jueves, 8 de febrero de 2018

Hay que seguir construyendo faros. [i]


La adolescencia como tiempo de construcción vital.

El  psicoanalista uruguayo Marcelo Viñar dice que hay algo indeleble, casi indecible que habita en cada persona madura o en cada anciano que tiene que ver con aquel momento tumultuoso de la vida personal en la que uno es adolescente, y yo creo que es firmemente cierto, en tanto la adolescencia nos acompaña durante toda la vida porque es un tiempo esencial de construcción del proyecto vital. Claro que esto se expresa en un movimiento tumultuoso para el que el propio Viñar usa muchas metáforas que vienen del mundo de la ciencia de la tierra y del aire: el torbellino, el ciclón, el terremoto. Todo ese movimiento intenso de un profundo trabajo síquico transformacional se relaciona fuertemente con el vigor de la adolescencia como un tiempo de grandes interrogantes que nos hacemos a nosotros mismos, que le hacemos al mundo interpelándolo y que coincide con ese momento clave y fértil para la construcción del proyecto de vida. Por eso a veces los adolescentes son muy complicados, y aún con aquellos que nos encantan, nos cuesta trabajar  porque viven todo ese terremoto interior y lo expresan en una serie de acciones que irrumpen la vida cotidiana. Si pensamos en el transitar de las instituciones educativas, que tienen una expectativa de “normalidad” concebida desde el cumplimiento rígido de horarios, desde una malla inamovible de asignaturas y desde una postura que incluso se expresa desde los físico como expectativa de habitar el liceo, es claro que hay un choque inevitable con la abundancia de sensaciones, rupturas, exclamaciones y exploraciones que desea hacer el adolescente a quien se trata de encorsetar. Sumado a la abundancia de cosas que le suceden al unísono al adolescente, se genera una ruptura entre una educación secundaria pensada para algunos –disciplinados, limpios, de familias fuertes culturalmente, alimentados y “educados”- y la educación media que aspiramos a ofrecer hoy, en la que pretendemos abrir ofertas de recorrido para todos los jóvenes. Pero la vida cotidiana educativa aún resiste. Aspira a sostener el ideal de joven prolijo, obediente y sin mayores dificultades y a sentir que esta variedad de adolescencias que vemos en los tiempos que corren destruye el plan esencial fundacional de la educación media.

Los adolescentes de hoy, son más expresivos y menos obedientes. Son más naturales y son por lo tanto, más condenados socialmente, por nosotros, los adultos de la familia, del liceo, de la sociedad que elegimos la comodidad de “borrarnos” de la lucha del adolescente, sin entender que ese vínculo ríspido, constante, batallador es la clave para la construcción de la subjetividad de ese cachorro humano que está en plena construcción de su humanidad.

La Dra Carmen Rodrìguez, nos plantea que cada sociedad produce las formas subjetivas propias de su tiempo, por eso es imprescindible preguntarse cómo son los niños y adolescentes de nuestra sociedad y naturalmente, cómo somos los adultos. Del vínculo que se instale entre adultos y jóvenes, nacerá la posibilidad fuerte de la construcción identitaria de los segundos y el desarrollo o la obturación del enigma del que somos portadores, siguiendo en este sentido a la filósofa Hanna Arendt

Me gustaría hacer algunas precisiones de los adultos, sobre todo porque en la adolescencia se produce el conflicto intergeneracional, que es muy saludable y a la vez muy difícil de sobrellevar, -cuando tenemos hijos, cuando estamos pensando en nuestros alumnos-, pero es una contienda que es imprescindible, que no espera ganadores o perdedores porque lo que importa es el proceso de esa contienda, importa cómo se va desarrollando ese intercambio, y cómo el adulto está parado frente a ese joven para ponerle algunos límites pero también para darle alguna protección, algunas seguridades para que pueda construir su proyecto de vida. Y esto se complica mucho cuando los adultos desalojan la tarea de ser tales, en un mundo juvenilista, donde los adultos quieren parecerse mucho a los jóvenes, es difícil que se dé esa relación tan necesaria e insustituible. Si el adulto abandona su lugar, no hay contra quien establecer el conflicto. Hay un vacío y dejamos a los jóvenes a la intemperie. Esto nos pasa con los adultos del hogar, con los adultos de las instituciones, nos pasa en general como adultos. Las argentinas Duschatsky y Corea dicen que la maternidad y la paternidad parecen como desinvestidos de aquel sentido heredero de la tradición cultural. Como que los adultos no quieren hacerse cargo de lo que impresiona como ineludible desde el momento en que uno trae a alguien al mundo. Ellas hablan de la caída de un patrón referencial en la estructuración que nos invita a pensar en que la familia es un significante vacío en el día de hoy, es decir un lugar sin referencia estable de significación.

