domingo, 25 de febrero de 2018

Repensando la vida liceal. Reflexionando sobre algunas ideas para la transformación esperada.



La universalización de la educación media y la generalización de la educación universitaria son dos objetivos que el Estado  se ha planteado como irrenunciables.

El filósofo griego Aristóteles[i], empleó la palabra dunamis para analizar aspectos del hombre en cuanto a sus capacidades o potencialidades para existir y actuar. El ser en acto y el ser en potencia. Justamente es esta capacidad de ser, de desarrollar la potencia sobre lo que la educación debe poner el foco. De alguna manera, la palabra dunamis nos conecta con el concepto de capacidad que puso en marcha el economista bengalí Amartya Sen (1999). “El desarrollo es el proceso de expansión de las capacidades de las que disfrutan los individuos”, entendiendo las capacidades como las posibilidades de alcanzar desempeños valiosos. Las capacidades remiten a las libertades, en cuanto a contar con oportunidades para construir el proyecto de vida, para confeccionar el destino.

Es innegable la importancia que los primeros veinte años de vida tienen en cuanto a la posibilidad de construir un proyecto de vida pleno, y será a través de la educación que  las potencialidades de las que cada uno es portador,  se evidenciarán como  condiciones habilitantes para la vida, o quedarán obturadas.  Es el derecho que abre la puerta para el goce y ejercicio pleno de todos los otros Derechos Humanos, pues es claro que para poder ejercer los derechos, primero es clave conocerlos y en segunda instancia es vital desarrollar herramientas para construir procesos de exigibilidad. “Cuando una persona es analfabeta, su habilidad para entender e invocar sus derechos es limitada y su falencia educacional puede liderar otra clase de privaciones(…) la educación básica puede ayudar a reducir la privación básica (…) los analfabetos no tienen voz en política  para hacer sus demandas”[ii]

Asegurar la educación es asegurar la capacidad interrogativa que el individuo puede tener sobre cómo vive y sobre todo qué alternativa tiene para reconstruir su historia y por ende, la historia. Como contrapartida exige naturalmente, contar con oportunidades para no quedar cristalizado en un destino único, monolítico, incambiado e incambiable. No corre por cuenta de cada individuo en solitario la posibilidad de desarrollar sus capacidades, sin lugar a dudas, y sobre todo en la adolescencia, los adultos del entorno serán facilitadores hacia el progreso o no.

Es fundamental que las instituciones educativas se constituyan en  escenarios de oportunidades,  escenarios de vida para  ayudar a todas las personas a resistir a la historia familiar, que generen un “antidestino”, que provean de herramientas para que la vida no sea una condena ligada a las condiciones familiares no elegidas por el individuo. Las instituciones condicionan o impulsan las realizaciones de las personas. Para esto, es indispensable asegurar la trayectoria de cada uno de los uruguayos por el sistema educativo, aceptando los diversos ritmos y modos de transitarlo.

Indudablemente en los últimos años se ha logrado mejorar el acceso a la educación media, especialmente entre los adolescentes de los hogares más vulnerables. Hay un marco de acceso a la educación de jóvenes de entre 12 y 14 años, cuasi universal con el desarrollo de una estrategia de carácter operativo que ha resultado excelente a la hora de detectar niños y jóvenes que habiendo culminado la educación primaria no se encuentran cursando la educación media (Sistema de Protección de Trayectorias. ANEP). En los últimos treinta años, Uruguay  experimentó un cambio notorio, escasamente reconocido en el discurso público que se relaciona con el acceso a la educación formal en todos los niveles educativos[iii]. Sin embargo,  pese a todos los esfuerzos realizados, incluso, pese a la constatación de la mejora en cuanto a la promoción de estudiantes especialmente en el Ciclo Básico que se viene dando en forma sostenida en los últimos cinco años, subsiste aproximadamente un 25 por ciento. Estos jóvenes que no culminan  la educación media, que quedan con sus trayectorias educativas formales truncas, y por lo tanto con su posibilidad personal de desarrollo inhabilitada y la consiguiente consecuencia  que esto acarrea a la sociedad.
Además del seguimiento personalizado de cada niño que egresa de la escuela, es necesario implementar cambios que aseguren los aprendizajes, atendiendo el recorrido previo que cada estudiante realizó (recuérdese las altas tasas de rezago escolar con el que llegan una cuarta parte de los niños a educación media desde educación primaria), ofreciendo actividades alternativas, metodologías actualizadas y formatos variados que aseguren el desarrollo de habilidades, procesos y saberes indispensables para continuar la trayectoria educativa formal y en muchos casos que compensen la falencia familiar en el plano cultural y educativo.

