Más que
imágenes o sonidos, lo que recuerdo de aquel día son sentimientos. Por aquel
tiempo –hace unos cuatro años- yo estaba indagando el mundo con una mirada
diferente y tengo desde esos momentos y para siempre, un sinfín
de imágenes, sonidos y texturas, atesoradas en mi alma y en mi cuerpo.
Siempre
digo, -porque tengo la convicción plena- que uno ve la vida como por una
pequeña mirilla y depende del lugar que estemos ocupando en el momento, para
que lo mirado, —la imagen que la mirilla ofrece-,tenga una u otra silueta, este o aquel color u aroma. Yo estaba en ese instante de mi vida en pleno esfuerzo de abandonar la mirada
montevideana construida desde mi experiencia incambiada como natural de este
departamento y más aún de la ciudad capital y necesitaba reconstruir mi mirilla
y adoptar una mirada nacional. Pasar de ser Inspectora de once liceos
montevideanos a ser Directora General de
todos los liceos del país, me desafió y conmovió fuertemente. Por eso mi
primera decisión fue salir a conocer. La experiencia me dice que uno puede leer
una buena carta, una nota descriptiva e incluso tener un relato oral de
excelente calidad narrando lo que sucede en una comunidad educativa y sentirse
conectado con la cuestión y con la gente pero NADA iguala a la vivencia. Efectivamente
estar en el lugar, hablar con la gente, sentir al otro latir a nuestro lado es lo que permite ponerse en situación,
emocionarse pero sobre todo, comprender.
Así que me
fui a conocer el país y pasé los primeros meses del año 2014 conversando con la
gente, recorriendo liceos, compartiendo con profes y familias. Pero insisto, de
esa tarde de marzo, solo me quedan los sentimientos. Si tuviera que agregar
alguna nota adicional, diría que había poca luz, que estaban los representantes
de la comunidad y que del enojo inicial pasé a la convicción de que teníamos
que elegir el camino colectivo para salir adelante.
¿A quién se
le podía ocurrir crear un liceo en un lugar donde no estaba dada ni una sola
condición para su existencia? La pregunta no exige respuesta ni pretende
culpabilizar a nadie pero explica mi enojo cuando me enteré que bajo la
hospitalidad de la escuela pública del barrio y luego de que el horario escolar
terminara, es decir, a partir de las 16 y 30 horas, se había decidido poco
tiempo antes de mi asunción que se fundara el liceo de Pintadito.
Pintadito, un barrio humilde ubicado a la entrada de la ciudad de Artigas, hacía tiempo que demandaba para sus jóvenes un
espacio educativo que permitiera la continuidad de los estudios más allá de la
escuela primaria Pero la verdad es que en ese momento, allí, no
había NADA, exceptuando algunos pocos salones que la escuela dejaría abiertos
que se completarían con las aulas móviles que pronto llegarían. Sin embargo, esta carencia material
contrastaba con la decisión y la emoción con la que me encontré cuando llegué
aquella tarde.
Romel, el
valiente profe que había elegido el cargo de Director del liceo inexistente, me esperó con un afecto inmenso,
acompañado por padres, vecinos, profes y maestras. No hubo una sola queja, el
lugar se pobló de agradecimientos,
alegría y planes de futuro que me desarmaron. Don Britos, un moreno veterano
que es el jefe espontáneo de la
comunidad, me explicó con enorme convicción cómo era imprescindible asegurar
dentro del barrio un espacio para el desarrollo de la educación media porque no
había buena frecuencia de transporte hacia los otros liceos de la ciudad y ese
era un factor desalentador para que los chicos siguieran estudiando. Con gran
lucidez me contó que habían conseguido que funcionara allí el servicio de salud
y que estaban iniciando con buen nivel de éxito la regularización de los
terrenos. Su sencillez de hombre humilde pero comprometido con la historia
colectiva de su barrio me inundó de admiración. Esa tarde entendí lo equivocada
que estaba, no estábamos fundando un liceo desde la nada, sino simplemente materializando el deseo de una comunidad
vigente que solo aspiraba a instituir las condiciones de estudio para lograr la
superación de sus integrantes. Nunca como hasta ese momento, sentí el
compromiso tan intenso como para luchar para que ese liceo fuera una realidad y
tuviera su propio edificio para funcionar en un horario adecuado y con todas
las condiciones necesarias.
No haré más
largo este relato. Solo quiero compartir con todos ustedes que mañana, dos de
abril de 2018, el liceo de Pintadito que existe desde el 2014, -resistiendo
tormentas reales y metafóricas, y
enseñándonos a todos a dialogar con nuestras dificultades, eligiendo el trabajo
para superarlas-, estrenará su nuevo edificio. Allí, al ladito de la escuela
que le dio abrigo para que se produjera el origen. Con su director y su
secretario presentes desde el primer día, con sus profes comprometidos que
supieron verse a sí mismos como los únicos posibilitadores del desarrollo de
los jóvenes, con sus madres, padres y vecinos, con su enorme capacidad de
responder a las adversidades y seguir gestando esperanza, mañana estrenarán su
nuevo edificio. Es además, un edificio precioso, de diseño funcional, luminoso,
con dos hermosos patios interiores que parecen jardines de invierno, con espléndidos salones y laboratorios.
El mismo
basalto lajoso que los albañiles arrancaron del suelo para preparar el terreno,
es el que sirvió para darle una terminación diferente que lo hace único en todo
el país. Es que Pintadito es genuino y merece tener un edificio diferente para
alentar la vida de esos jóvenes y hacernos sentir a todos que luchar, vale la
vida y que los sueños, acompañados de convicción y trabajo dejan de ser
abstracciones fantasiosas para ser realidades.
Mi
admiración y saludo a todos los integrantes de la comunidad educativa y a todos
los uruguayos, el estímulo fuerte para que, -digan lo que digan-, hay que seguir
pintando sueños.
Realmente emocionante!!!! No tengo más palabraa que decir. Felicidades a " Pintadito", y a seguir!! Por muchos más en todo el país!! Felicitaciones Celsa, y gracias por tu comprometida gestión. Abrazo y beso fraternos
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ResponderEliminar¡Mil gracias! Fue lindo escribir este resumen sintético de la historia, pero más lindo fue vivirla y sentir que SE PUEDE y qué hay uruguayos que QUIEREN y PUEDEN
ResponderEliminarYa lo creo, cuando hay ganas, todo se puede.
ResponderEliminarEmoción leer eso. Más q merecido ese barrio de mi querida Artigas tener ese centro para sus jóvenes seguir progresando y Don Damba Britos un genio un luchador de su barrio abrazo felicitaciones
ResponderEliminarQuerida Celsa: la vida es corta y se nos va. Sin embargo, hay veces donde uno tiene la enorme fortuna de ser parte de acontecimientos maravillosos. Tu relato de Pintadito parece ser uno de ellos. Y más allá de cualquier consideración administrativa, escuchar y actuar con el corazón fue la impronta que siempre te caracterizó.
ResponderEliminarEs muy difícil trascender el rol, conectar con el otro, sentir sus deseos y necesidades. Sobre todo cuando uno está expuesto a fuego cruzado, y también a "fuego amigo".
Abundan en nuestra América barrios como Pintadito. Ojalá todos pudieran encontrarse con directoras generales como tù.
No lo dudes: la historia te absolverá. Abrazo!