viernes, 17 de marzo de 2017

¿Dónde está “Finlandia[i]”?



En nuestro país, se ha naturalizado pensar en Finlandia como metáfora de buenas prácticas y  de resultados educativos exitosos. Finlandia se ve como la tierra deseada, donde ocurren las “buenas cosas” que cada día buscamos, o al menos, las que decimos buscar. Sin lugar a dudas, la rápida transformación de un país, que impresiona como de características generales bastante similares a las nuestras,  en un proceso de unas pocas décadas, nos llena de sorpresa y casi de culpa. Parecería que en lugar de ver ese ejemplo como una expresión certera de que lograrlo es posible, lo vivimos como con cierto complejo de inferioridad, idealizando esas tierras nórdicas como escenario de lo correcto y como contrapartida demonizando nuestro sistema y todas nuestras acciones como meras expresiones desordenadas de ese deseo de mejorar que nunca cuaja en realidades palpables.
Más allá de consideraciones potentes como la que refiere a la selección de aspirantes a docentes y los salarios y condiciones de trabajo que Finlandia ofrece, yo tengo la hipótesis inquietante de que estamos sujetos a una situación similar a la de la maldición del Malinche. Nos sorprendemos y maravillamos por lo que nos cuentan de otras tierras y no somos capaces de mirar la nuestra al menos, con ojos de valoración y por lo tanto de aprendizaje.

La macrocefalia montevideana.
No es una novedad que una de las características que tenemos los uruguayos es el fenómeno de la macrocefalia. Una suerte de aglomeración de habitantes y por lo tanto de desarrollo de servicios, en los alrededores de la ciudad capital, con la consiguiente concentración del poder político, económico y administrativo. Al respecto, un amigo que suele tener un agudo sentido del humor, siempre me  decía “Dios está en todas partes, pero atiende en Montevideo” para ilustrar esta fuerte tendencia a hacer que el mundo circule en el entorno de la ciudad capital.  Esto además de producir características especiales en las condiciones de vida de la  población de la zona referida, genera la fantasía de que Montevideo es sinónimo de Uruguay, al punto que, cuando un fenómeno se produce en la ciudad capital o sus alrededores, se habla del hecho como perteneciente a  todo el colectivo poblacional del Uruguay.
La inconcebible ceguera provocada por una enfermiza macrocefalia montevideana se “roba” literalmente toda la atención e impide ver otros escenarios geográficos donde ocurren otras “cosas”, donde se resiste la rutina y la deshumanización y se propone un trabajo creativo y compartido por todos los miembros de la comunidad.
Es necesario destituir la metonimia: Uruguay no es Montevideo, y al respecto se me ocurre importante señalar que Montevideo tiene algunas características especiales que son claramente distintas a las del resto del país.
Si ponemos el foco en la educación podemos aseverar que es un departamento que tiene severas dificultades para prosperar principalmente porque en las instituciones educativas –esto dicho en tono muy general y con las injustas consecuencias que una aseveración general posee-  se producen dinámicas deshumanizantes. La aglomeración de habitantes, la exigencia de una vida vertiginosa marcada por ritmos incesantes de necesidades reales y otras artificiales, hace que los padres y vecinos en general no participen en la vida de los centros educativos. Las instituciones no conocen a las familias de los estudiantes y los integrantes de los núcleos familiares tampoco conocen y por lo tanto, no coordinan con los docentes que trabajan con sus hijos y que son los referentes naturales en tiempos de permanencia liceal.  Los liceos son recelosos y no abren en general sus puertas a los otros actores adultos del entorno. Si hay un error seguro que estamos cometiendo en esta época, es que los adultos hemos dejado de apoyarnos entre nosotros. Era inconcebible en otros tiempos adjetivar a maestros y profesores en forma descalificante como se hace ahora. Parece no haber conciencia que mientras los adultos de casa no están, el joven o niño está en vínculo con esos otros adultos, los docentes, los funcionarios de gestión de los centros. ¿Cómo puede sentirse un joven en ese tiempo de su día en que está a cargo de los adultos del liceo si en la casa no se hace más que devaluar a esa figura? Ni hablemos del trabajo que en este sentido hacen los medios de comunicación. Los adultos somos los referentes de nuestros muchachos. Si nuestra imagen se ve devaluada no hay referencia posible para sostener…¿Qué hace entonces un joven que se está construyendo persona si el adulto que tiene delante para él no tiene ningún valor? ¿Cómo se sienten nuestros estudiantes? Parece parte esencial e indiscutible que los adultos coordinemos mensajes y acciones para proveer al joven de certezas, para marcarle un camino que achique las incertidumbres y le permita confiar en los adultos para construir su propia historia. Para que esto ocurra, los adultos debemos conocernos, gestar ciertas condiciones de intercambio y convivencia, generar confianza, abrir espacios para compartir, en fin, estar juntos. En definitiva, es asumir juntos, en forma coordinada, desde el lugar que nos toca,  el cometido de seguir haciéndonos cargo del desarrollo de la generación de los “nuevos” .