Sin ánimo de tener una mirada ingenua o de minimizar los problemas, lo cierto es que es tiempo de hacer, recordando la máxima portadora de sabiduría popular: “Si quieres que algo cambie, cambia algo. Si haces lo mismo de siempre, tendrás lo mismo de siempre”, la realización de un ejercicio reflexivo con sugerencias para revisar la práctica pedagógica puede aportar sobre todo en el inicio de un año lectivo, cuando se está gestando la planificación.

Las líneas que siguen intentarán a través de una mirada realista sugerir acciones concretas que puedan ser implementadas en los centros educativos por los equipos docentes con lo que contamos en los liceos del país y que seguramente una vez implementadas permitirán generar resultados observables. De hecho, hay evidencia empírica: en los centros en los que al menos alguna de estas acciones se desarrollan, ya se observan cambios interesantes y efectos satisfactorios.

2. Las ideas se validan con la ejecución.

En principio, es  necesario problematizar interrogando la práctica pedagógica,  las instituciones educativas y la concepción profesional docente. Pero es fundamental interrogarlos saliendo DE LA TRAMA DE CAUTIVIDADES, DEL “NO SE PUEDE”...
Los liceos tienen como propósito recibir a los jóvenes, traspasar el legado, provocar el desarrollo de la subjetividad en vínculo con pares y otros adultos diferentes a los de su familia para descubrir nuevos modos de responder a las propuestas que el mundo ya trae, para operar desde la radical novedad y ofrecer opciones en la construcción del proyecto de vida.

Para que esto se produzca es impostergable redefinir el funcionamiento liceal, apostando a que sea un espacio de acción de potencialidades, de crecimiento de la subjetividad, del que cada joven pueda sentirse parte, formando parte.  Hay una constitución institucional rigurosamente rutinaria, codificada, a la manera de un damero, que inexorablemente expulsa a los que no se adaptan, poniendo la responsabilidad en el recién llegado  porque la  institución funciona de un modo anestesiado donde no hay lugar para las interrogantes. La trayectoria escolar no solo se refiere a recorridos personales de los alumnos, sino que interpela y moviliza a los centros educativos a buscar estrategias de trabajo para garantizar la permanencia y los aprendizajes. Cabe preguntarse si la retención aún insatisfactoria de jóvenes en nuestro sistema educativo medio no ameritan la pregunta: ¿las dificultades las tienen los sujetos o las tienen las instituciones? Al respecto, los invito a pensar algunas cuestiones sobre la necesaria revisión de la práctica educativa para cumplir el cometido, es decir que además de matricularse, los jóvenes permanezcan y aprendan

2.1 El pacto de la presencialidad.
El tema de la presencia en los centros educativos resulta urticante. Lo es para los adultos y también lo es para los adolescentes que van cada vez más desarrollando una presencia intermitente en las instituciones. Esa falta de continuidad  conspira contra las posibilidades de desarrollo del proceso y por lo tanto del resultado esperado. Por lo pronto, parece  fundamental asegurar siempre que los adultos estén haciendo una oferta a ese joven que llega. Insisto en que vivimos un tiempo en que una porción de estudiantes tiene dificultades severas para sostener la asistencia regular a clase, por lo tanto, es tarea esencial de los adultos, hacer de los tiempos institucionales, tiempos valiosos, interesantes, con contenido. Si el joven tiene una asistencia de baja intensidad, es impostergable pensar en el  liceo como un lugar del acontecer con sentido para ese joven, por lo tanto es fundamental que todos los actores institucionales, puedan cumplir este rol de ofrecer en los tiempos de duración de la estadía del joven en el centro, actividades formativas[1]. Asimismo, es importante que los actores institucionales se descubran e identifiquen como agentes educativos. Lo importante es que cada uno de los actores institucionales desarrolle en el campo de su expertise y tenga disponible un conjunto de actividades de posible aplicación para que los tiempos de los estudiantes sean tiempos valiosos y que el joven no quede con la sensación del sinsentido de haber concurrido al liceo.

