El jueves estuvimos otra vez de fiesta. La fiesta del
encuentro de unos mil ochocientos jóvenes que llegaron desde distintos puntos
del país a disfrutar, asombrarse y vivir con plenitud un nuevo espectáculo de Ballet de nuestro
increíble elenco del Ballet Nacional del SODRE.
“De todas partes vienen…” dice un poema de nuestra Idea
Vilarino, devenido en canción que tanto nos identifica a todos los uruguayos. Y así fue… Fueron
llegando de los destinos más remotos y perdidos, de los lugares más distantes y
más distintos de la capital, de los pueblitos perdidos en medio de la nada o de
las capitales departamentales. Todos estuvieron aquí. Todos nuestros jóvenes y
sus profes, deseosos de esta ocasión de fiesta artística que además ofrece
algunos otros aditivos complementarios. Cada uno fue llegando con su bandera, con sus
señas de identidad locales, con su alegría. Todos distintos pero todos sin
duda, con algo en común: la juventud que vibra en el alma y el cuerpo y las
ganas de explorar otras vivencias diferentes a las cotidianas.
Los montevideanos a veces no nos damos cuenta de cuánto
significa para un jovencito del interior del país, llegar a Montevideo. Incluso
dentro de la capital, hay familias que viven situaciones de desplazamiento
territorial limitado y no conocen la ciudad porque no circulan por ella. Mucho
menos cuando hablamos de un espacio de arte como un teatro.
Para llegar a esta función, cada
equipo transitó itinerarios colectivos previos. Todos crearon sus banderas
identificatorias y algunos, como siempre ocurre, tuvieron que afrontar otras dificultades como por ejemplo, resolver
su transporte, con la consiguiente complejidad que en este sentido asumen los
que viven más lejos y están en entornos más complicados. Para lograrlo, no solo
se activaron las redes de instituciones que estaban dispuestas a ayudar, sino
que también se realizaron eventos en las localidades para que cada pesito fuera alimentando la
esperanza y cada instancia de encuentro -en una venta de tortas fritas, en una
rifa o una función de cine para los más chicos-, fuera permitiendo visualizar
que el trabajo compartido es saludable y genera frutos, sobre todo cuando el
objetivo es claro, está definido y es deseado por todos.
La ocasión de llegar a Montevideo, ofrece otras chances de visitas
a museos, la feria del libro, algunas facultades, otros liceos o incluso un
sencillo pero oxigenante paseo por la rambla. Todo es ocasión de vida,
descubrimiento, aprendizaje y disfrute pleno. Cada instante es un instante de
apertura, donde se confirma que el mundo es ancho y variado y excede el
territorio que habitualmente habitamos desde lo real y desde lo simbólico.
La función fue un disfrute pleno y a la maravilla del arte,
del sonido, del movimiento, de la fuerza visual, se suma la increíble hospitalidad
de la gente del Auditorio del SODRE que nos espera y nos recibe en tono total
de fiesta. Una previa con mimos es el preámbulo
de la función y un cierre de oro en los espacios de tránsito comunes a la hora
de irnos nos muestra a los y las jóvenes sacándose fotos, algunos incluso “con
poses de ballet” Emociona lo que vamos recogiendo en los intercambios: un
alumno de Artigas que nos dice que “debería ser un derecho que todos los
uruguayos vinieran al menos una vez en la vida a este teatro” y un chiquito de
Maldonado que circulando sobre la alfombra roja que cubre todo el hall de
ingreso y la escalera interna del teatro dice con entusiasmo desenfrenado: “Profe,
esto es Hollywood”
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