En nuestro país, se ha
naturalizado pensar en Finlandia como metáfora de buenas prácticas y de resultados educativos exitosos. Finlandia
se ve como la tierra deseada, donde ocurren las “buenas cosas” que cada día
buscamos, o al menos, las que decimos buscar. Sin lugar a dudas, la rápida
transformación de un país, que impresiona como de características generales
bastante similares a las nuestras, en un
proceso de unas pocas décadas, nos llena de sorpresa y casi de culpa. Parecería
que en lugar de ver ese ejemplo como una expresión certera de que lograrlo es
posible, lo vivimos como con cierto complejo de inferioridad, idealizando esas
tierras nórdicas como escenario de lo correcto y como contrapartida demonizando
nuestro sistema y todas nuestras acciones como meras expresiones desordenadas
de ese deseo de mejorar que nunca cuaja en realidades palpables.
Más allá de consideraciones
potentes como la que refiere a la selección de aspirantes a docentes y los
salarios y condiciones de trabajo que Finlandia ofrece, yo tengo la hipótesis
inquietante de que estamos sujetos a una situación similar a la de la maldición
del Malinche. Nos sorprendemos y maravillamos por lo que nos cuentan de otras
tierras y no somos capaces de mirar la nuestra al menos, con ojos de valoración
y por lo tanto de aprendizaje.
La macrocefalia montevideana.
No es una novedad que una de
las características que tenemos los uruguayos es el fenómeno de la
macrocefalia. Una suerte de aglomeración de habitantes y por lo tanto de
desarrollo de servicios, en los alrededores de la ciudad capital, con la
consiguiente concentración del poder político, económico y administrativo. Al
respecto, un amigo que suele tener un agudo sentido del humor, siempre me decía “Dios está en todas partes, pero atiende
en Montevideo” para ilustrar esta fuerte tendencia a hacer que el mundo circule
en el entorno de la ciudad capital. Esto
además de producir características especiales en las condiciones de vida de la población de la zona referida, genera la
fantasía de que Montevideo es sinónimo de Uruguay, al punto que, cuando un
fenómeno se produce en la ciudad capital o sus alrededores, se habla del hecho
como perteneciente a todo el colectivo
poblacional del Uruguay.
La inconcebible ceguera
provocada por una enfermiza macrocefalia montevideana se “roba” literalmente
toda la atención e impide ver otros escenarios geográficos donde ocurren otras
“cosas”, donde se resiste la rutina y la deshumanización y se propone un
trabajo creativo y compartido por todos los miembros de la comunidad.
Es necesario destituir la
metonimia: Uruguay no es Montevideo, y al respecto se me ocurre importante
señalar que Montevideo tiene algunas características especiales que son
claramente distintas a las del resto del país.
Si ponemos el foco en la
educación podemos aseverar que es un departamento que tiene severas
dificultades para prosperar principalmente porque en las instituciones
educativas –esto dicho en tono muy general y con las injustas consecuencias que
una aseveración general posee- se
producen dinámicas deshumanizantes. La aglomeración de habitantes, la exigencia
de una vida vertiginosa marcada por ritmos incesantes de necesidades reales y
otras artificiales, hace que los padres y vecinos en general no participen en
la vida de los centros educativos. Las instituciones no conocen a las familias
de los estudiantes y los integrantes de los núcleos familiares tampoco conocen
y por lo tanto, no coordinan con los docentes que trabajan con sus hijos y que
son los referentes naturales en tiempos de permanencia liceal. Los liceos son recelosos y no abren en general
sus puertas a los otros actores adultos del entorno. Si hay un error seguro que
estamos cometiendo en esta época, es que los adultos hemos dejado de apoyarnos
entre nosotros. Era inconcebible en otros tiempos adjetivar a maestros y
profesores en forma descalificante como se hace ahora. Parece no haber
conciencia que mientras los adultos de casa no están, el joven o niño está en