2.2  Los talleres como espacios adicionales a los curriculares.
Sin ingresar en consideraciones acerca de la pertinencia de los planes vigentes a nivel de currículum oficial, hay un espacio de construcción curricular que le compete al centro educativo. Requiere una escucha atenta para recoger los intereses de los estudiantes y así forjar espacios nuevos de circulación de saberes no tradicionales en el liceo. Permite a los estudiantes explorar intereses, descubrir vocaciones ocultas, trabajar con una metodología más libre que la que habitualmente tiene en la clase curricular y formar parte de otro grupo de jóvenes diferente al grupo/clase tradicional. Los talleres son espacios riquísimos de aprendizaje, no solo por lo que allí se ofrece sino porque además pone a los estudiantes en una situación diferente, le ofrece una oportunidad de vínculo distinta con el adulto a cargo y permite el intercambio entre jóvenes abriendo una oportunidad de un nuevo grupo de pertenencia. Tengo la convicción de que estos saberes y habilidades desarrolladas en los espacios de taller, son indudablemente valiosos e impactan en la capacidad de aprendizaje y disposición al saber que el joven necesita tener activados para producir un mejor resultado en las asignaturas del currículum oficial.

A los beneficios señalados, se suma que el centro educativo mejora en sus niveles de convivencia en forma general. Integrar dentro del centro aulas temáticas donde se cruzan y conviven estudiantes de distintos años e incluso turnos, promueve el conocimiento entre jóvenes y el disfrute por la confirmación de todo lo que tienen en común y elimina la desconfianza que es muchas veces, por  inseguridad, el origen de las disputas adolescentes.

Además de los espacios denominados de taller y que en nuestra propuesta forman parte de la extensión del tiempo pedagógico, el  taller es una opción indispensable cuando pensamos en la propuesta metodológica del aula. Produce efectos muy beneficiosos: habilita la reflexión,  el intercambio y la construcción comprensiva del conocimiento, además de generar dinamismo a la clase y permitir el protagonismo pleno de los estudiantes.

2.3 Disparar la creatividad: proyectos y preguntas disparadoras.
Apostando a una nueva forma de organización y vida institucional, es ineludible poner el foco en la metodología de trabajo en el aula. Cargamos con una historia adultocéntrica, en que el profesor, que en su tiempo tenía el monopolio de la información, usaba el tiempo de clase para compartir su saber en forma vertical. Hoy es necesario, situar la mirada en el alumno y repensar el lugar del saber que debe volverse disponible, como un saber en conjunción con otros campos del conocimiento. Así que la propuesta es la del trabajo interdisiciplinario, estableciendo nuevos modos de relación entre la educación y el conocimiento, también entre el profesor y los estudiantes, “…debemos ser algo más que convertirnos en expertos de la rutina, aplicando y perfeccionando algún modelo heredado –aún cuando proceda de los mejores-”, (…) “los profesores que son muy efectivos diseñan mejores experiencias de aprendizaje para sus estudiantes, en parte debido a que conciben la enseñanza como fomento del aprendizaje”(…) “Se preguntan si quieren que los estudiantes recuerden, comprendan, apliquen, analicen, sinteticen o evalúen”[iv]. Hay investigaciones que muestran que los mejores profesores “tienden a sumergir los asuntos de la disciplina en intereses más generales, dando a menudo un enfoque interdisciplinario de los problemas”. Las preguntas son fundamentales y tremendamente provocadoras y los docentes debemos aprender a construirlas, porque estamos más acostumbrados a dar respuestas a preguntas que ningún alumno nos formuló que a hacer buenas preguntas disparadoras y planteamiento de problemas que apunten a resignficar el conocimiento que permitan que el joven se ponga en situación de búsqueda de respuestas, a través de tareas auténticas de búsqueda de caminos de resolución.  Hablamos del aprendizaje basado en proyectos (ABP), un método de enseñanza y de aprendizaje basado en el estudiante, en el que éste adquiere conocimientos, habilidades y virtudes a través del abordaje de situaciones de la vida real.

La argentina Flavia Terigi insiste en lo necesario que es aprender a hacer preguntas interesantes que no se respondan con un retazo de información. Asimismo insiste en lo importante que es poner en entredicho algunas “verdades” de esas que han estructurado nuestro sistema educativo. Fundamentalmente plantea la necesidad de desarrollar un saber pedagógico, en especial, didáctico que incremente nuestra capacidad para desarrollar un repertorio de estrategias y acciones que permitan acompañar los tiempos y  ritmos diversos de los aprendizajes de nuestros estudiantes (cronologías de aprendizaje), ya que en condiciones de enseñanza simultánea, tenemos que empezar a manejar más de una cronología de aprendizaje.

