lunes, 17 de abril de 2017

De presas y cazadores.







Hay historias que nos dejan un dolor inmenso eternamente atravesado en el alma . Historias que nos dejan miles de signos de interrogación. Cuestiones que jamás entenderemos, que nunca cierran, que quedan como un agujero insondable, oscuro. La muerte de Natalia es solo una de ellas.

-Si tuviera que decirte una sola característica de Natalia que la definiera totalmente te diría que era muy mimosa-. Cristina me cuenta esto y los ojos se le iluminan con una mezcla de dulzura y melancolía. Con ella se había dado algo inusual, había sido su alumna los tres años, durante todo el bachillerato, en el liceo 28, un liceo distinto, peculiar, chiquito y familiar. Natalia gozaba de esa condición del liceo, disfrutaba esa cercanía con las adscriptas Lili y Marina, dos mujeres también especiales, diferentes, muy diferentes entre sí, pero con una característica indiscutible en común: querer sinceramente a los alumnos.

Natalia era mimosa. Era la más chica de la familia, y buscaba siempre la atención y el afecto. Era simplemente querible. Todos la recuerdan así y es un dolor impresionante tener que recordarla, no tenerla más, no haber podido acompañar su crecimiento porque tenía todo para ser una mujer maravillosa. Y no era solamente por la profundidad de sus ojos castaños o la belleza de su larga cabellera por la que todos la recuerdan, era simplemente por la naturaleza sencilla y sensible de su alma. Porque era mimosa y buscaba el vínculo a cada momento. -Era una habitante natural de la adscripción, -- afirma Cristina en su evocación-, porque buscaba a los adultos para sentirse feliz en el intercambio del gesto tierno constante.

¡Nos seguimos preguntando todos tantas cosas de aquella noche! A esta altura siento que siempre seguiremos llenitos de interrogantes vacías de respuestas. Lo peor es que este dolor ni siquiera nos permitió actuar como sociedad para evitar que sigan muriendo mujeres…¿Por qué seguimos aceptando que los cazadores salgan con toda la legitimidad a buscar sus presas? Por qué seguimos aceptando casi como justificadamente que si la presa se resiste y no quiere participar de la atrocidad de la subordinación, el cazador se descontrole y le arranque la vida… ?

La sociedad patriarcal ha creado y consolidado la figura del cazador. Es una figura legitimada que pone a los hombres en una condición de machos dominantes con una sexualidad desenfrenada que no tienen por qué controlar. Es más, no deben hacerlo porque esta sociedad machista celebra el instinto desencadenado y festeja los logros del que arremete contra sus presas para lograr lo que quiere. Y si la presa no quiere, aguanta o muere, porque esta sociedad hipócrita y deshumanizante, culpabiliza a las víctimas que debieron haberse cuidado más si no querían caer en las garras de los cazadores.
La noche, aunque no solo la noche,  suele ser el espacio de los cazadores autorizados por la sociedad hipócrita que permite y estimula que los exponentes del género masculino salgan a buscar sus presas. Los cazadores están legitimados, sus hazañas son celebradas como expresión de la masculinidad, del abuso patriarcal y solo podremos remover estas prácticas trabajando lo humano sobre cualquier otra condición. Porque sin duda, lo humanos escaseamos de lo humano. Unos se bestializan y cosifican a las/los otras/os

¡Me pregunto tantas cosas de aquella noche fatídica! ¿Cuántos estarían en ese auto? ¿Sería uno, dos o más cazadores? ¡Cuánto desamparo! Los cazadores, salen en equipo muchas veces. Necesitan someter y compartir para vanagloriarse del daño a la presa. Natalia era dulce y mimosa. Como todos los humanos tenía derecho a decidir cómo y cuándo y por quién estaría dado el acercamiento.  El cazador no quiso considerarla… Lo demás es sabido y demasiado doloroso para volver a narrarlo. 

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