sábado, 24 de junio de 2017

Y el mundo se visitó de fiesta.



Colonia Miguelete es una pequeña localidad ubicada a unos sesenta y pocos kilómetros de la ciudad capital del departamento de Colonia. Es un pueblo chiquito y coqueto, con calles prolijas y  casas cuidadas rodeadas de jardines primorosos y coloridos aún en invierno. Es un pueblo de gente amable, un lugar al que uno llega y tiene la sensación de haber pasado la puerta de una dimensión diferente a la cotidiana. Allí fuimos el jueves pasado a compartir con la comunidad el festejo por los veinticinco años de creación del liceo y la inauguración oficial del nuevo edificio.

Fue una tarde mágica. Aún casi en las puertas del invierno, parecía una tarde de primavera, cálida y ventosa, pero sumamente agradable. Esta circunstancia climatológica permitió disfrutar del evento en la amplia explanada de acceso al edificio liceal, ancho, extendido en la totalidad de un terreno, dibujado desde la blancura de su construcción en medio de un verde intenso de naturaleza pura. La mesa principal estaba cubierta con un mantel blanco también que resisitía  gracias a los caireles que hacían el contrapeso para que el viento caprichoso no se lo llevara. Reinaba en ella un conjunto armonioso de flores rojas y blancas matizadas por el verde de ramajes circundantes. No faltó nada ni nadie. Estaba el Intendente y el Presidente de la Anep, el representante de la comisión Pro Nuevo Edificio y las representantes de las alumnas actuales, dos preciosas adolescentes que ocupaban el lugar en la mesa principal un poco nerviosas y bastante emocionadas. Entre el público se mezclaron legisladores, representantes de autoridades locales, vecinos de toda la vida, padres de alumnos, antiguos directores, chiquilines y hasta representantes de la Presidencia de la República. Por un instante, casi me siento en Macondo, un lugar de dimensiones humanas, de vidas que se cruzan cumpliendo objetivos, de sueños que se concretan porque fueron visualizados por muchos desde hacía mucho tiempo. Richard, que integra la mesa en nombre del equipo que en el 2008 se largó hasta Montevideo para pedirle a quien era en ese tiempo la Directora General del CES, -la querida Alex Mazzei-,  la construcción del nuevo edificio, está radiante. Se emociona  mientras me cuenta con una sonrisa deslumbrante  que él soñó que Paola fuera la directora del liceo cuando lograran hacer el acto oficial de inauguración. –Los sueños se cumplen, me dice. Y yo pienso que es cierto, que hay que soñar y trabajar y que estos recortes de vida, en lugares donde la vida pensada desde lo humano todavía es posible, son fiel expresión de que soñar vale la pena porque en un plazo razonable y con trabajo sostenido, los sueños se convierten en realidades.

Las imágenes inolvidables de momentos inesperados,  se suceden ahora en mi recuerdo. Un matrimonio joven, con tres niños me pide una foto. Paola, la directora se acerca y me cuenta frente a ellos que son ambos alumnos del Programa de adultos, que tenemos cuarenta adultos estudiando que desean terminar su ciclo básico. Ellos son encantadores y están encantados de estar allí. Cuando los felicito por el esfuerzo, por el coraje, sencillamente ella, menudita y frágil me dice:- Es que lo hacemos por ellos tres, para que se den cuenta que hay que estudiar, que estudiar en bueno para vivir. No hay mejor definición de sentido que esta sencillez hecha palabra sobre el valor de aprender y la fuerza del mensaje para las generaciones de los “nuevos”.

El edificio es sencillo y amplio. Tiene forma de U, vidriada. Es un mundo claro, radiante. No hay una reja ni un protector de vidrios. Hay simplemente ventanales acristalados, cuidadosamente limpios que dejan pasar la plenitud de la luz al interior de cada recinto.

 –Las tardes soleadas de invierno son muy placenteras aquí, - me dice Paola, mientras recorremos esta construcción sencilla pero confortable que da a un patio central con bancos de material decorados por los estudiantes engalanados de naturaleza. –Tenemos todo para que los chicos aprendan, y aprenden. No hay casi repetidores ni desvinculados. Los conocemos y los acompañamos, pedimos ayuda a la comunidad si hay que superar algún obstáculo procedente de familias o situaciones personales. Todos trabajamos mucho. Todos trabajamos para que todos aprendan. Todos pueden aprender. Es tan claro… el mundo adulto generosamente comprometido con las generaciones nuevas logra esto: un centro educativo poblado de jóvenes y adultos que quieren superarse y están dispuestos a trabajar juntos para conseguirlo, porque nada cae como gracia desde el cielo.

5 comentarios:

  1. Siempre vivo a través de tus narraciones y conozco un poquito más del Uruguay profundo!!!! Gracias!!!

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  2. Gracias por sus palabras
    Atte Ing Agr Arturo De León
    presidente de APAL ( Liceo Miguelete )

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  3. Fue realmente una tarde muy recordable. Quise dejar plasmado para la posteridad lo que significó estar allí con ustedes.

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