domingo, 3 de abril de 2016

Una botella al mar del tiempo.

El 8 de mayo de 2015, reinauguramos el local del liceo No 2 de Florida. Es un edificio que resulta como síntesis de lo antiguo y de lo nuevo, una obra de profunda capacidad de ensamble de los arquitectos que pudieron mantener la ochava antigua, con su techito de vidrio y metal, el farolito y el mural reinando en las paredes, con la practicidad, linealidad y luz del nuevo edificio. Ambas construcciones se abrazan amorosamente formando un conjunto armónico donde la historia y la funcionalidad se unen para forjar un escenario adecuado para nuestros jóvenes y profes.
El  antiguo edificio tiene una larga historia: fue hospital y hotel antes de ser liceo. Esas paredes han atesorado historias de varias tonalidades, de amores y dolores, de afectos y despedidas. Será por eso que era imposible derribarlo y había que buscar el modo de que siguiera viviendo sin perder la posibilidad de que la comunidad educativa de este liceo encontrara las condiciones requeridas para seguir desarrollándose.
Magias de una humanidad que pretende vencer al tiempo, que quiere durar más allá de la circunstancia que le otorga la vida, son las que se materializan en la botella que con un mensaje dentro, fue encontrada con motivo de la recuperación de la parte antigua del edificio liceal. Esa botella con un mensaje, fue puesta en el mar del tiempo por un grupo de sencillos obreros de la construcción que supieron vislumbrar, -aún en la rusticidad de su formación académica-, que estaban emprendiendo una tarea que perduraría por varias generaciones, que supieron advertir el valor de lo que hacían, que supieron verse a sí mismos como creadores de historia.... Huelgan las palabras, todo es poesía,  aunque no puedo evitar conmoverme en forma personal con el recuerdo inevitable de mi abuelo Gerardo, que también fue obrero de la construcción y nos dejó tantas enseñanzas a todos a pesar de la escasez de su formación educativa. Va a continuación la transcripción textual de la nota que encerraba la botella y que fue compartida  para todos los que tuvimos la suerte de estar en Florida el ocho de mayo de 2015, para emocionarnos colectivamente:

Al colocar la piedra fundamental de
este edificio, colocamos este recuerdo
para que nuestros nietos al lebantar
este documento conoscan los nombres
de los honrrados trabajadores que con
su esfuerzo edificaron el edificio
que sirvió de albergue a muchas genera-
ciones.
         Pedro Rodriguez Pereira (Maestro Constructor)
         Carlos Sachi
         Roque Latorraca
         Alcalá Aguirre
         Pedro Consul
         Santos Triscornia
         Cecilio Perez
         Enrique Perez
         Roberto Zubeldía

Dueño de la casa (Tomás Molina)

Nota: Se deja constancia que Tomás Molina
es Bolchevique. Y por lo tanto entusiasta
admirador de la nueva Rusia Soviética
y augura para el día que lean el presente
documento una sociedad de
 hombres de bien.*

*Se ha respetado la ortografía original y la disposición de las palabras en la hoja.

3 comentarios:

  1. impresionante la emoción que despierta! también mi abuelo fue constructor y solo sabía escribir su nombre!

    ResponderEliminar
  2. Hermoso todo lo que relatas, el encuentro de la botella, la magia de la vida, que nos hace una guiñada compinche a lo que hacemos, para seguir adelante, y como lo augura el mensaje formar una sociedad de bien! Gracias.Helen

    ResponderEliminar
  3. Sin dudas, un momento emocionante y mágico!

    ResponderEliminar