¿Y si “Finlandia” estuviera aquí,  en algunos rincones de nuestro Uruguay?
Con el fin de develar, en el sentido más exacto del término, “sacar el velo” y por lo tanto habilitar a ver, propongo que pongamos la mirada en algunos territorios del mal llamado “interior” de nuestro país. Son muchas las localidades donde se desarrolla un amplio compromiso con la educación pública, como espacio de crecimiento de todos los integrantes de la comunidad y como escenario democratizador, espacio de intercambio al que todos concurren, encarnando a José Pedro Varela  
“Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando de un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes  de cada uno: y así, la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática”.
Recorriendo el interior, uno se da cuenta que aún se conserva esta convivencia de la que Varela nos hablaba y que por lo tanto, los lazos sociales se forjan en el día a día en las aulas como modo natural de vida. Los vínculos entre los docentes  y los alumnos son parte del trabajo  de los centros educativos.
En el año 2014, la periodista  Carolina Porley, (Revista Ajena, 30/4/!4) ya había dedicado un artículo en esta misma línea, con motivo del análisis del funcionamiento de la vida educativa en algunos centros como Colonia Valdense. No en vano le dio en llamar al artículo “La preeminencia de lo colectivo “. Creo que vale la pena rescatar algunos instantes de esa producción periodística: La evidencia se palpa apenas llegar a Valdense. Allí el liceo es la institución más importante, luego de la Iglesia Evangélica Valdense. Y un orgullo para los habitantes por haber sido el primer liceo en el interior del país.(..)  Allí perdura el sello de estos inmigrantes, signado por una forma comunitaria de concebir la vida y el trabajo, con una apuesta al esfuerzo cooperativo, al conocimiento volcado a lo productivo y a la formación de las nuevas generaciones” Sin duda, en nuestras localidades del interior, hay instituciones que invitan a estar, de ambiente hospitalario, cuidadas, con vegetación colorida y espacios para permanecer, instituciones en las que uno entra y ”huele a charla y a recreo”, porque huele a felicidad, a permanencia gozosa, a espacio de jóvenes, para jóvenes.
Hay datos muy significativos de ese liceo, como por ejemplo, tener en cuenta  que el gran salón multiuso fue financiado por la “Asociación de amigos del liceo” que “reunió a padres y vecinos de la localidad, que construyeron una casa y la rifaron”. Más tarde juntaron los  fondos para montar una sala de informática, “ la primera que tuvo un liceo público en el país” Si hay un ejemplo de acción, sin duda, es este. De alguna manera es la expresión palpable de que es necesario caminar hacia procesos de protagonismo  constructivo fundante de espacios y actividades y salir del pedido y reclamo permanente, donde parece que siempre son OTROS y no NOSOTROS los que deben solucionar los problemas.
Hace algunos días me encontré con otro ejemplo que vale la pena rescatar, pero esta vez en el norte. En una sala de Directores de Artigas, me encontré con un profesor que es un gran referente, Director del liceo de Tomás Gomensoro, ya próximo a jubilarse y en el intercambio, me dio un ejemplo de cómo un problema puede ser vivido como una oportunidad. El liceo de Tomás Gomensoro, tiene el Bachillerato concentrado en la mañana. Es bastante natural comprender entonces, que en una localidad de esas características, sea imprescindible la apertura de la biblioteca para que los alumnos de bachillerato puedan usarla en la tarde. Sin embargo, el liceo tiene una sola persona encargada de la biblioteca y solo podía abrirla de mañana. Es un problema importante que podría haber generado cualquier mecanismo de reclamo de los ya conocidos. El equipo en cambio, liderado por el Director Sarasúa,  -más allá de las solicitudes formales que deben hacerse ante el CES por la necesidad generada y de la responsabilidad que le compete a la administración para solucionar la cobertura de los cargos- ideó una propuesta que empoderó a los jóvenes además de asegurar la apertura de la biblioteca en las tardes. Los propios alumnos de Bachillerato llevaron adelante la gestión de la biblioteca liceal, formando brigadas de trabajo. Así es que un problema se termina convirtiendo en un ejercicio de participación juvenil, donde los jóvenes diseñan mecanismos de atención, se reparten tareas y cubren el servicio para sí mismos y para todos los otros estudiantes y miembros de la comunidad. Los estudiantes, cosechan aprendizajes diferentes, solidarios pero también prácticos. Cabe señalar que en una biblioteca es necesario llevar claros mecanismos de control de los préstamos, mantener al día el inventario con los materiales que se desechan y los que se adquieren, atender al público y por lo tanto, desarrollar la paciencia, aprender a hablar y dar respuesta a las necesidades de estudiantes más pequeños y también de los propios profesores, coordinar con la profesora que atiende la biblioteca de mañana y asumir responsabilidades, entre otras habilidades que se desarrollan como parte natural de la tarea. Es esencial el mensaje que también este liceo le da a sus jóvenes; confía en ellos tanto, como para asignarles una tarea de enorme responsabilidad, desde lo simbólico, la atención de la biblioteca con todo lo que los libros significan como objetos de traspaso del conocimiento. Creo que es un mensaje muy claro en relación a cómo en ese liceo son vislumbrados los estudiantes, son pasibles de ser reconocidos como portadores de características tan positivas como para poder asumir la responsabilidad del funcionamiento de una espacio institucional que se constituye simbólicamente en el corazón del saber.