vínculo con esos otros adultos, los docentes, los funcionarios de gestión de
los centros. ¿Cómo puede sentirse un joven en ese tiempo de su día en que está
a cargo de los adultos del liceo si en la casa no se hace más que devaluar a
esa figura? Ni hablemos del trabajo que en este sentido hacen los medios de
comunicación. Los adultos somos los referentes de nuestros muchachos. Si
nuestra imagen se ve devaluada no hay referencia posible para sostener…¿Qué
hace entonces un joven que se está construyendo persona si el adulto que tiene delante
para él no tiene ningún valor? ¿Cómo se sienten nuestros estudiantes? Parece
parte esencial e indiscutible que los adultos coordinemos mensajes y acciones
para proveer al joven de certezas, para marcarle un camino que achique las
incertidumbres y le permita confiar en los adultos para construir su propia
historia. Para que esto ocurra, los adultos debemos conocernos, gestar ciertas
condiciones de intercambio y convivencia, generar confianza, abrir espacios
para compartir, en fin, estar juntos. En definitiva, es asumir juntos, en forma
coordinada, desde el lugar que nos toca,
el cometido de seguir haciéndonos cargo del desarrollo de la generación
de los “nuevos” .
¿Y
si “Finlandia” estuviera aquí, en
algunos rincones de nuestro Uruguay?
Con el fin de develar, en el
sentido más exacto del término, “sacar el velo” y por lo tanto habilitar a ver,
propongo que pongamos la mirada en algunos territorios del mal llamado
“interior” de nuestro país. Son muchas las localidades donde se desarrolla un
amplio compromiso con la educación pública, como espacio de crecimiento de
todos los integrantes de la comunidad y como escenario democratizador, espacio
de intercambio al que todos concurren, encarnando a José Pedro Varela
“Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos
de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando de un mismo
derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más
diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes de cada
uno: y así, la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica
de la igualdad democrática”.
Recorriendo el interior, uno
se da cuenta que aún se conserva esta convivencia de la que Varela nos hablaba
y que por lo tanto, los lazos sociales se forjan en el día a día en las aulas
como modo natural de vida. Los vínculos entre los docentes y los alumnos son parte del trabajo de los centros educativos.
En el año 2014, la
periodista Carolina Porley, (Revista Ajena,
30/4/!4) ya había dedicado un artículo en esta misma línea, con motivo del
análisis del funcionamiento de la vida educativa en algunos centros como Colonia
Valdense. No en vano le dio en llamar al artículo “La preeminencia de lo
colectivo “. Creo que vale la pena rescatar algunos instantes de esa producción
periodística: “La evidencia se palpa apenas llegar a Valdense. Allí el liceo es la
institución más importante, luego de la Iglesia Evangélica Valdense. Y un
orgullo para los habitantes por haber sido el primer liceo en el interior del
país.(..) Allí perdura el sello
de estos inmigrantes, signado por una forma comunitaria de concebir la vida y
el trabajo, con una apuesta al esfuerzo cooperativo, al conocimiento volcado a
lo productivo y a la formación de las nuevas generaciones” Sin duda, en nuestras localidades del
interior, hay instituciones que invitan a estar, de ambiente hospitalario,
cuidadas, con vegetación colorida y espacios para permanecer, instituciones en
las que uno entra y ”huele
a charla y a recreo”, porque huele
a felicidad, a permanencia gozosa, a espacio de jóvenes, para jóvenes.
Hay datos muy significativos de ese liceo, como por ejemplo, tener en
cuenta que el gran salón multiuso fue
financiado por la “Asociación de amigos del liceo” que “reunió a padres y vecinos de la localidad,
que construyeron una casa y la rifaron”. Más tarde juntaron los fondos
para montar una sala de informática, “ la primera que tuvo un liceo público en el país” Si hay un ejemplo de acción, sin duda, es este.
