Solía
decirles a mis alumnos que no es de buen compañero guardar silencio y proteger
al que hace las cosas mal. Máxime si el que hace tales cosas, pone en riesgo a
todo el colectivo, lo daña con sus acciones y aún permite que cuando llega la
hora de las responsabilidades y las consiguientes consecuencias, paguen todos a
fuerza de diluir su responsabilidad y apelar al compañerismo que en principio
él nunca tuvo.
Siempre me
pregunté acerca de esta extraña reacción del ser humano que protege a los
culpables. Y también me he interrogado
sobre esa actitud de algunos humanos que expone al resto, impunemente, sin
importarle el dolor que inflige. De verdad, han pasado los años y no lo
entiendo, aunque he confirmado que esto ocurre no solo en la adolescencia.
Con el
tiempo empecé a comprobar que hay muchos motivos que se desencadenan en esta
situaciones. Por lo menos pueden
reconocerse dos grandes grupos: hay un
conjunto de personas que calla por comodidad y otro que calla por miedo. Más
vale quedar como protector silencioso de los responsables del mal como modo de
asegurarse de que no nos molestarán porque en ese pacto hay algo de compromiso
de futuro, una cierta seguridad, la certeza de confort, de estar más allá de
los daños que puedan imprimirse, en fin, de comprar la exoneración de la
probable condición de ser víctima en el futuro. Hay algo de mercantil en la
propuesta, como un trueque, yo callo, tú me respetas…
Otro grupo
en cambio, teme y el temor lo hace callar. Teme vigorosamente ser dañado, teme
al horror de pasar todos los días, cada día soportando al que tiene el poder y
puede ponernos en la picota de su deseo y someternos hasta el escarnio. Teme y
calla. Prefiere el infierno del silencio cómplice a cambio de la certeza
cotidiana de que no será sometido, de que no será la próxima víctima. Aún
cuando lo que calle sea terrible y vaya contra sus intereses y convicciones.
Otra forma mercantil de vivir. Yo callo, tú no me sometes, quedo exonerado de
ser tu víctima. Te salvé, me debes una…
En el fondo,
son dos perlas del mismo collar. Lo malo es cómo vamos acompañando a algunos
humanos al control de las situaciones, entregándole con nuestro silencio, -por
temor o por comodidad- los hilos de la
vida. Así se va forjando la guerra (in)visible. Cada día, a cada hora, vamos
viviendo a expensas de algunos seres que son los que determinan lo que
ocurrirá… aún cuando lo que ellos determinen no responda a nuestras
convicciones y deseos, e incluso, cuando lo que ellos hagan niegue lo que
nosotros creemos. Asistimos en silencio a la guerra silenciosa…
Los pactos
de silencio que habilitan las malas acciones y los padecimientos de unos sobre
otros, son acciones individualistas en las que se espera el beneficio de no
salir personalmente perjudicado y alegrarse de que el perjudicado sea otro.
Has ido a alguna reunión de núcleo? Yo pasé una única vez por esa experiencia. En determinado momento se empezó a discutir sobre como abordar el paro que el sindicato había propuesto (imprimir info para repartir en la calle, recorrer el barrio, dar clases en la calle... etc.) . De pronto, sin entender como, el tema giró hacia los docentes que no acataran la medida. La determinación del grupo fue el escrache. Debo decir que salí repugnada porque someter al otro a la humillación deshumaniza, pero, lo peor, debo reconocer también salí con miedo. El día del paro me quedé en mi casa.
ResponderEliminarGracias por compartir tu experiencia.
EliminarMe gustan dos cosas: lo que dice y como está escrito. Felicitaciones!
ResponderEliminarGracias miles....
ResponderEliminarMe encanta la claridad como lo expresas... y no se si es peor el miedo que la comodidad, me recuerda las notas de guerra, de Perez Reverte desde la guerra de los Balkanes. Me gusta y me gusta Gracias.
ResponderEliminarMil gracias... Demasiada generosidad compararme con Perez Rverte...
EliminarMil gracias... Demasiada generosidad compararme con Perez Rverte...
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLo que Juan dice de Pedro, dice mas de Juan que de Pedro...
ResponderEliminarLas palabras se van, lo que queda son los hechos y sin duda has hecho mucho.
Si todas las energías que se gastan en criticar, destruir y desvalorizar el trabajo ajeno, se invirtieran en construir, este seria un mundo mejor.
MIL GRACIAS POR TU COMENTARIO, VIVI
ResponderEliminarMIL GRACIAS POR TU COMENTARIO, VIVI
ResponderEliminarExcelente. Adelante...
ResponderEliminarExcelente. Adelante...
ResponderEliminarQué bien nos haría releer las Catilinarias de Cicerón. La primera de ellas. "Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?"
ResponderEliminar