-Yo tiré una “ bomba” en el baño del liceo cuando tenía catorce años.
- ¿ En serioooooooo?
- Siii –y sonríe-
- ¿ Y por qué lo hiciste?
- No sé...Yo tuve una adolescencia difícil. Estaba muy enojada...después me di cuenta de muchas cosas...En realidad estaba enojada con mi mamá.
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Estoy sentada en el primer piso del liceo, en un espacio vidriado frente a la ancha escalera de acceso y desde allí, veo aparecer a Lucía. No es una casualidad que ella porte ese nombre porque ella en verdad, es portadora de la luz.
Lucía: “luz del día”, me dice, - según mi abuela ese es el significado de mi nombre.
Lucía...sonrisa abierta y franca que casi me remonta a los famosos versos de Quevedo en aquello de “érase un hombre a una nariz pegado”, aquí corresponde a “érase una profe a una sonrisa pegada, érase una sonrisa superlativa”. Es que primero llega la sonrisa y después llega Lucía. Y llega así, simplemente feliz porque le gusta lo que hace, porque ama a los jóvenes y degusta permanentemente la alegría de recordarse adolescente y saberse aún hoy a los treinta y pico tan cercana a ellos.
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- Yo fui muy difícil, por eso entiendo y defiendo tanto a mis alumnos. Yo me juntaba con los varones bravos, los que se vestían de negro y se hacían los penachos en el pelo.
Me lo cuenta sin renunciar a la sonrisa y a la ternura que le provocan esos recuerdos.
- ¿ Y vos también eras gótica...o....dark ?
- Nooo, bue...me vestía de negro pero nunca me hice el penacho en el pelo, creo que porque nunca me atreví, no era tan valiente - se ríe ahora intensamente.
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Para los que quieran profundizar en ADOLESCENCIA, el link lleva a una ponencia de la Dra. Carmen Rodríguez, verdaderamente muy disfrutable:
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