2.4 Uso de los tiempos y los espacios institucionales. 
Una metodología de este tipo derriba las viejas concepciones sobre el uso del tiempo en educación. Hasta no hace mucho, se pensaba en unidades fragmentadas para mantener la atención del alumno. Sin embargo, se comprueba en el marco del desarrollo de propuestas de trabajo como las que planteamos,  que la mayor disponibilidad de tiempo en forma consecutiva, favorece el desarrollo de procesos completos, entusiasma en la medida en que el joven se incorpora a un procedimiento que él mismo define junto a  sus compañeros y que exige tiempo para su desarrollo: búsqueda de información, discusión, propuestas de organización del  trabajo, realización, conclusiones.

Los equipos directivos  y docentes de las instituciones educativas en acuerdo con los equipos inspectivos pueden hacer en el marco de su autonomía, los arreglos estructurales que consideren pertinentes para favorecer los aprendizajes en cuanto al uso de los tiempos y los espacios institucionales.

2.5 Resignificación de espacios institucionales existentes: coordinación y acompañamientos.
A la luz de lo planteado, también es necesario dotar de discusiones fértiles y de oportunidades de compartir aciertos y errores, experiencias educativas llevadas adelante en el centro, a los espacios de coordinación docente[2] La génesis del espacio de coordinación estuvo siempre centrada en abrir la oportunidad de encuentro entre colegas para el intercambio profesional  con la esperanza que incida en las prácticas pedagógicas. No puede ser un espacio burocratizado porque deja de ser fértil en términos de oportunidad y pasa a ser una carga para el propio profesor y un despilfarro de fondos inútil para el sistema.

Por otro lado es importante también resignificar el uso de los tiempos que se otorgan para realizar un acompañamiento a los estudiantes que lo requieran. Un adulto disponible que genera confianza en las propias posibilidades del joven, que lo escucha y lo ayuda a tramitar sus dificultades es clave. Los espacios de tutoría, las horas de Acompañamiento a las Trayectorias Educativas, son oportunidades para generar lazos con los estudiantes e incluso armar equipos entre estudiantes más adelantados y los de menor rendimiento, puesto que está probado que para los primeros es un beneficio pues uno aprende mucho cuando enseña pero además las tutorías entre pares suelen tener un efecto más potente que las tutorías entre adultos y jóvenes. El profesor puede funcionar como un orientador, estimulando a los estudiantes a nutrirse mutuamente del saber que cada  uno porta para tener todos, mejores resultados.

2.6 Trabajo en red: compartiendo experiencias.  El derecho a la participación.
Si hay una modalidad que asegura el enriquecimiento mutuo y no requiere de mayores dificultades para su implementación es el trabajo en red. Más aún en el tiempo que corre en que a través de la tecnología y en tiempo real, somos capaces de “reunirnos” con otros y tener un nivel de intercambio fuerte, superando las barreras espaciales, e incluso las temporales. Es fundamental, gestar redes de trabajo. Desde hace tres años estamos trabajando en la Red de Aprendizajes y ya contamos con 83 centros educativos que participan. Es de alguna manera, una modalidad de trabajo que promueve la innovación y que facilita la construcción cooperativa entre docentes y centros educativos. Está claro que las experiencias no son calcables, pero son iluminadoras. Escuchar el relato de cómo otros superaron sus dificultades, abordaron sus conflictos y pudieron producir otra realidad en el liceo y el aula, nos puede permitir vislumbrar caminos aún no recorridos que pueden ser valiosos. En el caso de los 83 centros que están en red, destaco que además del intercambio dentro de nuestro país, se vinculan con centros educativos de media de otros países.

2.7 Las duplas docentes.
Desde hace un par de años venimos ensayando el trabajo en duplas o tríos docentes.
Desde la dimensión del docente, esta tarea permite el desarrollo de cualidades personales (madurez emocional, capacidad de negociación, compromiso, afrontar los conflictos como retos de conocimientos, la construcción de confianza y vínculos, la apertura) y cualidades profesionales (desafío a la hegemonía por el liderazgo, docente autor, elaboración de un registro reflexivo, retroalimentación y reflexión permanente). Lo cierto es que es una experiencia movilizadora que pone al docente en una nueva situación, y permite la alteración de los roles en el aula.

Desde la dimensión de los alumnos, supone una forma novedosa de aprender, experimentando la interdisciplinariedad más allá de lo intelectual, situando la relación con el conocimiento desde el paradigma de la complejidad, promoviendo el deseo de explorar, buscar explicaciones y vivir el desafío de la participación activa en su aprendizaje. Sin lugar a dudas, además es una oportunidad que favorece el desarrollo de un currículum integrador y habilita más fácilmente a la planificación y creación de propuestas de adaptación curricular.