De alguna manera es la expresión palpable de que es necesario caminar hacia
procesos de protagonismo constructivo
fundante de espacios y actividades y salir del pedido y reclamo permanente,
donde parece que siempre son OTROS y no NOSOTROS los que deben solucionar los
problemas.
Hace algunos días me encontré con otro ejemplo que vale la pena
rescatar, pero esta vez en el norte. En una sala de Directores de Artigas, me
encontré con un profesor que es un gran referente, Director del liceo de Tomás
Gomensoro, ya próximo a jubilarse y en el intercambio, me dio un ejemplo de
cómo un problema puede ser vivido como una oportunidad. El liceo de Tomás
Gomensoro, tiene el Bachillerato concentrado en la mañana. Es bastante natural
comprender entonces, que en una localidad de esas características, sea imprescindible
la apertura de la biblioteca para que los alumnos de bachillerato puedan usarla
en la tarde. Sin embargo, el liceo tiene una sola persona encargada de la
biblioteca y solo podía abrirla de mañana. Es un problema importante que podría
haber generado cualquier mecanismo de reclamo de los ya conocidos. El equipo en
cambio, liderado por el Director Sarasúa, -más allá de las solicitudes formales que
deben hacerse ante el CES por la necesidad generada y de la responsabilidad que
le compete a la administración para solucionar la cobertura de los cargos- ideó
una propuesta que empoderó a los jóvenes además de asegurar la apertura de la
biblioteca en las tardes. Los propios alumnos de Bachillerato llevaron adelante
la gestión de la biblioteca liceal, formando brigadas de trabajo. Así es que un
problema se termina convirtiendo en un ejercicio de participación juvenil,
donde los jóvenes diseñan mecanismos de atención, se reparten tareas y cubren
el servicio para sí mismos y para todos los otros estudiantes y miembros de la
comunidad. Los estudiantes, cosechan aprendizajes diferentes, solidarios pero
también prácticos. Cabe señalar que en una biblioteca es necesario llevar
claros mecanismos de control de los préstamos, mantener al día el inventario
con los materiales que se desechan y los que se adquieren, atender al público y
por lo tanto, desarrollar la paciencia, aprender a hablar y dar respuesta a las
necesidades de estudiantes más pequeños y también de los propios profesores,
coordinar con la profesora que atiende la biblioteca de mañana y asumir responsabilidades,
entre otras habilidades que se desarrollan como parte natural de la tarea. Es
esencial el mensaje que también este liceo le da a sus jóvenes; confía en ellos
tanto, como para asignarles una tarea de enorme responsabilidad, desde lo
simbólico, la atención de la biblioteca con todo lo que los libros significan
como objetos de traspaso del conocimiento. Creo que es un mensaje muy claro en
relación a cómo en ese liceo son vislumbrados los estudiantes, son pasibles de
ser reconocidos como portadores de características tan positivas como para
poder asumir la responsabilidad del funcionamiento de una espacio institucional
que se constituye simbólicamente en el corazón del saber.
El lugar de los docentes.
Por otra parte, se hace necesario repensar el rol del profesor, no solo
en el marco de la asignatura que ha decidido enseñar, sino más allá de ella.
Soy Profesora de Literatura y sin duda, la enseñanza de mi asignatura me hace
muy feliz, pero fundamentalmente estoy convencida de todo lo que a través
de ella puedo propiciar en un joven en
el marco de su proceso de construcción de humanidad. Adhiero plenamente al
planteo del español José María Esteve cuando afirma “En el proceso de
construcción de mi propia identidad profesional, hace tiempo que descubrí que
el objetivo último de un profesor es ser maestro de humanidad. (…) Para ser
maestros de humanidad, los docentes hemos de enfocar nuestro trabajo en la
enseñanza partiendo del objetivo de rescatar en cada una de nuestras lecciones,
el valor humano del conocimiento”[1] [ii]El
autor plantea la necesidad de salir de la exposición repetitiva de la
información, inquietar a los jóvenes con provocaciones que permitan que se
hagan preguntas, para que naturalmente aparezcan las respuestas.
