inaugurar nuevos modos de hacer.

En el Uruguay hay instituciones educativas que realmente tienen que funcionar como faros, como ejemplos de unas prácticas distintas que se vienen llevando adelante y creo que éstos son procesos de largo aliento. No  hay que olvidarse lo que Gustavo De Armas siempre dice que Primaria demoró un siglo en universalizar, en llegar a todos los uruguayos. Que secundaria o media en general, porque acá incorporo también al subsistema compañero en este desafío, lleva un poco más de  50 años de trabajo, y que yo creo  que las décadas que nos quedan por delante tienen que ser décadas de reconformar, de reconstruir nuestras instituciones, pero sobre todo repensando el rol de los adultos para realmente ser hospitalarios y generosos con nuestros jóvenes.








[i] El presente texto es la desgrabación casi textual de una conferencia dada en el año 2016 en el marco del Seminario “Ser y estar de la adolescencia en la educación” organizado por la Facultad de Sicología de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.