El trabajo en duplas o equipos docentes en general, en el aula a un tiempo y con una propuesta problematizadora evidencia la tensión entre la identidad disciplinar y la disponibilidad disciplinaria que resulta de la interacción de las disciplinas entre sí. [3]

2.8 La evaluación como parte del proceso de enseñanza y de aprendizaje.
La evaluación no puede ser concebida en forma periférica y separada del proceso de enseñanza y de aprendizaje. Es necesario entender que la acreditación es solo una de las facetas de la evaluación y que su valor verdadero radica en que se constituye en parte del proceso de enseñar y aprender que vive el estudiante y su profesor.

El Marco Curricular de Referencia Nacional de la ANEP destaca que la importancia de la evaluación radica en que:
- Permite dilucidar, objetivar y establecer apreciaciones acerca de los procesos de aprendizajes. Esto implica el desarrollo de una perspectiva crítico-valorativa en el aprendiente y en el docente (dimensión metacognitiva).
- Habilita la autorregulación. Pensarse en tanto aprendiente favorece la toma de control y el monitoreo de los aspectos que se presentan en las situaciones de aprendizaje.
- Plantea una perspectiva formativa y formadora. Formativa, en relación con los dispositivos de enseñanza, ajustes y adecuaciones que el docente introduce en función de los procesos que procura impulsar y las ocurrencias de la práctica; formadora, en relación con la apropiación y autorregulación que el estudiante asume en la conducción de su aprendizaje.
- Asume una orientación comprensiva y cualitativa de los aprendizajes. Supone poner en diálogo la reflexión del docente y del aprendiente en torno a los procesos y objetos de aprendizaje, lo que permite enriquecer y afinar las valoraciones que se expresen.
- Favorece la congruencia entre instrumentos y metodología de implementación. La evaluación no se concibe como control externo, sino que se la piensa en el centro del aprendizaje (Litwin, 1998). En consecuencia, las instancias de evaluación deberán habilitar en el aprendiente el despliegue de diferentes estrategias (reflexión personal, búsquedas individuales o grupales, ayuda en procesos colaborativos, coparticipación, consulta a pares o a referencias bibliográficas, etc.).”[v]

Después de todo lo expresado en los párrafos anteriores, enfatizamos, por último, la libertad del equipo directivo y de los actores educativos  para definir aspectos organizacionales que fomenten la creatividad y la construcción de la propuesta pedagógica contextualizada, centrada en los jóvenes, proveedora de aprendizajes.



[1] Existe un abanico inmenso de tareas que se pueden desempeñar y que se constituyen en sí mismas como opciones valiosas para invertir el tiempo: la lectura de un texto a viva voz, el análisis y comentario de alguna noticia de actualidad, los juegos ortográficos o de desarrollo de las capacidades lógicas o el simple disfrute de escuchar una canción y discutir el contenido de su letra, visitar el laboratorio de ciencias y recordar las normas de seguridad, realizar alguna pràctica sencilla, visitar el laboratorio digital y llevar adelante alguna propuesta.
[2] La coordinación docente es un tiempo salarialmente compensado con el que cuentan los profesores uruguayos a nivel semanal. Su asignación tiene relación con el número de horas de clase que tenga (en general tienen entre dos y cuatro horas de coordinación) Ha sido pensado como un espacio para que los docentes se encuentren, discutan, se formen, planifiquen y diseñen estrategias y actividades.
[3] El apartado sobre Duplas Docentes, se realizó a partir de instancias de intecambio con la Prof. Cristina Ferro Echegaray que se encuentra abocada al estudio y análisis de esta experiencia, desde el año 2016 en que la misma comenzó a implementarse en los liceos.




[i] Aristóteles. Tratado sobre el alma.

[ii] London, Alicia y Formicella, María Marta. EL concepto de desarrollo de Sen y su vinculación con Economía y Sociedad. Año XI No. 17 Enero-Junio 2006 http://www.redalyc.org/html/510/51001702/
[iii] De Armas, Gustavo. Trayectorias educativas en Uruguay. Principales rasgos, tendencias y desafíos para las políticas pùblicas. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. UNICEF. Uruguay. Año 2017

[iv] Bain, Ken “Lo que hacen los mejores profesores universitarios” PUV, 2004

[v] ANEP. “Marco Curricular de Referencia Nacional” Montevideo, 2017

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