En los liceos que tienen dinámicas hospitalarias, los docentes son los
portadores de las mismas y no son puramente complacientes. Muy por el
contrario, son profesores que generan vínculos cercanos, cálidos pero claros.
Aprenden junto a sus alumnos, exploran con ellos, se sorprenden con los hallazgos pero ponen
certeros límites. Los Directores de estos centros suelen ser también docentes
prestigiosos, compañeros de sus colegas pero líderes francos, que estimulan,
que promueven la investigación, la
innovación.
Para dónde mirar.
Es claro que Colonia, como
departamento, visto en términos de resultados educativos, se despega del resto
del país. Se distingue por los resultados académicos y fundamentalmente por los
resultados cualitativos de sus prácticas.
Cada problema se ve como una oportunidad para operar abordajes
creativos, de manera de convertirlo en una fortaleza. El foco está puesto en
los estudiantes, en las condiciones dignas para gestar el hecho educativo, en
salir del padecimiento para tomar un rol activo transformador y en descubrir
juntos modos de enseñar que permitan aprender. El re-conocimiento de cada uno
de los jóvenes, de sus intereses, de sus deseos, de sus preocupaciones,
constituyen el eje. Las instituciones son así, aunque diversas en cada
localidad del departamento, profundamente hospitalarias, pensadas para el
bienestar y el disfrute, para el deseo de permanecer. Los adultos, se conocen,
se convocan, trabajan juntos y juntos desarrollan estrategias para dar
respuesta a los jóvenes que por ser tales, los necesitan, para el abrazo y para
el rezongo, para la apertura de ocasiones de desarrollo y para la puesta firme
de límites.
Lo que ocurre en este
departamento, ocurre también en forma más perlada, pero ocurre certeramente, en
alguna localidad de cada departamento del interior de nuestro país. Yo creo que
el secreto puede residir en la conciencia de los adultos de su rol de tales a
la hora de sentirse responsables por traspasar el legado de la sociedad y
asistir a la generación de los nuevos en la construcción de su proyecto de
vida.
Entonces…
¿es posible?
La idea es derrotar los
discursos fatalistas y paralizantes y acudir al llamado que este desafío de hoy
nos impone: reinventarnos, repensarnos, desterrar conceptos perpetuadores como
la linealidad y la previsibilidad de las relaciones educativas, del resultado
de los aprendizajes. Pensar juntos para
nuevos diseños educativos que nos permitan perforar la rutina y construir
tiempos y espacios nuevos, dotados de asombro, de novedad. Por eso es clave,
participar para transformar.
En ocasión de una visita que
hice al liceo de Santa Clara del Olimar, me encontré con una Directora y unos
profesores que con absoluta humildad ponían en juego estrategias muy valiosas
para abrir oportunidades a sus estudiantes. Descubrí una valiosa red de trabajo
con las escuelas primarias que les nutren de matrícula, con actividades de todo
el año entre adultos y jóvenes de ambas instituciones pero sobre todo con la
convicción de que el trabajo intergeneracional entre grupos es saludable. La
necesidad de forjar vínculos entre estudiantes de distintas instituciones y
variadas edades se daba desde la certeza de que cuanto más cerrado y homogéneo
es el grupo de pares entre los que nos formamos, aumenta la propensión a
establecer vínculos violentos con el diferente. El planteo de los profes tenía
esta aparente sencillez de planteo y a la vez tanta profundidad. Las
actividades eran también muy sencillas y con materiales comunes, sin vistosas
inversiones pero con consignas claras para gestar el intercambio y generar un
producto común.
