-¿Te acordás que cuando éramos
chicas en cada barrio había un terreno baldío llenito de campanillas azules y
tacos de reina?
Con esta pregunta y en un instante mágico, como tantas
otras veces, Margarita me ponía las alas y yo echaba a volar. Claro, ahora a
través del tiempo, recuperando la imagen colorida del azul y el naranja de las
flores entrelazadas con los tallos
desordenados que había allá, en el
baldío de mi infancia, a la vuelta de mi casa de Pocitos.
-
Claro...tenés razón!. ¡Cómo no voy a acordarme! .
Y pego un nuevo aletazo pletórico de olores y colores
de otros tiempos. También de sonidos, de risas, de aventuras infantiles. ¡Hace
tanto y sin embargo, cómo puede uno renovar sensaciones con un cálido estímulo!
Aquellos baldíos...donde siempre había un bichicome en
el fondo, que llegaba, estacionaba su
carrito y se quedaba unos días de pasada.
Aquellos bichicomes que siempre eran amigos de los
niños, a quienes vigilábamos porque nos llamaba la atención esa vida errante
que se contraponía con la nuestra, tan
estable. Aquellos, los de antes, a quienes espiábamos mientras cocinaban en sus
latitas... aquellos tan prudentes hasta a la hora de beber –me dice esta mujer
increíble, de ojos rasgados y hablar entusiasmado, mientras gesticula haciendo
movimientos en el aire ahuecando sus manos-
- Aquellos
, ¿te acordás que envolvían en diario la botella de vino y la escondían adentro
de una chismosa?
Cuánto pudor..cuánta vergüenza...¿qué nos habrá
pasado?

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