Pienso que por acá hay una punta desde donde  pensar con mucha fuerza, y que de alguna manera nos interpela a los docentes, porque cuando la familia deja de cumplir el rol de poner el límite y generar los amparos imprescindibles para que esa persona pueda desarrollarse, la otra institución que aparece, los otros adultos que aparecen en la vida de una persona de una manera inexorable somos los docentes. De hecho los estudios sobre resiliencia que se han hecho, observando a las personas que logran superar historias terribles de vida,  indican la presencia de un adulto que es el que da el mensaje esperanzador, el que alienta a la construcción de una ruta para salir de esa situación difícil por la que la persona atraviesa, y en un porcentaje muy alto, ese adulto es un maestro o un profesor. De alguna manera los docentes somos lo que el  sicoanalista francés Pierre Kammerer, denomina como  postas parentales, quizás sería más correcto decir que  deberíamos serlo. Es decir, ser aquellos otros adultos que aparecen  con un mensaje claro, que tienen otras cosas para decir, que pueden responder a la deuda debida, cuando los que tenían que responder por la deuda de vida que son los padres o la familia, no lo han hecho.


Un universo llenito de datos.
La construcción de la subjetividad a la luz del mundo de hoy.

Es indispensable abordar también cambios sustanciales de este mundo y de la relación que existe entre el docente y la necesaria redefinición del rol. Esto lo digo con la propiedad de la experiencia, porque cuando me formé como profesora, quienes lo hicieron me formaron para enseñar literatura. Me formaron desde una concepción muy lineal, para llevar un saber a clase, donde yo era la distribuidora de la información, un aula en la que yo, profesora, aportaba y  volvía disponible una información a la clase, con apenas alguna pequeña participación de búsqueda previa por parte de los alumnos.

Ha habido un cambio sustancial. Vivimos en un mundo donde la información prolifera por doquier. Ya el docente perdió el monopolio de la información y es necesario hacer una redefinición del rol del docente a la luz de lo que decía recién. Por un lado, está impelido a ser aquel que de alguna manera funciona como una posta parental frente a la ausencia de los otros adultos de la familia, quiera o no quiera tomarlo, esto es así. Por otro lado, debe repensar su lugar, su identidad profesional porque ya no es más el dueño de la información y se ve acuciado, sometido a un mundo en el que la información realmente es intensa, es cuantitativamente inmensa, y lo que hay que hacer es el juego de ordenarla, de clasificarla, de aplicarla para desarrollar esas habilidades en nosotros.

 Hay un texto de un francés, Michele Serres, que se llama “Pulgarcita”, nombre que no se usa en alusión al personaje de cuento tradicional, sino que refiere al uso de los dedos pulgares que hacen hoy los niños y los jóvenes. Porque nuestros jóvenes tienen hoy esa inusitada habilidad en los pulgares que les permite acceder a toda la oferta que les hacen los dispositivos electrónicos. El autor,  hace algunas reflexiones  interesantes sobre esta forma en que la información empieza a irrumpir en nuestras vida, y  algunas interpelaciones  con respecto al tema de la tecnología. Empieza planteando una leyenda en la que el Emperador Domiciano, que impresionaba como un individuo sumamente tirano, decide la decapitación de Denis que era el obispo que había sido elegido por los cristianos de París. Le indica a los soldados que lleven a Denis hasta lo alto de una colina y allí lo decapiten. Como los soldados estaban cansados, en la mitad del ascenso lo decapitaron y lo que Denis hace, -para sorpresa de todos los presentes-, fue seguir caminando, tomar su cabeza, lavarla en la fuente y continuar su camino, lo que se ve como un milagro y genera un horror tremendo. Pulgarcita abre su computador, no conoce esta leyenda sin embargo considera que tiene ante sí y en sus manos su propia cabeza, bien llena en razón de la enorme reserva de información, pero también bien hecha, puesto que motores de búsqueda allí activan a su antojo textos e imágenes, y mejor aún, infinidad de  programas pueden en él tratar innumerables datos, más rápido de lo que ella podría hacerlo. Sostienen ahí, fuera de sí, su cognición  como San Denis tuvo su cabeza fuera de su cuello. Sin lugar a dudas, acá ilustra claramente un poco lo que nos pasa en relación a este caudal de información, y a este vínculo con todos los aparatos y dispositivos que tenemos para acceder a todo este cúmulo de cosas y sin embargo, cuando vamos al aula queremos seguir teniendo a los chiquilines callados, quietos, queremos seguir siendo los profes el centro de atención, queremos seguir trabajando con una pizarra tradicional. Queremos seguir haciendo lo que hacíamos hace tantos años, y seguir albergando y alimentando la nostalgia de esos jóvenes que ya no existen más.

