La adolescencia como
tiempo de construcción vital.
El psicoanalista uruguayo Marcelo Viñar dice que
hay algo indeleble, casi indecible que habita en cada persona madura o en cada
anciano que tiene que ver con aquel momento tumultuoso de la vida personal en
la que uno es adolescente, y yo creo que es firmemente cierto, en tanto la
adolescencia nos acompaña durante toda la vida porque es un tiempo esencial de
construcción del proyecto vital. Claro que esto se expresa en un movimiento
tumultuoso para el que el propio Viñar usa muchas metáforas que vienen del
mundo de la ciencia de la tierra y del aire: el torbellino, el ciclón, el
terremoto. Todo ese movimiento intenso de un profundo trabajo síquico
transformacional se relaciona fuertemente con el vigor de la adolescencia como
un tiempo de grandes interrogantes que nos hacemos a nosotros mismos, que le
hacemos al mundo interpelándolo y que coincide con ese momento clave y fértil
para la construcción del proyecto de vida. Por eso a veces los adolescentes son
muy complicados, y aún con aquellos que nos encantan, nos cuesta trabajar porque viven todo ese terremoto interior y lo
expresan en una serie de acciones que irrumpen la vida cotidiana. Si pensamos
en el transitar de las instituciones educativas, que tienen una expectativa de
“normalidad” concebida desde el cumplimiento rígido de horarios, desde una
malla inamovible de asignaturas y desde una postura que incluso se expresa
desde los físico como expectativa de habitar el liceo, es claro que hay un
choque inevitable con la abundancia de sensaciones, rupturas, exclamaciones y
exploraciones que desea hacer el adolescente a quien se trata de encorsetar.
Sumado a la abundancia de cosas que le suceden al unísono al adolescente, se
genera una ruptura entre una educación secundaria pensada para algunos
–disciplinados, limpios, de familias fuertes culturalmente, alimentados y
“educados”- y la educación media que aspiramos a ofrecer hoy, en la que
pretendemos abrir ofertas de recorrido para todos los jóvenes. Pero la vida
cotidiana educativa aún resiste. Aspira a sostener el ideal de joven prolijo,
obediente y sin mayores dificultades y a sentir que esta variedad de
adolescencias que vemos en los tiempos que corren destruye el plan esencial
fundacional de la educación media.
Los adolescentes de hoy,
son más expresivos y menos obedientes. Son más naturales y son por lo tanto, más
condenados socialmente, por nosotros, los adultos de la familia, del liceo, de
la sociedad que elegimos la comodidad de “borrarnos” de la lucha del adolescente,
sin entender que ese vínculo ríspido, constante, batallador es la clave para la
construcción de la subjetividad de ese cachorro humano que está en plena
construcción de su humanidad.
La Dra Carmen Rodrìguez,
nos plantea que cada
sociedad produce las formas subjetivas propias de su tiempo, por eso es
imprescindible preguntarse cómo son los niños y adolescentes de nuestra
sociedad y naturalmente, cómo somos los adultos. Del vínculo que se instale
entre adultos y jóvenes, nacerá la posibilidad fuerte de la construcción
identitaria de los segundos y el desarrollo o la obturación del enigma del que
somos portadores, siguiendo en este sentido a la filósofa Hanna Arendt
Me gustaría hacer algunas precisiones de los adultos, sobre todo
porque en la adolescencia se produce el conflicto intergeneracional, que es muy
saludable y a la vez muy difícil de sobrellevar, -cuando tenemos hijos, cuando
estamos pensando en nuestros alumnos-, pero es una contienda que es
imprescindible, que no espera ganadores o perdedores porque lo que importa es
el proceso de esa contienda, importa cómo se va desarrollando ese intercambio,
y cómo el adulto está parado frente a ese joven para ponerle algunos límites
pero también para darle alguna protección, algunas seguridades para que pueda
construir su proyecto de vida. Y esto se complica mucho cuando los adultos
desalojan la tarea de ser tales, en un mundo juvenilista, donde los adultos
quieren parecerse mucho a los jóvenes, es difícil que se dé esa relación tan
necesaria e insustituible. Si el adulto abandona su lugar, no hay contra quien
establecer el conflicto. Hay un vacío y dejamos a los jóvenes a la intemperie.
