viernes, 15 de abril de 2016

La fisura

El salón es sencillo por demás. Sencillo y austero, desnudo,  despojado. Las sillas se disponen ordenadamente queriendo simular un salón de actos o un teatro, que al modo tradicional concentra la atención en la parte delantera de la sala, con un espacio disponible para que los protagonistas ocupen su lugar en un escenario inexistente.
Daniel, mi colega de Literatura,  toma el micrófono y habla para toda la audiencia, indicando la importancia de este dispositivo educativo. Lo dice con una profunda sencillez, en  Areas Pedagógicas*  “encendemos una  vela” para mostrar que la oscuridad no puede ni debe reinar. Lo humano se impone, emerge, se expresa y da lugar a esta ceremonia sencilla, pero honda, profundamente cuidada, una ceremonia de reconocimiento a la oportunidad educativa para aquellos que están en los bordes, para los que parecía que no tendrían chance de recomponer su vida, de gestar un diseño vital posible que habilite la reedición de la historia familiar y personal. Daniel nos habla de luces, de velas, de posibilidades, de ocasiones, de fisuras en la lógica hegemónica y esta ceremonia de clausura de cursos es de algún modo, la viva expresión de que esto es posible, que solo falta decidirse genuinamente y trabajar, trabajar y trabajar para crear las chances.
Bryan está escondido detrás de los lentes negros, -parapeto de la emoción, armadura contra el mundo que habita y con el que no puede evitar tener cierta desconfianza-. Ha sido convocado al escenario inexistente para recibir un reconocimiento por su denodado trabajo en la elaboración de la bandera que dará lugar al momento siguiente. Es el autor, el protagonista con nombre propio, con historia propia, con bandera propia que ofrece al colectivo generosamente. Ha pintado durante largas horas sin aflojar, sosteniendo el cansancio para que la expresión de la comunidad educativa tuviera su producto material.
Allá afuera, en la calle, nos espera el ritual colectivo. Alumnos y profesores, padres y vecinos, autoridades y curiosos,  recorrimos la geografía de  Juan Lacaze en un tiempo distinto al habitual, en un tiempo nuevo de enunciaciones y de identidades, de posibilidades y logros, de rupturas e inicios. 
La bandera que llevamos entre todos como símbolo de lo que nos une, lleva el logo de Areas pedagógicas y la bandera de Armenia, como expresión del retazo doloroso de historia genocida que fue hilo conductor del trabajo en clase. Lleva también la bandera de Siria como homenaje a la familia que vive en la localidad y que formó parte del primer contingente que llegó a Uruguay el 9 de octubre de 2014. Lleva los mensajes y las firmas de todos los que estábamos allí, en la primera parte de esta ceremonia de reencuentro con la vida, con la educación, con la construcción de otro futuro y con los reconocimientos de todos estos chiquilines que hasta hoy estaban en el borde de la sociedad y que desde hoy reclaman públicamente el espacio que les corresponde y que ya no dejarán de ocupar nunca. Los vecinos salen a la puerta invadidos por la perplejidad de este colectivo que circula a pleno ritmo de tambor, portando esta bandera de integración cultural, que probablemente no comprendan. El propio colectivo es diverso, expresado en los hiyab de nuestras niñas sirias, en la diversidad de nuestras vestimentas,  en la variedad de los tonos de piel, en el candombe que emerge de los tambores y hace el fondo musical y la  luz de los fanales improvisados con botellas de plástico para sostener las velas.
Pero aún hay más. Hay un cierre en plena calle, frente al mural también pintado con dedicación, casi con frenesí. La comunidad armenia, presente en el acto, nos invitó a danzar en la calle, en la circularidad de las figuras humanas que dan cuenta de lo que no tiene ni principio ni fin cuando todos deseamos sentir nuestra condición más íntima, más allá de lo cultural. Hay danza armenia, hay historia recorrida con conmovedores recuerdos, hay humanidad circulando, hay vida que así, si, merece ser vivida.  

Simplemente, es un recordatorio. Un recordatorio de que debemos abandonar la máquina de clasificar cambiándola por la máquina de distribuir… Así de simple, así de difícil, así de necesario…
*Areas Pedagógicas es un dispositivo educativo forjado a través de un Convenio entre el Consejo de Educación Secundaria (CES) y el Instituto de Niños, Niñas y Adolescentes del Uruguay (INAU) para atender a cierta pobación de jóvenes vulnerados que , habiendo culminado la escuela primaria no continuaron estudiando en la media o fracasaron en el intento. Son jóvenes con biografías complejas que , o bien por desamparo, desatención o dificultades en el cumplimiento de la ley, se encuentran en alguno de los programas del INAU

7 comentarios:

  1. La maquina... asi de simple... asi de necesario

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  2. Respuestas
    1. Gracias... es bueno saber que en este viaje hay otras almas compañeras y que no estamos tan solos ni somos tan locos como algunos pretenden.

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  3. El epílogo es de una actaluidad muy fuerte. O se hace así o será muy díficil o mejor NO SERA. Para caminar juntos debemos ponernos en e lugar del otro, entenderlo, y NO CLASIFICAR

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  4. Gracias a todos por leerme. Es importante para mi expresarme acerca de cómo observo la naturalización de la concepción de la sociedad como una máquina de etiquetar y clasificar personas. También me preocupa como todos hemos adquirido a nivel discursivo un desarrollo excelente sobre el tema de los derechos, pero cuando llega la hora de repartir de golpe el discurso nunca puede hacerse realidad en la práctica....

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  5. Gracias Celsa por esta crónica tan sensible,impecable, de aquel día memorable para la comunidad educativa de Áreas Pedagógicas.

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  6. Para mi siempre estará vigente en mi corazón, aquel día única...

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