jueves, 21 de abril de 2016

Dolores II



Dolores duele aún en el día después…
Duele diferente…pero duele.
Ya no duele la perplejidad, pero duele la vida sin techo en la conciencia de quedar a la intemperie como único lugar habitable.
Ya pasó…Cesó la lluvia. Pasaron las retroexcavadoras y los hombres fornidos que levantaron los restos deformes del torbellino. La ciudad está limpia, intentando parecerse a lo que era. Cada cosa, - o lo que queda de cada una de ellas -  va volviendo a su lugar. Cada uno va encontrando las palabras para explicar lo que vivió, lo que vio, lo que sintió,  dónde estaba, con quiénes, haciendo qué en el momento en que irrumpió ese vendaval loco que arremetió con furia llevándose la paz tranquila y aburrida de la vida cotidiana para siempre.
Es tiempo de calma, de volver al cauce.  Es tiempo de relatos sanadores, de abrazos y de palabras despiertas…
Es tiempo de emociones compartidas para descubrir que la fuerza de la adversidad nos recuerda la fragilidad de lo humano. Es tiempo de solidaridad que emerge y se instala en forma espontánea. Y de recuerdo de solidaridades no programadas  en la locura de la arremetida. Cómo no emocionarse cuando alguna profe cuenta, mientras lagrimea inexorablemente que, para proteger al que no podía correr porque estaba en una silla de ruedas, los compañeros hicieron un colchón humano a su alrededor, apretándose fuerte, abrazándose intensamente, armando coraza, resistiendo…
Son relatos de supervivencia.
Son relatos de amor,
a uno mismo,
al otro mio,
 al otro de otro,

simplemente al otro... 

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