Es domingo y
estamos en un amplio salón del Centro de Formación Docente de Minas, junto a
la Subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura, parte de su equipo y
todas las autoridades de la educación. Es un espacio de atención a quienes lo
solicitaron previamente que funciona habitualmente en vísperas de un Consejo de
Ministros que se realiza en alguna localidad de ese departamento. Es fascinante
estar allí, por las historias, las demandas, las preocupaciones que aparecen en
boca de los diversos colectivos, que aprovechan la ocasión de tener para sí,
unos instantes a todas las autoridades. Es una espacio de historias inusitadas,
de increíbles vivencias y por lo tanto, de sorpresas y aprendizajes. En el
tiempo que llevo concurriendo, -un poco más de un año- he escuchado relatos increíbles y pedidos insólitos, desde los que
quieren cambiar de lugar el Obelisco de la localidad, los que quieren apoyo
para las fiestas locales,- todas ellas de insólitos nombres-, hasta los que
solicitan la construcción de un centro educativo para una pequeña localidad que
en sus tiempos fue una estación de tren o quieren simplemente entrar a las
escuelas a enseñar candombe. Todo se ve, todo se escucha, todo se vive con
respeto por más inaudito que parezca. La variedad está a la orden del día y da
cuenta de las también variadas vivencias y necesidades que los humanos tenemos
en relación a la mirada que también portamos del mundo.
En una de
esas tardes, apareció Carla, una dulce maestra, muy joven, muy enamorada de su
profesión, que además de trabajar en la escuela, -a la que califica como el “lugar
de la felicidad” para los niños-, es
Gestora de Cultura Científica de su departamento. Apareció acompañada de dos
adolescentes altos y callados que fueron distinguidos el año pasado por haber
creado una silla de ruedas todo terreno, creación que les permitió acceder a la
feria internacional de Ciencias en EUA.
Ella es la
que habla y habla rápido, con apremio, como queriendo aprovechar cada instante
que se le escapa. Lo hace con fruición, quizás por aquello de que estamos
hechos de tiempo. Y viene a pedir un reconocimiento, no para ella, sino para
todos los docentes orientadores de los Clubes de Ciencias[i]
porque este año, se cumplen treinta años del proyecto que vive expresado en
cada emprendimiento que cada profesor o maestro entusiasmado pone en juego
junto a un conjunto de niños o jóvenes, la mayoría de las veces, sin más
reconocimiento o beneficio que la palabra de aliento de alguien cuando
presentan en la Feria de Ciencias sus hallazgos. Carla rescata el valor de las
ferias departamentales, esos eventos movidos en que todos los clubes del
departamento se desplazan a la capital y arman su stand para mostrar su
trabajo. Y allí es cuando ella, con un tinte emocionado de voz, nos dice que hay
historias que se tejen, fabulosas, que no las miden los números. Historias de
chicos que vienen desde el medio del campo, muchos de los cuales nunca han
pisado la capital, muchos de los que disfrutan la ducha cuando se bañan en el
lugar donde los hospedamos porque en sus casas no tienen estas comodidades.
Carla tiene
un vértigo verbal que convoca, que invita, que mueve la fibra del afecto
apelando al esfuerzo convencido que hacen los orientadores de los Clubes de
Ciencias. Insiste en la vivencia y la oportunidad de desarrollar otros saberes,
otras experiencias de vida más allá de la investigación científica o a propósito
de ella, la ocasión de la experiencia vital en el contacto de estos niños y jóvenes con
otra realidad, diferente a la de sus vidas cotidianas.
Salud… Por
Carla y por todos los profes y maestros uruguayos. Por los 30 años de un proyecto
que nutre a niños jóvenes, que despierta curiosidad, que provoca “historias que
se tejen”.
[i]
Los Clubes de Ciencias se crean a partir de un proyecto que en el marco del
Ministerio de Educación y Cultura, invita a la creación de equipos de
investigación integrados por un orientador adulto y los niños y jóvenes que
sientan interés por la temática que se propone. Los temas son variados y
seleccionados por los propios integrantes de cada club. Hay instancias
departamentales para compartir los trabajos y de esas Ferias, surge una
clasificación que posibilita la participación en la Feria Nacional. Si bien hay
una metodología de trabajo y de presentación, nada inhibe la creatividad. Todas las
ocasiones son riquísimas en relación a la alegría de compartir conocimientos y
de intercambiar metodologías.