miércoles, 4 de enero de 2017

Los cachorros se crían en la manada.


Todos le dicen Pirata. Hay que reconocer que es un nombre bien puesto porque tiene una fisonomía que se adapta claramente a la imagen tradicional de estos famosos personajes de antaño. Sin embargo, a la hora de retratarlo es difícil saber bien qué es lo que provoca la imagen de esos legendarios ladrones del mar. Indudablemente  es cierto que podría encarnar  perfectamente a cualquiera de ellos en  alguna producción cinematográfica  y el papel, de verdad, le vendría como anillo al dedo.  Después de analizarlo mucho, he llegado a la conclusión que es cuestión de conjunto: ninguna característica en particular sino la combinación de todas ellas es lo nos permite asociar a Ernesto[i] con estos personajes legendarios.
Es necesario aclarar, sin embargo,  que nada más alejado de las intenciones de los piratas tradicionales que este Pirata nuestro. Generoso, tranquilo y conciliador, -dueño de un sentido del humor único-, nuestro Pirata más que a llevarse nada viene siempre a enriquecernos, a dejarnos plenos de ilusiones, alegrías  y emociones. Tiene una chispa inigualable, espontánea  que es expresión pura de su caudal de creatividad.
Llega al liceo cada mediodía, con su paso constante. Mochila al hombro, gorrito en la cabeza, -de lana en invierno  y  de lona en verano-  para cubrir la calva que lo deja tan expuesto a las inclemencias de todas las estaciones. Ojos vivaces y chispeantes que dan cuenta de las ideas que van y vienen con un propósito único: hacer que los jóvenes aprendan, disfruten  y se desarrollen en contacto permanente, esculpiéndose, forjándose unos a otros.
Así es que nuestro Pirata es un gran “hacedor de grupos”, generador de equipos de estudiantes que a través del juego aprenden y enseñan a otros sobre todo,  el arte de compartir, de intercambiar, de reconocer a los otros para lograr que a través de ese ejercicio que cada uno construya su identidad, en definitiva, el arte de vivir sanamente.
Trabajando con él, confirmé en la práctica lo que la teoría me ofreció tantas veces: los humanos nos hacemos humanos en vínculo con los otros.
Así es que cada sábado en nuestro liceo comenzamos a formar grupos de alumnos que tuvieran en común algún interés, ciertas afinidades que funcionaran como pretexto para compartir un tiempo que tenía como intención final forjar humanidad, gestar nuevos  vínculos, vivir experiencias diferentes a las cotidianas, dotar de asombro el tiempo. La excusa sería la huerta que hacía años teníamos en el fondo del liceo y que habíamos inaugurado junto a los padres hacía unos añitos, o el aprendizaje de la ejecución de algún instrumento musical, o la danza, o la cocina, o un sinfín de propuestas que funcionaron como ocasiones para convocar jóvenes, potenciar sus habilidades naturales, descubrir sus centros de interés y principalmente ofrecer posibilidades para autoexplorarse  y desarrollarse. De la mano del Pirata y con el juego como pretexto nacieron los Chapas (Cultores de la Hamaca Paraguaya), un grupo de jóvenes que a través de las actividades lúdico-recreativas, se formaron como líderes y se ganaron el reconocimiento de los chicos y los grandes. Es un  equipo de jóvenes que se nutre con el recambio natural de las generaciones y que aún persiste a pesar del tiempo y de los avatares de la vida, como un clásico del liceo 30 de Montevideo.
Cierto  sábado,  de esos que anuncian la primavera, cuando la luz se hace más intensa y el aroma de las flores comienza a poblar la vida,  el Pirata me cuenta a última hora, ya con su mochila calzada para emprender el regreso a casa que la reunión de los Chapas de ese día había estado muy emotiva. Cuando cuenta algo importante su rostro toma cierta tensión que hace más visible la expresión de sus ojos. Me dice que uno de los chiquilines en la ronda de intercambios contó que hacía dos días que había perdido a la madre. Así sin más. Era sábado  y el jueves había perdido a la madre. El relato me dejó helada. Suelo sentir eso: en la niñez y la adolescencia la pérdida de alguno de los progenitores, pero principalmente de la madre, me conmueve con intensidad porque se me aparece la imagen de la desolación, del desconsuelo expresado en la intemperie en la que puede sentirse sumergido un niño o un joven cuando ese adulto clave ya no está… ha dejado de estar para siempre. En principio, me sorprendió no haber tenido la noticia previamente. Allí tomé conciencia de que era sábado de tarde y aparentemente el deceso se había producido el jueves. Ni tiempo tuvimos de saberlo. Intentando salir de mi estupor, le dije: -¿ Y qué hiciste?  Y él simplemente me contestó  –Nada. Solo dejé que actuara la manada. Naturalmente todos se acercaron, lo abrazaron, lo contuvieron. Yo solo acompañé ese instante. La manada sabe qué tiene que hacer para apuntalar a cualquiera de sus integrantes.  





[i] Ernesto Mazzei es Profesor de Biología y Orientador de grupos de líderes recreadores. Es un profe uruguayo de los que nutre de sentido la vida educativa.

8 comentarios:

  1. ¡Cuántos Piratas nos hacen falta, en la adolescencia y en el resto del viaje por la vida!
    Un bico.

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  2. Cierto!!! Gracias por leer y comentar. Mutuos bicos

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  3. grande ernesto cuantos de ti precisa la
    educacion salud profe un placer haber compartido de mi humilde lugar de madre de alumnos

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  4. grande ernesto cuantos de ti precisa la
    educacion salud profe un placer haber compartido de mi humilde lugar de madre de alumnos

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  5. grande ernesto cuantos de ti precisa la
    educacion gracias por haberme petmitido compartir momentos contigo desde mi humilde lugar de madre de alumnos salud profe

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  6. grande ernesto cuantos de ti precisa la
    educacion gracias por haberme petmitido compartir momentos contigo desde mi humilde lugar de madre de alumnos salud profe

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  7. Durante 2 años poco lo conocí. Pero alcanzó y sobró. Todos en los comentarios pedimos más Piratas. Personalmente te lo pedí, Celsa. Tu repuesta fue "lo clonamos". Digo SI. Necesitamos muchos Piratas, para enamorar a los jóvenes en el estudio y la cultura. "Orientador de grupos de recreadores", muchos más, eso es lo que necesitamos.

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  8. En esto estamos , Pedro. Sigo convencida que todo depende de las ganas, la formación, el entusiasmo y la decisión que los profes le pongamos a la vida de la clase. Por supuesto, que estamos abocados a crear grupos de recreación y naturalmente, vamos a intentar que el Pirata y otros Piratas que andan sueltos trabajando sin cesar, puedan ayudarnos a enamorar a nuestros jóvenes. Gracias por leer

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