Esto nos pasa con los adultos del hogar, con los adultos de las instituciones,
nos pasa en general como adultos. Las argentinas Duschatsky y Corea dicen que
la maternidad y la paternidad parecen como desinvestidos de aquel sentido
heredero de la tradición cultural. Como que los adultos no quieren hacerse
cargo de lo que impresiona como ineludible desde el momento en que uno trae a
alguien al mundo. Ellas hablan de la caída de un patrón referencial en la
estructuración que nos invita a pensar en que la familia es un significante
vacío en el día de hoy, es decir un lugar sin referencia estable de
significación.
Pienso que por acá hay una punta desde donde pensar con mucha fuerza, y que de alguna
manera nos interpela a los docentes, porque cuando la familia deja de cumplir
el rol de poner el límite y generar los amparos imprescindibles para que esa
persona pueda desarrollarse, la otra institución que aparece, los otros adultos
que aparecen en la vida de una persona de una manera inexorable somos los
docentes. De hecho los estudios sobre resiliencia que se han hecho, observando
a las personas que logran superar historias terribles de vida, indican la presencia de un adulto que es el
que da el mensaje esperanzador, el que alienta a la construcción de una ruta
para salir de esa situación difícil por la que la persona atraviesa, y en un
porcentaje muy alto, ese adulto es un maestro o un profesor. De alguna manera
los docentes somos lo que el sicoanalista
francés Pierre Kammerer, denomina como postas parentales, quizás sería más correcto
decir que deberíamos serlo. Es decir,
ser aquellos otros adultos que aparecen con un mensaje claro, que tienen otras cosas
para decir, que pueden responder a la deuda debida, cuando los que tenían que
responder por la deuda de vida que son los padres o la familia, no lo han
hecho.
Un
universo llenito de datos.
La
construcción de la subjetividad a la luz del mundo de hoy.
Es indispensable abordar también cambios sustanciales de este
mundo y de la relación que existe entre el docente y la necesaria redefinición
del rol. Esto lo digo con la propiedad de la experiencia, porque cuando me
formé como profesora, quienes lo hicieron me formaron para enseñar literatura.
Me formaron desde una concepción muy lineal, para llevar un saber a clase,
donde yo era la distribuidora de la información, un aula en la que yo,
profesora, aportaba y volvía disponible
una información a la clase, con apenas alguna pequeña participación de búsqueda
previa por parte de los alumnos.
Ha habido un cambio sustancial. Vivimos en un mundo donde la información
prolifera por doquier. Ya el docente perdió el monopolio de la información y es
necesario hacer una redefinición del rol del docente a la luz de lo que decía
recién. Por un lado, está impelido a ser aquel que de alguna manera funciona
como una posta parental frente a la ausencia de los otros adultos de la
familia, quiera o no quiera tomarlo, esto es así. Por otro lado, debe repensar
su lugar, su identidad profesional porque ya no es más el dueño de la
información y se ve acuciado, sometido a un mundo en el que la información
realmente es intensa, es cuantitativamente inmensa, y lo que hay que hacer es
el juego de ordenarla, de clasificarla, de aplicarla para desarrollar esas
habilidades en nosotros.
Hay un texto de un
francés, Michele Serres, que se llama “Pulgarcita”, nombre que no se usa en
alusión al personaje de cuento tradicional, sino que refiere al uso de los
dedos pulgares que hacen hoy los niños y los jóvenes. Porque nuestros jóvenes
tienen hoy esa inusitada habilidad en los pulgares que les permite acceder a
toda la oferta que les hacen los dispositivos electrónicos. El autor, hace algunas reflexiones interesantes sobre esta forma en que la
información empieza a irrumpir en nuestras vida, y algunas interpelaciones con respecto al tema de la tecnología.