Son muchos los centros
educativos que inauguran dinámicas de fuerte participación juvenil, que
proponen un vínculo sano con las familias de los estudiantes y resisten convocar
a los padres solo cuando es necesario reclamar sobre un mal comportamiento o
una calificación insuficiente, abriendo espacios de trabajo compartido,
aprovechando las potencialidades que cada padre porta. Son además muchos los
centros educativos con un proyecto fuerte, que van más allá de lo curricular y
generan propuestas de voluntariado juvenil, espacios de arte, actividades
lúdicas intergeneracionales donde los jóvenes operan como líderes recreadores
gestando propuestas, campeonatos de ajedrez, jornadas de ciencias, clubes de
matemáticas, talleres de escritura o de lectura, solo para nombrar algo de lo
mucho que aparece como un crisol de acciones que convocan a que lo mejor de
cada uno surja y que el liceo sea un espacio cultural de cara a toda la comunidad
y no solo el espacio laboral de unos pocos que deciden ser profes o
funcionarios. Son instituciones que están lideradas por docentes que saben que
es necesario poner el foco en las potencialidades para hacerlas surgir.
Es indudable que cada una de
estas actividades que se llevan adelante, inciden notablemente en los
resultados educativos y en los abordajes curriculares obligatorios. Cada joven
que encuentra un ambiente propicio de aprendizaje da lo mejor de sí. Cada
profesor que puede disfrutar del placer de enseñar, también brinda todo su
caudal de saber y apoya a aquellos que con ritmos más lentos, llegarán igual a
la meta si son sabiamente acompañados por adultos pacientes que confían en
ellos. Es necesario re inaugurar una y otra vez el mecanismo del encuentro y la
alegría de enseñar y de aprender.
A modo de cierre.
De la mano de la pedagoga
argentina Graciela Frigerio, tomé conciencia plena que hospedar, reconocer y
distribuir, son tres verbos claves cuando hablamos de educación. Las
instituciones educativas y los adultos que en ellas residen deben ser
hospitalarios con los jóvenes, pues de lo contrario, estarán falseando la
esencia de lo educativo que no es ni más ni menos que recibir al otro para
nutrirlo del legado, que lo conozca, se lo apropie y lo transforme y que construya su proyecto de
vida, así como también forje su lugar en el mundo. Naturalmente para que esto
ocurra es necesario el proceso de reconocimiento, la filiación identitaria en
un tiempo de la vida como la adolescencia, de construcciones plenas. La
generosidad para recibir al otro y hacerlo portador de todo lo que la humanidad
ha acumulado es un hecho clave que asegura una posibilidad certera de
desarrollo.
Una leyenda popular dice que
un día un conjunto de demonios se reunieron para quitarle la felicidad a los
hombres. Del diálogo acerca de dónde esconderla, surge un lugar insólito. Ni en
los mares, ni en los montes, sino dentro de los propios hombres, con la certeza
de que estarían tan preocupados por buscarla fuera que nunca se darían cuenta
que la traen consigo. Yo pienso que esto es extensible a nuestra educación y
que explica ese afán desesperado por encontrar modelos fuera que puedan
trasplantarse sin mirar que ya existen experiencias, instituciones, colectivos
que han encontrado cómo hacer para que los aprendizajes se produzcan y se
rescate el asombro y la alegría por aprender. Quizás, como los hombres de la
leyenda, estamos buscando fuera, lo que ya tenemos…
[1] Tenti
Fanfani, Emilio (comp.) El oficio de docente. Vocación, trabajo y profesión en
el siglo XXI. Siglo XXI Editores Argentina, 2006
[i]
Quiero señalar mi agradecimiento al Psic. Luis Giménez y a la Prof. Mariela
Tocco que me interpelaron con una pregunta similar a la que da título a este
modesto trabajo. Es muy saludable y necesario contar con gente que inspira e
interpela.
No podría estar más de acuerdo.
ResponderEliminarExcelente! Me lo llevo! Buena parte de lo que decís aquí fue lo que sentí cuando volví a Uruguay después de haber visitado centros educativos en Finlandia en enero de 2015.
