martes, 29 de marzo de 2016

Arqueología pedagógica.

Arqueología pedagógica.

Era un tarde limpia, de las que anuncian el verano, agradable y templada. Era una tarde de aquella en las que el ambiente es propicio para la exploración de sentimientos encontrados: alegría y melancolía, por ejemplo. Aprovechamos con Mariela aquel retazo de día,  para conocer el nuevo edificio del liceo 7 de Montevideo y también, para despedirnos del antiguo. Cada una tenía el caudal de recuerdos de adolescencia como para justificar la melancolía y también la suficiente racionalidad como para aceptar que aquel viejo edificio, alguna vez convento, devenido luego en liceo, ya no daba para más y terminaba su vida útil.

Es increíble confirmar cuántos recuerdos pueden atesorar las paredes…  una adolescencia suspendida  en los muros… el liceo como espacio de crecimiento, como lugar para “ser”.

El nuevo edificio, de acceso por la calle Berro, nos impactó… Un diseño de vanguardia, luminoso, amplio, invitando a transitarlo placenteramente. Nos impresionaron las escalinatas del patio principal, de una amplitud tan señorial como para favorecer la posible permanencia de los adolescentes, entre otras cosas para ver videos o reproducciones visuales en el panel blanco que las preside. Una maravilla de diseño, una invitación a estar, a ser, un edificio que se ofrece como escenario seguro para  estos nuevos jóvenes que harán de éste,  su lugar de pertenencia.  

Nos dejamos ganar por el entusiasmo, por el impacto de la luz y recorrimos este nuevo edificio como dos exploradoras entusiasmadas que han encontrado el preciado tesoro. . Pero claro, cada caverna tiene su final… y allí al final de este espacio maravilloso, esperaba para ser demolido la expresión material de nuestro amor adolescente.  Pasamos la puerta y estaba nuestro viejo local del  Suárez, de nuestro Suárez, el liceo donde Mariela hizo el liceo y desde cuyas ventanas vio aparecer alguna vez, con mucho temor a las Fuerzas Conjuntas. El Suárez, el liceo donde yo hice mis primeras armas como practicante, donde di mis primeras clases de literatura, -seguramente muy malas- pero preparadas con el entusiasmo de quien quiere sacar lo mejor de sí porque cree en la educación como proceso de cambio social.

Mariela, enloquece…Corre, se emociona, vibra recordando momentos en cada espacio… - Mi clase, -grita-, mi clase… Desde esta ventana vi llegar a los “milicos” un día. - Qué miedo pero qué fuerza también teníamos….Sigue corriendo. Se acerca al frente del salón y cuenta acerca de un experimento de química que explotó en esa clase y …ay, qué maravilla la vida, la fórmula está casualmente escrita en el viejo pizarrón… - No lo puedo creer… no es cierto… Pero si, lo es.  La vida conspira para generarnos más emociones, para impactarnos, para sorprendernos.  Su rostro enrojece y esos preciosos ojos celestes se intensifican y desbordan, encantados. La vida se expresa en ese cuerpo que se nutre de pasado para abrirse paso en esta materia  presente al borde de desaparecer….



Y aún queda más… Queda la despedida del laboratorio de Ciencias, un espacio inolvidable para una adolescente que acariciaba caminos profesionales que rondaban por la Química. Allí también nos esperaba una sorpresa. Un laboratorio casi desmantelado, en el que quedaba solo alguna mesa y algún otro vestigio de experimentos y hallazgos. Allí, nos cuenta uno de los Arquitectos, acaban de retirar el pizarrón de cármica blanca que estaba impecable y podía ser usado en algún lugar del nuevo liceo. Y debajo de la reluciente cármica estaba el viejo pizarrón negro, con sus escrituras de tiza intactas… con sus fórmulas químicas y los restos de la última clase resistiendo el tiempo… Arqueología pedagógica, que le dicen…




3 comentarios:

  1. Hermosa crónica ! Yo no fui al Suarez al liceo, pero sí fui al 28 a Preparatorios de Química ( un par de añitos antes que Mariela) y mis compañeros venían casi todos del 7. Me ha tocado varias veces votar en el 7 y es un liceo entrañable.
    Lindos recuerdos los de Uds dos !

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  2. Gracias, Gustavo... Escribir tiene este sentido, dejar constancia de lo vivido, hacer perdurar a través de la palabra escrita, las vivencias...

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  3. Un honor realmente, haberte inspirado para esta crónica, que como te imaginarás me emocionó hasta lagrimear. Gracias Celsa y felicitaciones.

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