Todos le dicen Pirata. Hay que reconocer que es un nombre
bien puesto porque tiene una fisonomía que se adapta claramente a la imagen
tradicional de estos famosos personajes de antaño. Sin embargo, a la hora de retratarlo
es difícil saber bien qué es lo que provoca la imagen de esos legendarios
ladrones del mar. Indudablemente es cierto
que podría encarnar perfectamente a
cualquiera de ellos en alguna producción
cinematográfica y el papel, de verdad,
le vendría como anillo al dedo. Después
de analizarlo mucho, he llegado a la conclusión que es cuestión de conjunto: ninguna
característica en particular sino la combinación de todas ellas es lo nos
permite asociar a Ernesto[i]
con estos personajes legendarios.
Es necesario aclarar, sin embargo, que nada más alejado de las intenciones de los
piratas tradicionales que este Pirata nuestro. Generoso, tranquilo y
conciliador, -dueño de un sentido del humor único-, nuestro Pirata más que a
llevarse nada viene siempre a enriquecernos, a dejarnos plenos de ilusiones,
alegrías y emociones. Tiene una chispa
inigualable, espontánea que es expresión
pura de su caudal de creatividad.
Llega al liceo cada mediodía, con su paso constante. Mochila
al hombro, gorrito en la cabeza, -de lana en invierno y de
lona en verano- para cubrir la calva que
lo deja tan expuesto a las inclemencias de todas las estaciones. Ojos vivaces y
chispeantes que dan cuenta de las ideas que van y vienen con un propósito único:
hacer que los jóvenes aprendan, disfruten y se desarrollen en contacto permanente,
esculpiéndose, forjándose unos a otros.
Así es que nuestro Pirata es un gran “hacedor de grupos”,
generador de equipos de estudiantes que a través del juego aprenden y enseñan a
otros sobre todo, el arte de compartir,
de intercambiar, de reconocer a los otros para lograr que a través de ese
ejercicio que cada uno construya su identidad, en definitiva, el arte de vivir
sanamente.
Trabajando con él, confirmé en la práctica lo que la teoría
me ofreció tantas veces: los humanos nos hacemos humanos en vínculo con los
otros.
Así es que cada sábado en nuestro liceo comenzamos a formar
grupos de alumnos que tuvieran en común algún interés, ciertas afinidades que
funcionaran como pretexto para compartir un tiempo que tenía como intención
final forjar humanidad, gestar nuevos vínculos, vivir experiencias diferentes a las
cotidianas, dotar de asombro el tiempo. La excusa sería la huerta que hacía
años teníamos en el fondo del liceo y que habíamos inaugurado junto a los
padres hacía unos añitos, o el aprendizaje de la ejecución de algún instrumento
musical, o la danza, o la cocina, o un sinfín de propuestas que funcionaron
como ocasiones para convocar jóvenes, potenciar sus habilidades naturales,
descubrir sus centros de interés y principalmente ofrecer posibilidades para
autoexplorarse y desarrollarse. De la mano
del Pirata y con el juego como pretexto nacieron los Chapas (Cultores de la
Hamaca Paraguaya), un grupo de jóvenes que a través de las actividades
lúdico-recreativas, se formaron como líderes y se ganaron el reconocimiento de
los chicos y los grandes. Es un equipo de
jóvenes que se nutre con el recambio natural de las generaciones y que aún
persiste a pesar del tiempo y de los avatares de la vida, como un clásico del
liceo 30 de Montevideo.
Cierto sábado, de esos que anuncian la primavera, cuando la
luz se hace más intensa y el aroma de las flores comienza a poblar la vida, el Pirata me cuenta a última hora, ya con su
mochila calzada para emprender el regreso a casa que la reunión de los Chapas
de ese día había estado muy emotiva. Cuando cuenta algo importante su rostro
toma cierta tensión que hace más visible la expresión de sus ojos. Me dice que
uno de los chiquilines en la ronda de intercambios contó que hacía dos días que
había perdido a la madre. Así sin más. Era sábado y el jueves había perdido a la madre. El relato
me dejó helada. Suelo sentir eso: en la niñez y la adolescencia la pérdida de
alguno de los progenitores, pero principalmente de la madre, me conmueve con
intensidad porque se me aparece la imagen de la desolación, del desconsuelo
expresado en la intemperie en la que puede sentirse sumergido un niño o un
joven cuando ese adulto clave ya no está… ha dejado de estar para siempre. En
principio, me sorprendió no haber tenido la noticia previamente. Allí tomé
conciencia de que era sábado de tarde y aparentemente el deceso se había
producido el jueves. Ni tiempo tuvimos de saberlo. Intentando salir de mi
estupor, le dije: -¿ Y qué hiciste? Y él
simplemente me contestó –Nada. Solo dejé
que actuara la manada. Naturalmente todos se acercaron, lo abrazaron, lo
contuvieron. Yo solo acompañé ese instante. La manada sabe qué tiene que hacer
para apuntalar a cualquiera de sus integrantes.
[i]
Ernesto Mazzei es Profesor de Biología y Orientador de grupos de líderes
recreadores. Es un profe uruguayo de los que nutre de sentido la vida
educativa.
¡Cuántos Piratas nos hacen falta, en la adolescencia y en el resto del viaje por la vida!
ResponderEliminarUn bico.
Cierto!!! Gracias por leer y comentar. Mutuos bicos
ResponderEliminargrande ernesto cuantos de ti precisa la
ResponderEliminareducacion salud profe un placer haber compartido de mi humilde lugar de madre de alumnos
grande ernesto cuantos de ti precisa la
ResponderEliminareducacion salud profe un placer haber compartido de mi humilde lugar de madre de alumnos
grande ernesto cuantos de ti precisa la
ResponderEliminareducacion gracias por haberme petmitido compartir momentos contigo desde mi humilde lugar de madre de alumnos salud profe
grande ernesto cuantos de ti precisa la
ResponderEliminareducacion gracias por haberme petmitido compartir momentos contigo desde mi humilde lugar de madre de alumnos salud profe
Durante 2 años poco lo conocí. Pero alcanzó y sobró. Todos en los comentarios pedimos más Piratas. Personalmente te lo pedí, Celsa. Tu repuesta fue "lo clonamos". Digo SI. Necesitamos muchos Piratas, para enamorar a los jóvenes en el estudio y la cultura. "Orientador de grupos de recreadores", muchos más, eso es lo que necesitamos.
ResponderEliminarEn esto estamos , Pedro. Sigo convencida que todo depende de las ganas, la formación, el entusiasmo y la decisión que los profes le pongamos a la vida de la clase. Por supuesto, que estamos abocados a crear grupos de recreación y naturalmente, vamos a intentar que el Pirata y otros Piratas que andan sueltos trabajando sin cesar, puedan ayudarnos a enamorar a nuestros jóvenes. Gracias por leer
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