El lugar de los docentes.
Por otra parte, se hace necesario repensar el rol del profesor, no solo en el marco de la asignatura que ha decidido enseñar, sino más allá de ella. Soy Profesora de Literatura y sin duda, la enseñanza de mi asignatura me hace muy feliz, pero fundamentalmente estoy convencida de todo lo que a través de  ella puedo propiciar en un joven en el marco de su proceso de construcción de humanidad. Adhiero plenamente al planteo del español José María Esteve cuando afirma “En el proceso de construcción de mi propia identidad profesional, hace tiempo que descubrí que el objetivo último de un profesor es ser maestro de humanidad. (…) Para ser maestros de humanidad, los docentes hemos de enfocar nuestro trabajo en la enseñanza partiendo del objetivo de rescatar en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento”[1] [ii]El autor plantea la necesidad de salir de la exposición repetitiva de la información, inquietar a los jóvenes con provocaciones que permitan que se hagan preguntas, para que naturalmente aparezcan las respuestas.
En los liceos que tienen dinámicas hospitalarias, los docentes son los portadores de las mismas y no son puramente complacientes. Muy por el contrario, son profesores que generan vínculos cercanos, cálidos pero claros. Aprenden junto a sus alumnos, exploran con ellos,  se sorprenden con los hallazgos pero ponen certeros límites. Los Directores de estos centros suelen ser también docentes prestigiosos, compañeros de sus colegas pero líderes francos, que estimulan, que promueven la investigación, la  innovación.

Para dónde mirar.
Es claro que Colonia, como departamento, visto en términos de resultados educativos, se despega del resto del país. Se distingue por los resultados académicos y fundamentalmente por los resultados cualitativos de sus prácticas.  Cada problema se ve como una oportunidad para operar abordajes creativos, de manera de convertirlo en una fortaleza. El foco está puesto en los estudiantes, en las condiciones dignas para gestar el hecho educativo, en salir del padecimiento para tomar un rol activo transformador y en descubrir juntos modos de enseñar que permitan aprender. El re-conocimiento de cada uno de los jóvenes, de sus intereses, de sus deseos, de sus preocupaciones, constituyen el eje. Las instituciones son así, aunque diversas en cada localidad del departamento, profundamente hospitalarias, pensadas para el bienestar y el disfrute, para el deseo de permanecer. Los adultos, se conocen, se convocan, trabajan juntos y juntos desarrollan estrategias para dar respuesta a los jóvenes que por ser tales, los necesitan, para el abrazo y para el rezongo, para la apertura de ocasiones de desarrollo y para la puesta firme de límites.
Lo que ocurre en este departamento, ocurre también en forma más perlada, pero ocurre certeramente, en alguna localidad de cada departamento del interior de nuestro país. Yo creo que el secreto puede residir en la conciencia de los adultos de su rol de tales a la hora de sentirse responsables por traspasar el legado de la sociedad y asistir a la generación de los nuevos en la construcción de su proyecto de vida.