Quisiera tomar por un instante, en esta misma línea, la posibilidad de interpelar una educación, que en su forma de presentación en las instituciones no viene teniendo variantes. Y esto lo digo con angustia y desde el deseo de que realmente podamos caminar hacia un movimiento transformador de nuestros liceos.

Secundaria nació albergada por la Universidad, es decir, Secundaria nace al abrigo de la Universidad de la República y mantiene en su misión fundacional la atención de una pequeña porción de la población, que eran aquellos jóvenes cuya familias tenían asignado para ellos, un  destino: llegar a ser profesionales,  cursar estudios superiores. Y con el correr del tiempo, nosotros hoy nos vemos impelidos a sacudir aquella misión fundacional porque  sabemos que la educación es un derecho que les corresponde a todas las personas, que no debería estar ligado solo a aquellos que tienen el privilegio de pertenecer a unas familias que les dan algunas condiciones para continuar estudiando. Pero esto sacude mucho a la misión fundacional de secundaria y la institución resiste La Institución estuvo pensada para unos pocos que tenían unas condiciones y hoy está tratando de ensanchar la puerta para que entren todos. Y una cosa es decirlo y otra vivirlo.

 Hoy tenemos  dificultades para pensar y vivir un liceo para todos los jóvenes. Es una dificultad que deseamos tener porque estamos convencidos de que esto debe ser así, pero la verdad es que exige un cambio cultural tan fuerte que nos está resultando muy difícil llevarlo adelante. ¿Por qué? Porque si hay una institución que no ha cambiado, es la institución educativa. Si fantaseáramos con que alguien que  desapareció del mundo hace 100 años, hoy lograra levantarse, seguramente se sentiría perdido en un mundo tan diferente al que dejó, pero también probablemente  se encontraría  seguro en alguna institución educativa, ya que son lugares que han cambiado muy poco.

Lo cierto es que las instituciones educativas y particularmente los liceos son instituciones fuertemente codificadas, que tienen una estructura de damero, donde hay una rutina que está instalada, donde todo parece inamovible. Es impresionante detectar cómo si en esa codificación organizacional está previsto que a primera hora va a haber clase de Matemáticas no se pudiera hacer otra cosa que esa clase de Matemáticas. Hay como una incapacidad para gestar los tiempos dentro del tiempo y unos espacios nuevos dentro de los espacios disponibles.

Porque ni siquiera la disposición del aula cambió. Y no porque cambiemos los muebles vamos a cambiar la esencia, pero sí al menos, es hora de empezar a hacer algunos movimientos que den cuenta de otros modos de estar en la Institución tanto para los docentes tanto como para nuestros jóvenes.

La argentina Graciela Frigerio nos dice que hay tres verbos que son claves: Hospedar, Reconocer y Distribuir. Si realmente los conjugáramos en una práctica vivencial, podrían ser los que explican por qué tenemos un número tan bajo de egresos o se nos van los jóvenes.