ResponderEliminarMe alegro, César! Siento que tanto mirar para allá nos distrae y nos impide valorar lo bueno que ya tenemos. Hay señales claras, hay que leerlas , difundirlas y multiplicarlas...
ResponderEliminarNunca está mal mirar alrededor porque somos el mundo,Uruguay no es un planetoide aparte,el asunto es que lo que veamos podrá servir de inspiración o no para desarrollar prácticas mejores o nuevas pero siempre A NUESTRA MANERA. Lo dice el propioa Pasi Sahlberg, uno de los líderes de los cambios en la educación en Finlandia ;" el nuestro no es un modelo para copiar, es nuestro modelo y se ha ido tejiendo tomando muchas ideas y experiencias de todo el mundo pero respondiendo a nuestra idiosincrasia y nuestros procesos sociales.Si a alguien le resulta inspirador nos alegramos pero cada uno debe diseñar su modelo"
EliminarMaravilloso aporte, y me alegra haber sido, aún en pequeñísima parte, partícipe del desafío que lo generó. Y en espera de los próximos capítulos, por supuesto!
ResponderEliminarGracias!!
ResponderEliminarMuy buena reflexión. ¿Pero como superar la segmentación territorial de Montevideo, que hace que las escuelas y liceos montevideanos sean mucho menos plurales en términos de clases sociales, que los del interior?
ResponderEliminarHay que cambiar prácticas y discursos. La verdad es que nunca hablamos de las clases altas y la construcción de la dañina burbuja en la que crían a sus hijos. La convivencia con los diversos modos de ser, de actuar, de responder a la vida es lo que firtalece el desarrollo de lo humano. Cada uno en su burbuja, desarrolla el temor hacia el otro y paraliza el desarrollo de un campo de posibilidades que podría estar disponible... Es bueno también considerar que si los discursos sobre la oferta pública solo enuncian lo malo, la natural protección lleva a sentir que los liceos no pueden ser habitados como espacios de desarrollo y solo se quedan en ellos los que no tienen otra opción. Por qué o hay voces que narren lo bueno que ocurre en un centro público?
EliminarMuy bueno Celsa. Desde que te sigo en tweeter he podido apreciar tu preocupación por mostrar las experiencias positivas que existen en nuestro sistema educativo. Este post refleja un posicionamiento de tu parte que comparto totalmente. A seguir batallando que el camino elegido es el correcto y hay luces en todo el trayecto.
ResponderEliminarGracias, Gustavo!!! Sin desconocer las dificultades me parece tremendamente doloroso que nunca se reconozcan las buenas prácticas. Por eso me preocupo personalmente por darlas a conocer. Creo además realmente qué hay una fantasía que considera a Montevideo como un todo y esto no es así. Gracias por tus palabras. Hay mucho para aprender de los colegas profesores y Directores del interior del país
EliminarMuy bueno!!! Coincido absolutamente, tenemos excelentes experiencias educativas en nuestro país y lamentablemente, tal vez porque son naturales, no se magnifican como sí se lo hace con algunas no tan exitosas o esencialmente cuantitativas!
ResponderEliminarGracias, Emy!! Acistumbrémosnos a describir las buenas prácticas pedagógicas para iluminar posibilidades e inspirar a otros docentes y comunidades.
ResponderEliminarMuy bueno !
ResponderEliminarMil graciassss
EliminarBuenisimo. El interior como brújula!!! Me encanta que pequeñas comunidades, como Valdense, sean la vanguardia. Queda claro el éxito no depende de la disponibilidad de recursos, sino que radica en la capacidad de innovación, en la creatividad y en algo intrínseco de las localidades del interior: las brechas sociales, económicas y culturales no son tan profundas como en las capitales; los tiempos y las prioridades son distintas también. Que nos sirva a los capitalinos para repensar nuestras prácticas.
ResponderEliminarNo se que hice que salgo como docente y no como Lucila
ResponderEliminarMuy bueno!!!
ResponderEliminarMuy bueno!!!
ResponderEliminar