Empieza planteando una leyenda en la que el Emperador Domiciano, que
impresionaba como un individuo sumamente tirano, decide la decapitación de
Denis que era el obispo que había sido elegido por los cristianos de París. Le
indica a los soldados que lleven a Denis hasta lo alto de una colina y allí lo
decapiten. Como los soldados estaban cansados, en la mitad del ascenso lo
decapitaron y lo que Denis hace, -para sorpresa de todos los presentes-, fue
seguir caminando, tomar su cabeza, lavarla en la fuente y continuar su camino,
lo que se ve como un milagro y genera un horror tremendo. Pulgarcita abre su
computador, no conoce esta leyenda sin embargo considera que tiene ante sí y en
sus manos su propia cabeza, bien llena en razón de la enorme reserva de
información, pero también bien hecha, puesto que motores de búsqueda allí
activan a su antojo textos e imágenes, y mejor aún, infinidad de programas pueden en él tratar innumerables
datos, más rápido de lo que ella podría hacerlo. Sostienen ahí, fuera de sí, su
cognición como San Denis tuvo su cabeza
fuera de su cuello. Sin lugar a dudas, acá ilustra claramente un poco lo que
nos pasa en relación a este caudal de información, y a este vínculo con todos
los aparatos y dispositivos que tenemos para acceder a todo este cúmulo de
cosas y sin embargo, cuando vamos al aula queremos seguir teniendo a los
chiquilines callados, quietos, queremos seguir siendo los profes el centro de
atención, queremos seguir trabajando con una pizarra tradicional. Queremos
seguir haciendo lo que hacíamos hace tantos años, y seguir albergando y
alimentando la nostalgia de esos jóvenes que ya no existen más.
Quisiera tomar por un instante, en esta misma línea, la
posibilidad de interpelar una educación, que en su forma de presentación en las
instituciones no viene teniendo variantes. Y esto lo digo con angustia y desde
el deseo de que realmente podamos caminar hacia un movimiento transformador de
nuestros liceos.
Secundaria nació albergada por la Universidad, es decir,
Secundaria nace al abrigo de la Universidad de la República y mantiene en su
misión fundacional la atención de una pequeña porción de la población, que eran
aquellos jóvenes cuya familias tenían asignado para ellos, un destino: llegar a ser profesionales, cursar estudios superiores. Y con el correr
del tiempo, nosotros hoy nos vemos impelidos a sacudir aquella misión
fundacional porque sabemos que la
educación es un derecho que les corresponde a todas las personas, que no
debería estar ligado solo a aquellos que tienen el privilegio de pertenecer a
unas familias que les dan algunas condiciones para continuar estudiando. Pero
esto sacude mucho a la misión fundacional de secundaria y la institución
resiste La Institución estuvo pensada para unos pocos que tenían unas
condiciones y hoy está tratando de ensanchar la puerta para que entren todos. Y
una cosa es decirlo y otra vivirlo.
Hoy tenemos dificultades para pensar y vivir un liceo
para todos los jóvenes. Es una dificultad que deseamos tener porque estamos
convencidos de que esto debe ser así, pero la verdad es que exige un cambio
cultural tan fuerte que nos está resultando muy difícil llevarlo adelante. ¿Por
qué? Porque si hay una institución que no ha cambiado, es la institución
educativa. Si fantaseáramos con que alguien que desapareció del mundo hace 100 años, hoy
lograra levantarse, seguramente se sentiría perdido en un mundo tan diferente
al que dejó, pero también probablemente
se encontraría seguro en alguna
institución educativa, ya que son lugares que han cambiado muy poco.
Lo cierto es que las instituciones educativas y particularmente
los liceos son instituciones fuertemente codificadas, que tienen una estructura
de damero, donde hay una rutina que está instalada, donde todo parece
inamovible. Es impresionante detectar cómo si en esa codificación
organizacional está previsto que a primera hora va a haber clase de Matemáticas
no se pudiera hacer otra cosa que esa clase de Matemáticas. Hay como una
incapacidad para gestar los tiempos dentro del tiempo y unos espacios nuevos dentro
de los espacios disponibles.
Porque ni siquiera la disposición del aula cambió. Y no porque
cambiemos los muebles vamos a cambiar la esencia, pero sí al menos, es hora de
empezar a hacer algunos movimientos que den cuenta de otros modos de estar en
la Institución tanto para los docentes tanto como para nuestros jóvenes.
La argentina Graciela Frigerio nos dice que hay tres verbos que
son claves: Hospedar, Reconocer y Distribuir. Si realmente los conjugáramos
en una práctica vivencial, podrían ser los que explican por qué tenemos un
número tan bajo de egresos o se nos van los jóvenes.