Entonces… ¿es posible?
La idea es derrotar los discursos fatalistas y paralizantes y acudir al llamado que este desafío de hoy nos impone: reinventarnos, repensarnos, desterrar conceptos perpetuadores como la linealidad y la previsibilidad de las relaciones educativas, del resultado de los aprendizajes.  Pensar juntos para nuevos diseños educativos que nos permitan perforar la rutina y construir tiempos y espacios nuevos, dotados de asombro, de novedad. Por eso es clave, participar para transformar.
En ocasión de una visita que hice al liceo de Santa Clara del Olimar, me encontré con una Directora y unos profesores que con absoluta humildad ponían en juego estrategias muy valiosas para abrir oportunidades a sus estudiantes. Descubrí una valiosa red de trabajo con las escuelas primarias que les nutren de matrícula, con actividades de todo el año entre adultos y jóvenes de ambas instituciones pero sobre todo con la convicción de que el trabajo intergeneracional entre grupos es saludable. La necesidad de forjar vínculos entre estudiantes de distintas instituciones y variadas edades se daba desde la certeza de que cuanto más cerrado y homogéneo es el grupo de pares entre los que nos formamos, aumenta la propensión a establecer vínculos violentos con el diferente. El planteo de los profes tenía esta aparente sencillez de planteo y a la vez tanta profundidad. Las actividades eran también muy sencillas y con materiales comunes, sin vistosas inversiones pero con consignas claras para gestar el intercambio y generar un producto común.
Son muchos los centros educativos que inauguran dinámicas de fuerte participación juvenil, que proponen un vínculo sano con las familias de los estudiantes y resisten convocar a los padres solo cuando es necesario reclamar sobre un mal comportamiento o una calificación insuficiente, abriendo espacios de trabajo compartido, aprovechando las potencialidades que cada padre porta. Son además muchos los centros educativos con un proyecto fuerte, que van más allá de lo curricular y generan propuestas de voluntariado juvenil, espacios de arte, actividades lúdicas intergeneracionales donde los jóvenes operan como líderes recreadores gestando propuestas, campeonatos de ajedrez, jornadas de ciencias, clubes de matemáticas, talleres de escritura o de lectura, solo para nombrar algo de lo mucho que aparece como un crisol de acciones que convocan a que lo mejor de cada uno surja y que el liceo sea un espacio cultural de cara a toda la comunidad y no solo el espacio laboral de unos pocos que deciden ser profes o funcionarios. Son instituciones que están lideradas por docentes que saben que es necesario poner el foco en las potencialidades para hacerlas surgir.
Es indudable que cada una de estas actividades que se llevan adelante, inciden notablemente en los resultados educativos y en los abordajes curriculares obligatorios. Cada joven que encuentra un ambiente propicio de aprendizaje da lo mejor de sí. Cada profesor que puede disfrutar del placer de enseñar, también brinda todo su caudal de saber y apoya a aquellos que con ritmos más lentos, llegarán igual a la meta si son sabiamente acompañados por adultos pacientes que confían en ellos. Es necesario re inaugurar una y otra vez el mecanismo del encuentro y la alegría de enseñar y de aprender.

A modo de cierre.
De la mano de la pedagoga argentina Graciela Frigerio, tomé conciencia plena que hospedar, reconocer y distribuir, son tres verbos claves cuando hablamos de educación. Las instituciones educativas y los adultos que en ellas residen deben ser hospitalarios con los jóvenes, pues de lo contrario, estarán falseando la esencia de lo educativo que no es ni más ni menos que recibir al otro para nutrirlo del legado, que lo conozca, se lo apropie y  lo transforme y que construya su proyecto de vida, así como también forje su lugar en el mundo. Naturalmente para que esto ocurra es necesario el proceso de reconocimiento, la filiación identitaria en un tiempo de la vida como la adolescencia, de construcciones plenas. La generosidad para recibir al otro y hacerlo portador de todo lo que la humanidad ha acumulado es un hecho clave que asegura una posibilidad certera de desarrollo.
Una leyenda popular dice que un día un conjunto de demonios se reunieron para quitarle la felicidad a los hombres. Del diálogo acerca de dónde esconderla, surge un lugar insólito. Ni en los mares, ni en los montes, sino dentro de los propios hombres, con la certeza de que estarían tan preocupados por buscarla fuera que nunca se darían cuenta que la traen consigo. Yo pienso que esto es extensible a nuestra educación y que explica ese afán desesperado por encontrar modelos fuera que puedan trasplantarse sin mirar que ya existen experiencias, instituciones, colectivos que han encontrado cómo hacer para que los aprendizajes se produzcan y se rescate el asombro y la alegría por aprender. Quizás, como los hombres de la leyenda, estamos buscando fuera, lo que ya tenemos…



[1] Tenti Fanfani, Emilio (comp.) El oficio de docente. Vocación, trabajo y profesión en el siglo XXI. Siglo XXI Editores Argentina, 2006




[i] Quiero señalar mi agradecimiento al Psic. Luis Giménez y a la Prof. Mariela Tocco que me interpelaron con una pregunta similar a la que da título a este modesto trabajo. Es muy saludable y necesario contar con gente que inspira e interpela.