Si somos capaces de repensar la vida de las Instituciones y nuestro lugar como educadores, pensando en el lugar de la hospitalidad, del que recibe, del que reconoce al otro, -porque las instituciones educativas tienen una inexorable importancia en la construcción de la identidad de las personas, en el desarrollo de la subjetividad, en el proceso de humanización, en el lazo identitario-,  ahí seríamos capaces de cumplir con esa impostergable condición distributiva que tenemos asignada. Pero para eso, hay que interrogarse acerca de si realmente estamos convencidos y comprometidos en caminar hacia un desarrollo pleno de la educación como derecho, y hacia una sociedad que sea verdaderamente democratizadora. Las puertas de las instituciones se han abierto, con un ingreso cuasi-universal al Ciclo Básico, que es cierto pero de un egreso que se achica, que funciona casi como un embudo y que permite problematizar cuál es el lugar de esos jóvenes de los quintiles más bajos en nuestras aulas y en nuestras instituciones, porque hay que reconocer que algunas lógicas devaluativas del pobre que realmente están instaladas en nuestras aulas. Dejar por lo menos planteado que cuando decimos que la escuela se encuentra destituida simbólicamente, no decimos que enseña mal o que no enseña lo que debe enseñar o que no lo enseña como debería enseñarlo, sino que  hay una pérdida de credibilidad en la capacidad de fundar subjetividad. Yo estoy convencida de que es posible refundar las instituciones educativas, y la educación como institución con mayúscula, que permita un desarrollo pleno de nuestros jóvenes, y un desarrollo de lo colectivo de nuestra sociedad. Los educadores somos capaces de volver disponible una oferta identitaria distinta a la que traen nuestros jóvenes si somos capaces de descubrir el enigma que cada uno porta. Y zafar concientemente de dejar a los chiquilines ligados al prontuario de origen. Interpelar los saberes del prejuicio. Derrotar los prejuicios que a veces parecen funcionar para destruir las chances de unos y favorecer las chances de otros. Las instituciones educativas y los docentes tenemos el cometido de ofrecer otras suertes de construir un destino común que sea pleno para todos y de seguir recorriendo con una perspectiva ética las interrogantes que de alguna manera tiene que ver con interrumpir las rutinas para inaugurar nuevos modos de hacer.

En el Uruguay hay instituciones educativas que realmente tienen que funcionar como faros, como ejemplos de unas prácticas distintas que se vienen llevando adelante y creo que éstos son procesos de largo aliento. No  hay que olvidarse lo que Gustavo De Armas siempre dice que Primaria demoró un siglo en universalizar, en llegar a todos los uruguayos. Que secundaria o media en general, porque acá incorporo también al subsistema compañero en este desafío, lleva un poco más de  50 años de trabajo, y que yo creo  que las décadas que nos quedan por delante tienen que ser décadas de reconformar, de reconstruir nuestras instituciones, pero sobre todo repensando el rol de los adultos para realmente ser hospitalarios y generosos con nuestros jóvenes.








[i] El presente texto es la desgrabación casi textual de una conferencia dada en el año 2016 en el marco del Seminario “Ser y estar de la adolescencia en la educación” organizado por la Facultad de Sicología de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.

2 comentarios:

  1. Nada peor que tratar de igual manera al desigual. Es la peor discriminación. Las condiciones que citas de Fregeiro son imprescindibles : hospedar , reconocer y distribuir. Ojalá estás reflexiones llegarán a los colectivos docentes y las hicieran suyas en lugar de defenderse. Dejar de depositar las culpas del fracaso a la escuela , a los padres. Partir del conocimiento del perfil adolescente y reconocer que la sociedad cambió y procurar cómo funciona esta sociedad no la imaginaria que esta e la cabeza del docente. Un fuerte abrazo , Celsa . Éxitos en la gestión de este nuevo año.

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  2. Hermoso mensaje...No olvidemos jamás que los docentes somos en muchas ocasiones ejemplo para nuestros adolescentes. Y a partir de ahí replantearnos como queremos influir en ellos, nuestras prácticas siempre deben ser analizadas por nosotros, nuestros jóvenes son el tesoro más hermoso en nuestras aulas...Y el mensaje debe ser claro, un gesto, una palabra Muchas veces modifican y sirven mucho más que un contenido, si logramos llegarles de forma sincera y por medio de las emociones ya habremos logrado ser "postas parentales"...mucha suerte para este nuevo año Celsa!!

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