Si somos capaces de repensar la vida de las Instituciones y
nuestro lugar como educadores, pensando en el lugar de la hospitalidad, del que
recibe, del que reconoce al otro, -porque las instituciones educativas tienen
una inexorable importancia en la construcción de la identidad de las personas,
en el desarrollo de la subjetividad, en el proceso de humanización, en el lazo
identitario-, ahí seríamos capaces de
cumplir con esa impostergable condición distributiva que tenemos asignada. Pero
para eso, hay que interrogarse acerca de si realmente estamos convencidos y
comprometidos en caminar hacia un desarrollo pleno de la educación como
derecho, y hacia una sociedad que sea verdaderamente democratizadora. Las
puertas de las instituciones se han abierto, con un ingreso cuasi-universal al
Ciclo Básico, que es cierto pero de un egreso que se achica, que funciona casi
como un embudo y que permite problematizar cuál es el lugar de esos jóvenes de
los quintiles más bajos en nuestras aulas y en nuestras instituciones, porque
hay que reconocer que algunas lógicas devaluativas del pobre que realmente
están instaladas en nuestras aulas. Dejar por lo menos planteado que cuando
decimos que la escuela se encuentra destituida simbólicamente, no decimos que
enseña mal o que no enseña lo que debe enseñar o que no lo enseña como debería
enseñarlo, sino que hay una pérdida de
credibilidad en la capacidad de fundar subjetividad. Yo estoy convencida de que
es posible refundar las instituciones educativas, y la educación como
institución con mayúscula, que permita un desarrollo pleno de nuestros jóvenes,
y un desarrollo de lo colectivo de nuestra sociedad. Los educadores somos
capaces de volver disponible una oferta identitaria distinta a la que traen
nuestros jóvenes si somos capaces de descubrir el enigma que cada uno porta. Y
zafar concientemente de dejar a los chiquilines ligados al prontuario de
origen. Interpelar los saberes del prejuicio. Derrotar los prejuicios que a
veces parecen funcionar para destruir las chances de unos y favorecer las
chances de otros. Las instituciones educativas y los docentes tenemos el
cometido de ofrecer otras suertes de construir un destino común que sea pleno
para todos y de seguir recorriendo con una perspectiva ética las interrogantes
que de alguna manera tiene que ver con interrumpir las rutinas para inaugurar
nuevos modos de hacer.
En el Uruguay hay instituciones educativas que realmente tienen
que funcionar como faros, como ejemplos de unas prácticas distintas que se
vienen llevando adelante y creo que éstos son procesos de largo aliento.
No hay que olvidarse lo que Gustavo De
Armas siempre dice que Primaria demoró un siglo en universalizar, en llegar a
todos los uruguayos. Que secundaria o media en general, porque acá incorporo
también al subsistema compañero en este desafío, lleva un poco más de 50 años de trabajo, y que yo creo que las décadas que nos quedan por delante
tienen que ser décadas de reconformar, de reconstruir nuestras instituciones,
pero sobre todo repensando el rol de los adultos para realmente ser
hospitalarios y generosos con nuestros jóvenes.
[i] El presente texto es la desgrabación casi
textual de una conferencia dada en el año 2016 en el marco del Seminario “Ser y
estar de la adolescencia en la educación” organizado por la Facultad de Sicología
de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.
Nada peor que tratar de igual manera al desigual. Es la peor discriminación. Las condiciones que citas de Fregeiro son imprescindibles : hospedar , reconocer y distribuir. Ojalá estás reflexiones llegarán a los colectivos docentes y las hicieran suyas en lugar de defenderse. Dejar de depositar las culpas del fracaso a la escuela , a los padres. Partir del conocimiento del perfil adolescente y reconocer que la sociedad cambió y procurar cómo funciona esta sociedad no la imaginaria que esta e la cabeza del docente. Un fuerte abrazo , Celsa . Éxitos en la gestión de este nuevo año.
ResponderEliminarHermoso mensaje...No olvidemos jamás que los docentes somos en muchas ocasiones ejemplo para nuestros adolescentes. Y a partir de ahí replantearnos como queremos influir en ellos, nuestras prácticas siempre deben ser analizadas por nosotros, nuestros jóvenes son el tesoro más hermoso en nuestras aulas...Y el mensaje debe ser claro, un gesto, una palabra Muchas veces modifican y sirven mucho más que un contenido, si logramos llegarles de forma sincera y por medio de las emociones ya habremos logrado ser "postas parentales"...mucha suerte para este nuevo año Celsa!!
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