18 comentarios:

  1. Excelente! Me lo llevo! Buena parte de lo que decís aquí fue lo que sentí cuando volví a Uruguay después de haber visitado centros educativos en Finlandia en enero de 2015.

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  2. Me alegro, César! Siento que tanto mirar para allá nos distrae y nos impide valorar lo bueno que ya tenemos. Hay señales claras, hay que leerlas , difundirlas y multiplicarlas...

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    1. Nunca está mal mirar alrededor porque somos el mundo,Uruguay no es un planetoide aparte,el asunto es que lo que veamos podrá servir de inspiración o no para desarrollar prácticas mejores o nuevas pero siempre A NUESTRA MANERA. Lo dice el propioa Pasi Sahlberg, uno de los líderes de los cambios en la educación en Finlandia ;" el nuestro no es un modelo para copiar, es nuestro modelo y se ha ido tejiendo tomando muchas ideas y experiencias de todo el mundo pero respondiendo a nuestra idiosincrasia y nuestros procesos sociales.Si a alguien le resulta inspirador nos alegramos pero cada uno debe diseñar su modelo"

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  3. Maravilloso aporte, y me alegra haber sido, aún en pequeñísima parte, partícipe del desafío que lo generó. Y en espera de los próximos capítulos, por supuesto!

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  4. Muy buena reflexión. ¿Pero como superar la segmentación territorial de Montevideo, que hace que las escuelas y liceos montevideanos sean mucho menos plurales en términos de clases sociales, que los del interior?

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    1. Hay que cambiar prácticas y discursos. La verdad es que nunca hablamos de las clases altas y la construcción de la dañina burbuja en la que crían a sus hijos. La convivencia con los diversos modos de ser, de actuar, de responder a la vida es lo que firtalece el desarrollo de lo humano. Cada uno en su burbuja, desarrolla el temor hacia el otro y paraliza el desarrollo de un campo de posibilidades que podría estar disponible... Es bueno también considerar que si los discursos sobre la oferta pública solo enuncian lo malo, la natural protección lleva a sentir que los liceos no pueden ser habitados como espacios de desarrollo y solo se quedan en ellos los que no tienen otra opción. Por qué o hay voces que narren lo bueno que ocurre en un centro público?

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  5. Muy bueno Celsa. Desde que te sigo en tweeter he podido apreciar tu preocupación por mostrar las experiencias positivas que existen en nuestro sistema educativo. Este post refleja un posicionamiento de tu parte que comparto totalmente. A seguir batallando que el camino elegido es el correcto y hay luces en todo el trayecto.

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    1. Gracias, Gustavo!!! Sin desconocer las dificultades me parece tremendamente doloroso que nunca se reconozcan las buenas prácticas. Por eso me preocupo personalmente por darlas a conocer. Creo además realmente qué hay una fantasía que considera a Montevideo como un todo y esto no es así. Gracias por tus palabras. Hay mucho para aprender de los colegas profesores y Directores del interior del país

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  6. Muy bueno!!! Coincido absolutamente, tenemos excelentes experiencias educativas en nuestro país y lamentablemente, tal vez porque son naturales, no se magnifican como sí se lo hace con algunas no tan exitosas o esencialmente cuantitativas!

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  7. Gracias, Emy!! Acistumbrémosnos a describir las buenas prácticas pedagógicas para iluminar posibilidades e inspirar a otros docentes y comunidades.

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  8. Buenisimo. El interior como brújula!!! Me encanta que pequeñas comunidades, como Valdense, sean la vanguardia. Queda claro el éxito no depende de la disponibilidad de recursos, sino que radica en la capacidad de innovación, en la creatividad y en algo intrínseco de las localidades del interior: las brechas sociales, económicas y culturales no son tan profundas como en las capitales; los tiempos y las prioridades son distintas también. Que nos sirva a los capitalinos para repensar nuestras prácticas.

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  9. No se que hice que salgo como docente y no como Lucila

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